De perros, gatos y hombres

El 25 de marzo la iniciativa ciudadana noalmaltratoanimal.org ha organizado encuentros en varias ciudades de España para recoger firmas que permitan endurecer las penas contra los maltratadores de animales. Este artículo busca apoyar esta iniciativa argumentando que los actos de maltrato animal tienen que ser condenados y penados con dureza porque esconden un peligro potencial no sólo hacia los animales maltratados, sino hacia el conjunto de los hombres, mujeres y niños que queremos vivir en una sociedad solidaria, respetuosa, empática, culta y sana.
Por respeto a la sensibilidad de los que estáis leyendo estas líneas no hay ni un solo enlace a fotos de animales maltratados ni descripciones de situaciones de maltrato. Lamentablemente existe suficiente material gráfico en internet sobre ambos como para que los que estéis interesados en saber más podáis satisfacer vuestra curiosidad.
El Código Penal y el maltrato animal
En España el artículo 337 dentro del Capítulo IV de los delitos relativos a la protección de la flora, la fauna y los animales domésticos de la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del código Penal dice que: «El que por cualquier medio o procedimiento maltrate injustificadamente a un animal doméstico o amansado, causándole la muerte o lesiones que menoscaben gravemente su salud, será castigado con la pena de tres meses a un año de prisión e inhabilitación especial de uno a tres años para el ejercicio de profesión, oficio o comercio que tenga relación con los animales».
La realidad es que únicamente en contadas ocasiones se dictan penas de prisión para los maltratadores de animales e, incluso en esos casos, raramente por no decir nunca se traducen en penas reales más allá de una pequeña penalización económica.
La empatía y la inteligencia emocional
La Real Academia de la Lengua define empatía como la identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro. La empatía es una habilidad básica de los seres humanos, que nos permite conectar con los sentimientos de otro ser, y crear entre él y nosotros vínculos de simpatía, comprensión y ternura. La empatía es, de hecho, uno de los factores clave de la inteligencia emocional.
La empatía se desarrolla en nosotros desde que somos pequeños. Normalmente es la familia y el entorno del bebé los que le ayudan a través del afecto a expresar sus emociones y entender las emociones de los demás. Y también a respetar. Por lo tanto la educación en valores es imprescindible para desarrollar la empatía de un ser humano.
El Dr. José Gómez Galán, catedrático de la Universidad de Extremadura y Premio Nacional de Investigación Educativa sostiene la teoría de que es necesaria la educación para concienciar a las personas en el respeto a los animales y al medioambiente. «Es necesario educar para la protección animal. Todos los mamíferos compartimos entre un 90% y un 99% de ADN. Si tengo la capacidad de sentir miedo, dolor, frío o hambre, también la tienen un perro o un caballo. Lo que entendemos como sufrimiento es producido en una parte del cerebro que se ubica en nuestro sistema límbico y es común a todos».
El Dr Gómez Galán también aporta una reflexión interesante sobre el papel de la ética en el posicionamiento contra el maltrato animal. Afirma que:» Los mismos argumentos éticos, filosóficos y teológicos que se utilizan hoy para justificar el maltrato a los animales son exactamente los mismos que se empleaban hace cien años para defender, por ejemplo, la existencia de la esclavitud. Afortunadamente hoy nadie se atreve a negar los derechos humanos, pero este es un logro reciente, y se debió a que hubo personas que lucharon con argumentos incontestables. Propugnamos por que tengan una vida digna y el derecho a no ser maltratados como seres sensibles que son. Mostrar compasión por los animales, sentir empatía ante su sufrimiento, nos hace más humanos.»
Como dice Daniel Goleman en su libro Inteligencia Emocional: «Esa capacidad, que nos permite saber lo que sienten los demás, afecta a un amplio espectro de actividades (desde las ventas hasta la dirección de empresas, pasando por la compasión, la política, las relaciones amorosas y la educación de nuestros hijos) y su ausencia, que resulta sumamente reveladora, podemos encontrarla en los psicópatas, los violadores y los pederastas». La psicopatía de hecho se define como la incapacidad de sentir la menor empatía o compasión, la incapacidad de sentir remordimiento.
Hay montones de estudios que demuestran que los impulsos que generan el maltrato animal tienen la misma raíz que los impulsos que generan maltrato a otros seres humanos. Por ejemplo:
En este estudio el 25% de los hombres encarcelados por motivos violentos mostraron crueldad sustancial con los animales en su infancia. Keller & Felthous Childhood Cruelty toward Animals among Criminals and Non-Criminals, 38 Hum. Rel., 1113-29, (1985) .
En este otro, el 88% de las familias de la muestra tratadas por abuso de menores también había maltratado animales. Deviney, Dickert, & Lockwood, The Care of Pets Within Child-Abusing Families. 4 Int’l. J. for Study of Animal Probs. 321-9 (1983).
Este estudio sobre asesinos en serie relaciona el maltrato de cachorros con asesinatos de menores: Hickey, Serial Murderers and Their Victims, Belmont, CA:Wadsworth, 11 (1991).
Este otro muestra que de 28 homicidas sexuales, el 36% había maltratado animales en su infancia y el 46% en la adolescencia. Burgess & Douglas, sexual Homicide: Patterns and Motives, Lexington, MA: Lexington Books (1988)
Y por ultimo, este studio sobre 64 hombres demuestra que el 48% de los violadores y el 30% de los pederastas confesaron crueldad con los animales durante su niñez y adolescencia. Tingle, Barnard, Robbins, Newman & Hutchinson, Childhood and Adolescent Characteristics of Pedophiles and Rapists, 9 Int’l J.L. & Psychiatry 103-16 (1986).
Existe un cierto consenso en afirmar que las personas que maltratan animales adolecen de serios problemas psicológicos, y que el maltrato casi nunca se limita a los animales. Tarde o temprano deriva en otras formas de maltrato que involucran a otros seres humanos.
La realidad es que no es necesario que seas un amante de los animales para que apoyes una iniciativa contra el maltrato animal. Aunque los gatos te den una grima del demonio y no seas capaz de ver un perro sin cambiarte de acera, esto también va contigo. Porque estás conviviendo en la misma sociedad con personas potencialmente peligrosas para el resto de las personas con las que conviven, capaces de hacerle daño a otro ser vivo por el simple placer insano y demente de procurarle dolor y angustia. Eso es enfermizo. Y está mal.

¿No hay más problemas en el mundo? ¿Y los niños que se mueren de hambre? ¿y las personas torturadas? ¿y los que no tienen un hogar?

¿A quién quieres más, a papá o a mamá? ¿Posicionarse contra el maltrