III Jornadas de las Mujeres en Bizkaia

Ayer tuve el placer de inaugurar las III Jornadas de las Mujeres en Bizkaia, en calidad de vicepresidenta de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País. Estas jornadas se celebrarán durante los cuatro martes de febrero de 2023, a las 18:30 en la sede de Juntas Generales de Bizkaia.

La Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País es la primera sociedad ilustrada de España y nació oficialmente en la nochebuena de 1764. La Sociedad Bascongada nació en un clima de prosperidad y de modernidad, marcado por el reinado de Carlos III, que en 1770 protegió oficialmente a la institución, y por los aires ilustrados que venían de la cercana Francia, donde además estudiaban muchos de los hijos de los guipuzcoanos ilustres de la época. No es de extrañar, por tanto, que desde sus orígenes, la Basscongada buscara la forma de extender la cultura y el conocimiento por toda la sociedad vasca, incluyendo de forma activa a las mujeres. Dos ejemplos de ellos fueron el apoyo al colegio de niñas en Bergara, gestionado por la Compañía de María, y el apoyo a la Escuela de Artes y Oficios de Vitoria, donde se impartía también formación para mujeres.

Las preocupaciones de los Amigos de la Bascongada en aquella época no diferían demasiado de las que tenemos actualmente. Los equilibrios políticos y la geoestrategia ocupaban gran parte de las Conferencias Vascongadas, Irurac Bat, que se sellaban con la divisa de las tres manos unidas, representativa de la propia Bascongada, y que versaban sobre aranceles, comercio internacional, fronteras y economía. El asunto del hierro y su impacto en la industria vasca, y el estado de la industria en general, donde destacaron mujeres relevantes como Cesarea Garbuno, que fundó en Pasaia la primera refinería de petróleo del Estado en 1883. También las cigarreras de Bilbao tuvieron su momento de protagonismo cuando en 1889 organizaron la primera huelga de mujeres en el País Vasco, un 8 de marzo, veinte años antes de que esta fecha fuera representativa del Día Internacional de la Mujer.

También les preocupaba la estabilidad social y la seguridad. El territorio vasco, por su orografía, era propenso a los robos y asaltos en puntos negros como el valle de Arratia, el puerto de Altube o el camino de Balmaseda. También ahí destaca la figura de mujeres que pasaron a la historia de las salteadoras de caminos, como María de Landa o Magdalena de Ibaibarriaga. Sin embargo, otras muchas mujeres pasaron a la historia por motivos más altruistas, como Rafaela Ybarra, conocida defensora de los derechos de las mujeres, que creó los primeros centros de protección y pisos de acogida para las más vulnerables, y organizó e impartió formación para que las mismas pudieran disponer de conocimiento y mejores recursos para salir adelante. Eulalia de Abaitua, Josefa Cruz de Gassier, Casilda de Iturrizar…la lista es larga y todas ellas nos han dejado un legado de compromiso, de talento, de cooperación y de proyección social.

En estas jornadas hablaremos de industria, de seguridad, de igualdad y de estrategia. Pero también de salud, de solidaridad y de arte. Hablaremos de todo lo que nos preocupa en el siglo XXI y lo haremos de la mano de mujeres brillantes, como Victoria Landa, directora de la Estrzaintza, Miren Onaindia, catedrática de ecología en la Universidad de Deusto, Amelia Baldeón, directora de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País y muchas otras. Ahora y siempre, sed bienvenidas todas.

A hombros de gigantes. El futuro de la ciencia en el País Vasco.

Nadie conoce el futuro. Pero conocemos el pasado, sabemos algo del presente y, como dijo Newton: “Si he visto más lejos es porque estoy sentado a hombros de gigantes”. Si sabemos quiénes fuimos y quiénes somos, tal vez podamos averiguar quiénes seremos. Esta reflexión me sirvió para responder a la pregunta ¿Cuál será el futuro de la ciencia en el País Vasco?, el pasado miércoles día 15 de diciembre en la jornada “Vascos, Pensamiento y Acción” organizada por la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País.
Somos un país pequeño, con apenas 2 millones de habitantes, de los que casi 1 de cada 5 tiene más de 65 años. Aunque presumimos de tradiciones, la mayor parte de las familias vascas ya no son tan tradicionales y casi el 20% están formadas por una sola persona. El 7% de los vascos no han nacido aquí. Somos los quintos en Europa en igualdad de género (por detrás de Suecia, Finlandia, Dinamarca y los Países Bajos) y en general, vivimos bastante satisfechos con la vida.
Desde los primeros hornos vascos que datan de la Edad de Hierro, somos un pueblo industrial, aunque los servicios tienen un peso creciente en nuestro producto interior bruto. Y, como nuestros antecesores en la Ilustración, ahora también seguimos siendo innovadores, un país de alta innovación, con un gasto en I+D del 1,82% y una visión de futuro construida sobre tres grandes apuestas: la energía, la fabricación avanzada y las biociencias.
 

Sin embargo, nos queda mucho por hacer. Algunos de los 17 retos del milenio identificados por Naciones Unidas también son relevantes para nosotros:

 
Desde el punto de vista social, el 18% de los vascos no tienen los recursos necesarios para llevar una vida digna, en pocos años seremos una sociedad muy envejecida donde los casos de ansiedad y depresión serán un gran problema, y probablemente necesitemos unos cuantos años más para alcanzar la igualdad real entre hombres y mujeres. ¿Sabías que 1 de cada 4 vascos no se atreve a disfrutar de su baja paternal? Además, nos enfrentamos al reto medioambiental de reducir nuestras emisiones de forma considerable, y de crear un nuevo modelo energético que descanse más sobre fuentes renovables de energía y menos sobre las convencionales.
Y, por supuesto, están los retos económicos. Aunque presumimos de sociedad industrial, el peso de la industria sobre el PIB vasco permanece prácticamente inamovible en los últimos 10 años. Y no es lo único que no se mueve: la industria de nivel tecnológico alto no gana relevancia ni en peso sobre el PIB ni en número de empleos.
La falta de recursos en ciencia y tecnología es otro de nuestros grandes problemas. Lo vemos en España, que pierde competitividad a pasos agigantados con un peso del gasto en I+D sobre el PIB del 1,19% y lo vemos también nosotros, con un peso del 1,82%, que está por debajo de la media de la UE28 y que también desciende año a año. Lo avisaba Xabier Ferras este fin de semana en La Vanguardia: “Tenemos una alerta roja en I+D”. Y estamos a años luz de los líderes como Corea del Sur o Israel que ya superan el 4%, o Suiza, Austria y Suecia que han cruzado la barrera del 3%.
Y si la financiación fuera suficiente (que no lo es), todavía tendríamos que enfrentarnos al reto de invertir con responsabilidad, asegurándonos de que maximizamos el impacto de cada euro que invertimos en ciencia, y de que esta contribuye a generar riqueza y bienestar. Todo esto, y más es lo que tratan de desarrollar las MISIONES, como concepto de política orientada a objetivos.
Aunque puede parecer un concepto reciente, las misiones ya existen desde mediados del siglo pasado. Proyectos como Apollo, Manhattan, ARPANET o CONCORDE fueron sobre todo tecnológicos, pero ahora la mayoría de ellos tratan de responder a alguno de los grandes retos definidos en la primera foto y asociados a energía, transporte, cambio climático, economía circular, reindustrialización o seguridad entre otros ámbitos.
 
 
¿Qué tienen en común todas las misiones? 
Las misiones son proyectos de gran presupuesto y un horizonte temporal normalmente largo, aunque con hitos claramente definidos a corto y a medio plazo. Además, tienen direccionalidad (están vinculadas al menos a un reto global), intencionalidad (sus objetivos están perfecta y a menudo cuantitativamente definidos), se financian con fondos públicos y privados, implican a dos o más sectores y tecnologías, se gobiernan a través de un sistema complejo que implica coordinación vertical, horizontal y, a menudo entre varios países distintos y, finalmente, están dotados de reflexividad (la capacidad de reaccionar de forma ágil ante los cambios de entorno para poder seguir el objetivo previamente definido). 
Implantar un sistema de políticas de innovación basado en misiones tienen muchas más implicaciones de lo que parece: por ejemplo, es necesario revisar los instrumentos financieros actuales y desarrollar nuevos que permitan una sostenibilidad del proyecto a largo plazo además respondan a otros criterios como la justicia social. Tiene sentido pensar que, si mis impuestos se están usando para cubrir el riesgo tecnológico y de mercado que el sector privado no quiere cubrir, cuando el proyecto sea exitoso, como ciudadana recibiré una compensación directa; es decir, el sistema público será capaz de socializar las pérdidas, pero también los beneficios de sus inversiones en la resolución de retos sociales. 
Otra cuestión ¿pensáis que los sistemas actuales de gobernanza de proyectos de I+¿D podrían soportar un proyecto en el que estuvieran involucrados 4 países, y en cada uno de ellos hubiera varias decenas de agentes públicos y privados, y además trabajando en varios niveles?. Pues habrá que pensar cómo hacerlo…
Y ya que estamos pensando, pensemos: ¿está el País Vasco preparado para este cambio? Apostamos por fabricación avanzada, energía y biociencias pero, ¿hemos decidido qué retos nos interesa que elija Europa?, ¿sabemos en qué misiones podemos dar respuesta desde el sistema de ciencia y tecnología vasco?, ¿sabemos en qué sector / tecnología somos los mejores y dónde podríamos competir con cualquier grupo de investigación de Europa…o del mundo? Tenemos el PCTI 2020 y la RIS3, pero, ¿tenemos una visión común de país o vamos cada uno por nuestro lado? En al País Vasco hay 16 centros tecnológicos, 4 CICs, 9 BERCs, 9 estructuras de investigación universitaria, pero, ¿podríamos ir todos a una para trabajar en los retos que nos propongan?, ¿o podríamos quedarnos fuera de juego por falta de masa crítica, de excelencia o, simplemente de coordinación?
 
 
He ahí mi receta para el futuro de la ciencia en el País Vasco: CREER en una visión común donde sólo a través de la ciencia podamos construir el futuro del país e invertir en ello todos los recursos necesarios, y CREAR las capacidades necesarias para dar respuesta a los retos de forma coordinada y eficiente, asegurándonos de que sabemos qué retos nos importan y qué parte de esos retos podemos cubrir mejor que nadie.
¿Será suficiente con esto? He empezado este artículo diciendo que nadie conoce el futuro. No sé si será suficiente, pero desde luego, es necesario.
Creamos, creemos… ¡y ya veremos!

Para saber más:
 
Las estadísticas sobre el País Vasco son de EUSTAT publicadas para el año 2016. http://www.eustat.eus
Las fotos que ilustran las diapositivas pertenecen a la cuenta de twitter @therealbanksy
Para saber más sobre los retos del milenio de Naciones Unidas: https://en.unesco.org/sdgs
El artículo de Xavier Ferras puede consultarse aquí; https://twitter.com/XavierFerras/status/940884221794635781

Mujeres científicas: de los buenos, las mejores.

Mary Jackson fue la primera mujer negra con un título de ingeniera aeroespacial. Dorothy Vaughan fue la primera mujer negra supervisora de la NASA. Katherine Johnson fue la primera mujer negra que realizó un postgrado en la Universidad de Virginia Occidental. Las tres serían perfectas desconocidas si Margot L. Shetterly no hubiera escrito un libro sobre ellas y Theodore Melfi no hubiera dirigido la película Figuras Ocultas. Sin embargo, gracias a Jackson, Vaughan y Johnson fue posible dar un salto en la historia de los viajes al espacio y lograr los avances que permitieron que el hombre pisara la Luna. Y lo hicieron en una época, 1960, en la que ser mujer y ser negra no eran precisamente cartas ganadoras para destacar ni en la carrera científica ni en ninguna otra.   
 
A principios de año, cuando todos los países del mundo nos damos codazos por liderar alguno de los innumerables rankings que se publican, me he preguntado cuántas mujeres conocemos que hayan contribuido a que su país salga guapo en alguna de estas fotos. Aquí van algunos líderes y, junto a ellos, algunos nombres de mujer.
 
España: Open Data.
 
España es el país europeo con el ecosistema mejor preparado para el uso de datos abiertos. Así lo refleja el informe Open Data Maturity in Europe 2016 elaborado por la Comisión Europea, que destaca el número y la calidad de fuentes de datos públicos en abierto existentes en España, así como la gran cantidad de regulación local dirigida a fomentar y garantizar la transparencia frente a la ciudadanía.  El informe cuantifica el porcentaje de preparación del ecosistema español en un 92,2%, seguido de cerca por Francia con un 84,4%.
Además de una fuente fiable de datos, España ha sido históricamente una fuente de mujeres relevantes para el desarrollo económico, científico, político y social, como la humanista y pedagoga María de Maeztu (1881-1948); la filóloga vasca Elvira Gangutia (Donostia, 1937), una de las primeras investigadoras del CSIC (aquí podéis verla en una interesantísima entrevista); la química navarra María Josefa Molera (1921-2011) pionera en estudios de cromatografía y parte del equipo que creo el primer cromatógrafo de gases, o la bioquímica asturiana Margarita Salas (Asturias, 1938). 
 
En esta entrevista de 2015 la doctora Salas cuenta la reacción de su director de tesis al conocerla: “cuando Margarita vino a pedirme hacer la tesis doctoral pensé: bah, una chica. Le voy a dar algo que no sea importante y así, si no lo saca adelante, no pasa nada”. Lo sacó adelante, y además Margarita Salas ha sido la primera mujer en presidir el Instituto de España, la primera mujer española en ingresar en la American Academy of Arts and Sciences, la primera mujer científica en ocupar un sillón de la Real Academia Española, y además es miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, de la Academia Europea de Ciencias y Artes, y de la American Society for Microbiology. También es la autora de la Polimerasa, una de las patentes más rentables de la historia de España.
 
Bangalore (India): dinamismo urbano
 
Según el City Momentum Index 2017 recientemente publicado por el JLL Cities Research Center, Bangalore es la ciudad más dinámica del mundo, y destaca entre otras por su capacidad de adaptarse al cambio tecnológico, por su capacidad de absorber una cantidad creciente de habitantes y por su conectividad global.
 
El CMI evalúa indicadores socioeconómicos (población, inversión extranjera directa), relacionados con el mercado inmobiliario (precio del suelo, transparencia en transacciones, hoteles) e indicadores a largo plazo (infraestructuras de educación superior, patentes internacionales, capital riesgo). Atendiendo a este índice, Bangalore es un entorno ideal para la innovación y el crecimiento económico. Curiosamente, entre las 10 primeras ciudades de este ranking hay una presencia abrumadora de enclaves situados en Asia-Pacífico y solamente hay una ciudad europea, Londres. Tenemos  que descender hasta el puesto 18 para encontrar a la segunda, París, seguida por Dublín (28) y Estocolmo (30).
 
En la ciudad de Bangalore se sitúa el Institute of Bioinformatics and AppliedBiotechnology, cuya fundadora y primera directora fue Manjul Bansal, científica hindú, nacida en 1950, doctora en biofísica molecular, miembro del Consejo de Investigación Científica e Industrial del Gobierno de la India, miembro de la Academia Nacional de las Ciencias y reconocida con numerosos premios y distinciones por su contribución a la ciencia. Bansal comparte raíces con otras mujeres brillantes como la política y estratega Indira Gandhi (1917-1984) o la extraordinaria botánica Janaki Ammal (1897-1984), la primera mujer hindú que logró un doctorado fuera de su país en un momento en el que prácticamente la totalidad de las niñas ni siquiera podían acceder a la educación más básica. También fue la única mujer invitada al exclusivo congreso medioambiental: “El papel de los hombres en el cambio de la Tierra”, organizado por la Universidad de Princeton en 1955.
 
Suiza: innovación y competitividad
 
El país del chocolate encabeza dos de los rankings más codiciados en el mundo de las políticas de innovación: es el país más competitivo y además, el más innovador. El Índice Global de Competitividad 2016-2017 define Suiza como el país con el ecosistema más innovador del mundo,  caracterizado por un entorno normativo favorable a la innovación, infraestructuras de alto nivel, excelencia académica, capacidad de atracción de talento y grandes multinacionales líderes en sus sectores.
 
Una estrecha relación entre las universidades y las empresas corona a Suiza como la reina en producción de innovaciones con aplicaciones comerciales. No es de extrañar por tanto que, desde 2013, Suiza encabece también el Índice Global de Innovación con un liderazgo abrumador en los indicadores de entorno institucional, compromiso empresarial con la I+D, patentes y propiedad intelectual, y empleo en sectores intensivos en conocimiento.
 
A pesar de ser el último país europeo en reconocer el derecho de voto femenino (1971) Suiza ha sido la cuna de mujeres extraordinarias como la viajera y exploradora Isabelle Eberhardt (1977-1904), la escritora y madre de Heidi, Johanna Spyri (1827-1901) o la artista e imagen de los billetes de 50 francos suizos Sophie Taeuber-Arp (1889-1943).
 
Japón: innovación de calidad
 
Aunque este año ocupa la posición 16 en el Índice Global de Innovación, Japón es oficialmente el país con una innovación de mayor calidad, seguido de Estados Unidos y de Reino Unido. Este indicador de calidad busca destacar a los países capaces de sacarle más rendimiento a sus esfuerzos en innovación y se mide teniendo en cuenta únicamente tres factores: la calidad de las universidades locales, el grado de internacionalización que muestran las innovaciones realizadas en el país y en último lugar, el número de citaciones que tienen fuera del país las publicaciones producidas dentro. Como curiosidad, los tres países de renta media que encabezan este ranking son China, India y Brasil.
 
En la historia de Japón se encuentran varias mujeres guerreras como Hojo Masako (1156-1225) o Tomoe Gozen (1157-1184) “especialmente hermosa, una excelente arquera, domaba caballos salvajes y más valerosa que cualquier otro guerrero”, pero pocas mujeres de autenticidad comprobable que hayan pasado a la historia por un logro distinto del matrimonio o del liderazgo de hordas de adolescentes a golpe de micrófono. Un ejemplo reciente es la científica Tsuneko Okazaki (1933), que ha sido la primera mujer profesora en la Universidad de Nagoya y Premio Unesco de Mujeres en la Ciencia en el año 2000. En 2015, la Universidad de Nagoya creó un premio en honor a su espíritu y a su legado.
 
Noruega: bienestar
 
Noruega es la economía avanzada que mejor convierte el crecimiento económico en bienestar social, liderando así el ranking de desarrollo económico sostenible. Este indicador trata de reflejar el nivel real de bienestar de un país más allá de cuál sea su PIB, y tiene en cuenta otros factores como en nivel de igualdad de rentas, el nivel de educación, las infraestructuras o el grado de activismo social entre otros. La lista de países líderes en convertir crecimiento económico en bienestar está llena de europeos, pero en África y en Asia están los países que muestran un progreso más notable en los últimos años, con Etiopía a la cabeza. Este informe presenta algunas conclusiones muy interesantes como que las naciones con infraestructuras mediocres son las que más problemas tienen para transformar crecimiento en bienestar, la relación clara y medible entre el bienestar y el grado de inclusión financiera de la ciudadanía, o el vínculo entre la existencia de un grado elevado de inclusión financiera con un nivel alto de implicación de la sociedad civil y un entorno regulador adecuado.
 
Una de las mujeres que ha contribuido a que Noruega tenga estas cotas tan altas de desarrollo sostenible ha sido Gro Harlem (Oslo, 1939), la primera mujer que ha llegado a ser primera ministra de Noruega, un cargo que ha ocupado nada menos que tres veces (1981, 1986 y 1990). También ha sido directora general de la Organización Mundial de la Salud y enviada especial de las Naciones Unidas para el Cambio Climático. Ahora es vicepresidenta de The Elders, una ONG presidida por Kofi Annan y fundada por Nelson Mandela para la resolución de los principales retos globales, como el cambio climático, el hambre y la pobreza.
Descartando a emperatrices, reinas, guerreras, mujeres de leyenda, y a las que son conocidas por su belleza o por su matrimonio, es sorprendentemente difícil encontrar mujeres relevantes en la historia y especialmente en el mundo de la ciencia y la tecnología. No porque no las haya, sino porque la mayor parte de ellas permanecen ocultas. Nadie ha escrito sobre ellas, nadie las ha premiado ni reconocido y, en la mayoría de los casos, vivieron su historia como una permanente y frustrante carrera de obstáculos. Os paso algunos nombres, a ver si entre todos conseguimos que los 170 años que el Foro Económico Mundial pronostica en este informe que necesitaremospara cerrar la brecha de género se queden en algunos menos.
 
 
Nota: una versión previa de este post fue publicada en el blog de Tecnalia: http://blogs.tecnalia.com/inspiring-blog/2017/02/16/mujeres-cientificas/ 

Ya os lo decía yo. O hacia donde va el País Vasco en su política de I+D.

Había una vez una orden religiosa cuyos monjes vivían en un monasterio perdido en las montañas donde se practicaba voto de silencio. La única ocasión que tenían de hablar era una vez cada cinco años en una cita muy breve con el superior de la orden en la que únicamente podían pronunciar dos palabras. El joven monje recién llegado, una vez pasados sus primeros cinco años se postró delante del superior y dijo:

          Comida asquerosa
Cinco años después volvió a repetirse la misma escena:

          Habitación congelada
Otros cinco años más tarde:

          Monjes estúpidos
Y otros cinco más:

          Me voy
     Menos mal, hijo, – contestó el Superior – porque desde que estás aquí, no has hecho más que quejarte.
 
Quejarse está en la naturaleza humana. Es mucho más fácil quejarse que asumir responsabilidades y actuar para cambiar las cosas. Me viene esta anécdota a la cabeza después de un par de meses en las que el sistema de innovación vasco está recibiendo por todos los sitios. Primero fue el Índice Regional de Innovación, ahora la encuesta de I+D del Eustat. Y en breve la del INE, que históricamente siempre es más benévola con Euskadi, aunque sospecho que esta vez ni ella podrá salvarnos.
 
El Índice Regional de Innovación nos enseña una foto de la CAPV en la que hemos perdido pie en casi todos los indicadores incluyendo nuestro indicador estrella tradicional, la población con educación superior, y con caídas estrepitosas como el porcentaje de ventas procedentes de innovaciones o el gasto público en I+D. Pero también baja el gasto empresarial en I+D, las PYMEs innovadoras de todos los tipos (estamos por debajo de la UE28 en todos los indicadores relacionados con pymes innovadoras y empresas de alto crecimiento), las patentes solicitadas o el empleo de alta intensidad tecnológica, este último especialmente relevante por la enorme importancia que tiene para el impulso de estrategias tan relevantes para Euskadi como la de la manufactura avanzada.
 
De hecho, en este sentido, estamos por debajo de la media europea no sólo en este indicador de empleo altamente cualificado sino también en exportaciones de productos y servicios de alto nivel y, desde luego, en ingresos procedentes de licencias y patentes, lo que es especialmente preocupante teniendo en cuenta que somos un país eminentemente industrial, que no disponemos de recursos naturales y que ambicionamos una posición referente en la industria 4.0 en el mundo. Incluso en algunos indicadores en los que Euskadi aún está por encima de la media, como las PYMEs con innovación interna, estamos perdiendo posiciones frente a años anteriores.
 
Y para los que piensan que es un traspié coyuntural, más datos: la industria de nivel tecnológico alto representaba en 2008 el 3% del total de la industria; en 2014 esta cifra apenas llega al 5%. Y en términos de productividad en el caso de la industria manufacturera, tenemos una clara evolución descendente desde 2008 que hasta los últimos datos publicados, no ha remontado.
 
Tampoco el gráfico que nos ofrecía Eustat el viernes sobre gasto en I+D parece muy coyuntural. Con los años no sólo ha bajado el nivel de gasto en I+D, es que ha bajado el compromiso de las empresas que ejecutan la I+D y desde luego el gasto que financian. Una base empresarial formada por empresas de pequeño tamaño (la falta de empresas tractoras es una debilidad característica en la CAPV), que cada vez gastan con más cuidado y que están abandonando la innovación tecnológica y la no tecnológica, es una amenaza para la continuidad de todo el sistema de ciencia y tecnología. Sin una demanda sofisticada, la oferta tecnológica y científica tiene poco o nada que hacer.
 
Podemos abrir la boca y echarle la culpa a alguien (al gobierno, a los centros tecnológicos, a las empresas, a la universidad), podemos poner una media sonrisa de suficiencia irónica y quedarnos en una esquina cabeceando un “ya os lo decía yo”, podemos hacer la del avestruz y fingir que estamos siendo más productivos con menos recursos, o podemos analizar las causas, remangarnos y poner manos a la obra a ver cómo podemos ayudar a darle la vuelta a la situación desde donde estamos cada uno.  
 
Pero esto, sólo, no se arregla. Así que nosotros veremos… 

¿Qué quieres ser de mayor?

Cuando tenía 8 años las monjas me enseñaron a hacer vainica. Mi abuela, convencida de que saber bordar era una habilidad esencial para cualquier mujer decente, me regaló un costurero de madera enorme (he tenido cajas de herramientas más pequeñas que aquel costurero) y me pasé años bordando manteles y paseándolos del colegio a casa. A los 18, mi padre me regaló un 205 y me instruyó cuidadosamente en el arte de sacar las bujías, limpiarlas y lijarlas para que estuvieran siempre en buen estado. Tengo 40 años y no he vuelto a bordar un mantel en mi vida. El siguiente coche que compré fue un Volkswagen. Diesel. Quince años después, todavía le estoy buscando las bujías.  
 
 
Si alguna vez hago una lista de las cosas inútiles que he aprendido en mi vida, seguramente estas dos ocuparán los primeros puestos. Habilidades que en su momento parecían absolutamente esenciales y que el paso de los años ha convertido en anécdotas.  Seguro que habéis oído hablar de cardadores, campaneros, hilanderos, serenos o pregoneros pero apuesto a que no conocéis a ninguno. A pesar de la resistencia histórica del ser humano a los cambios, a pesar de los ludistas[1], los cartistas[2], los gremios y los sindicalistas, las revoluciones industriales se han ido sucediendo una tras otra sumiendo en el olvido muchas de las profesiones que una vez se consideraron imprescindibles.
¿Quieres comer fuera pero no te gusta que te den conversación? Bienvenido a Bolt Burgers[3], el primer restaurante donde no tendrás que interactuar con ningún empleado. ¿Viajas mucho pero eres alérgico a las relaciones sociales? El Henn-na[4], atendido íntegramente por robots, te va a encantar. Camareros, recepcionistas, mensajeros, cajeros, agricultores, telefonistas y millones de puestos de trabajo más están en riesgo de seguir los pasos de los hilanderos del pasado y ser sustituidos por alguna clase de máquina.
Algunos se tientan las nóminas y piensan: “ya, pero esto sólo les pasará a los que tienen trabajos mecánicos con poco valor añadido, ¿no?”. Pues no.
Parece bastante obvio que las tareas rutinarias son fáciles de sustituir por máquinas. Sin embargo, a medida que avanza la tecnología, mejora el conocimiento de tareas que no son rutinarias y estas también pueden automatizarse. La clave está en disponer de suficientes y buenos datos que puedan ser traducidos. En su artículo de 2004[5], Levy y Murnane ponían la conducción como ejemplo paradigmático de una actividad imposible de automatizar. Apenas una década después, Google[6], Tesla[7], MIT[8]y Apple entre otros han trasladado el debate hacia a quién liquidará el coche autónomo si, en caso de accidente, se encuentra en la disyuntiva de salvar al conductor, o a dos adorables abuelitas que cruzan por la mitad de la calle. Más ejemplos: ¿os acordáis de la hermosa princesa Sherezade que consiguió salvar el pellejo contándole cuentos al Sultán Schariar durante mil y una noches? Pues en la versión actual, la princesa ha evolucionado hacia una inteligencia artificial desarrollada por el Instituto Tecnológico de Georgia[9], capaz de escribir cuentos y relatos con una precisión asombrosa. Y una colega suya, (Narrative Science)[10], se decanta por el periodismo y es capaz de convertir datos numéricos en artículos de deportes o finanzas perfectamente redactados.
El truco está en contemplar la tarea especializada y descomponerla en pequeñas acciones más concretas y menos sofisticadas, que pueden ser automatizadas. En realidad es la misma lógica que subyace a la segunda revolución industrial, cuando el trabajo que realizaba un único artesano se descompuso en tareas mecánicas desarrolladas por muchos trabajadores.
A estas alturas ya nadie cuestiona que la automatización de tareas lleva consigo destrucción de empleo. Pero siendo positivos, automatizar tareas implica mejorar la eficiencia en la producción, lo que a menudo reduce el coste del producto incentivando la demanda. Por otro lado, incrementar la productividad de la industria promueve la entrada de nuevos agentes, impulsando la creación de nuevos empleos[11].
¿Qué tipo de empleo se va a crear?
 
El que no pueda ser realizado por las máquinas. A pesar de los ejemplos mencionados arriba, la verdad es que todavía no conocemos bien los mecanismos que subyacen tras la creatividad, la intuición, la empatía, la capacidad de persuasión o de negociación, el pensamiento lateral y, en general, tras las habilidades sociales vinculadas a lo que llamamos inteligencia emocional[12]. Al no conocerlos, es complicado desarrollar un algoritmo que permita automatizar la tarea. Son estos empleos, asociados al conocimiento, que requieren habilidades sociales y emocionales y que no son rutinarios, los que se van a mantener y crear en el futuro.
De acuerdo al World Economic Forum[13], hay dos grandes tendencias en la creación de nuevos empleos: por un lado, analistas de datos que le den sentido a la información generada en diferentes sectores; por otro, perfiles especializados en venta y comercialización de productos, capaces de modular sus mensajes dependiendo de los clientes y extremadamente eficientes en un entorno incierto. Dentro de estas dos categorías, se concretan algunos perfiles, como especialistas en recursos humanos y desarrollo organizacional, especialistas en ingeniería de materiales, bio, nano y robótica, expertos en legislación y relaciones institucionales y expertos en sistemas de información geoespacial entre otros. Y por si fuera poco, todo ello cocinado en un entorno que también es diferente: el de la economía colaborativa[14].
Si a estas alturas del artículo empiezas a preguntarte si eres una especie en extinción, te interesa echarle un vistazo a este trabajo de la Universidad de Oxford[15], que presenta un listado de 702 profesiones clasificadas por el riesgo de ser sustituidas por máquinas. También aporta una sugerente conclusión: cuanto mayores sean el salario y el nivel educativo asociados a un puesto de trabajo, menos probable es que este sea automatizado. Mucho más optimista, el informe “The Future of Jobs, 2025”[16]pronostica la desaparición del 16% de los empleos actuales (el estudio de Oxford auguraba la automatización de al menos el 47% de los puestos de trabajo en EEUU, unos 80 millones en términos absolutos, 15 millones estimados en el caso de Reino Unido[17]), y la creación de una cantidad equivalente al 9% del empleo actual.
¿Podemos aportar algo desde los centros tecnológicos al empleo del futuro?
 
Los centros tecnológicos tenemos un papel central en la identificación y formación de los nuevos perfiles. En pocas palabras, tenemos capacidad de anticipación.
Junto con la transferencia de tecnología al mercado, generar tecnología es nuestra razón de ser, buscando nuevos desarrollos tecnológicos que cambien el tablero de juego actual. En muchas ocasiones, estos desarrollos tecnológicos tendrán que venir de la mano de formación especializada de perfiles que puedan usar la tecnología, testearla, implantarla, manipularla, mantenerla y hacerla evolucionar. La transferencia de investigadores desde los centros tecnológicos a las empresas tiene esta función, pero también y cada vez más, serán necesarios programas conjuntos entre los centros, las empresas y los agentes de formación (universidades, formación profesional) para garantizar un número adecuado de técnicos cualificados en todos los puestos de la cadena de valor vinculados con esa tecnología.
¿Un ejemplo? Las nuevas tecnologías son una fuente de empleos de futuro. La nanotecnología, por ejemplo, es una de las tecnologías facilitadoras esenciales definidas por Europa, en la que el País Vasco (y Tecnalia) tienen muchas y muy interesantes capacidades. Sin embargo, su desarrollo va unido a una batería de dudas: ¿usar cosméticos con nanopartículas de oro me va acelerar las arrugas[18]?, ¿mi lavadora con nano-plata es tóxica para el medio ambiente[19]?, ¿hasta qué punto es seguro manipular nanopartículas sin protección? Estas preguntas ya nos abren la puerta a la necesidad de formar perfiles expertos en investigar los efectos de la nano sobre el organismo y sobre el medio, perfiles expertos en regulación y perfiles expertos en desarrollar y aplicar procedimientos que garanticen el uso seguro de los nanomateriales entre otros. Y este ejemplo se puede aplicar a prácticamente todas las tecnologías con las que estamos trabajando en la actualidad.
La próxima vez que habléis con vuestros hijos sobre lo que quieren ser de mayores, ofrecedles algo más que “princesas”, “bomberos” o “astronautas”. Tal vez tengáis en casa una arquitecta de smart cities o un pequeño experto en big data y todavía no lo sepáis. Mientras tanto, desde los centros tecnológicos seguiremos trabajando en identificar las necesidades del mercado del futuro, en crear las alianzas con otros miembros del sistema para formar a los mejores profesionales y en asegurarnos de que nuestros futuros empleados encuentran aquí, en casa, un lugar competitivo, ilusionante y lleno de oportunidades para vivir y trabajar.
*Artículo publicado originalmente en el blog de TECNALIA: http://blogs.tecnalia.com/inspiring-blog/2016/10/11/empleo-del-futuro/


[4] Para saber más: http://www.h-n-h.jp/en/
[5] Levy, F.; Murnane, R.J.: “The new division of labor: how computers are creating the next job market”. Chapter “Why people still matter”. Princeton University Press (2004) http://press.princeton.edu/titles/7704.html
[6] Sobre el coche autónomo de Google: https://www.google.com/selfdrivingcar/
[7] Sobre el coche con piloto automático de Tesla: https://www.tesla.com/models
[8] Sobre dilemas morales y conducción autónoma: http://moralmachine.mit.edu/
[11] Aghion, P.; Howitt, P.: ”Growth and unemployment”. The Review of Economic Studies, vol61, nº3 (1994)  http://www.jstor.org/stable/2297900 .
[12] Para saber más: Goleman, D.: “Inteligencia Emocional”. Ed. Kairós S.A. (2011) http://www.danielgoleman.info/topics/emotional-intelligence/ 
[13] “The future of Jobs. Employment, skills and workforce strategy for the fourth industrial revolution”. Global Challenge Insight Report. World Economic Forum (2016) http://www3.weforum.org/docs/WEF_Future_of_Jobs.pdf
[15] Frey, C.B.; Osborne, M.A.: “The future or employment: how susceptible are jobs to computerisation?” Oxford University Working Paper (2013) http://www.oxfordmartin.ox.ac.uk/downloads/academic/The_Future_of_Employment.pdf
[16] Gownder, J.P. et al: “The future of Jobs, 2025: working side by side with robots”. Forrester (2015)
[17] Haldane, A.G., Chief Economist, Bank of England. Speech in Trades Union Congress, London, November 2015. https://www.forrester.com http://www.bankofengland.co.uk/publications/Documents/speeches/2015/speech864.pdf
[18] Sobre la investigación: Mironava, T. et al: “Gold nanoparticles celular toxicity and recovery: adipose derived stromal cells”. ISSN: 1743-5390  Nanotoxicology, pages 189-201 (2013) http://www.tandfonline.com/doi/abs/10.3109/17435390.2013.769128
[19] Sobre la investigación: Mitrano,D. et al. “Presence of Nanoparticles in Wash Water from Conventional Silver and Nano-silver Textiles”. ACS Nano (2014); 140626093542005 DOI. http://pubs.acs.org/doi/abs/10.1021/nn502228w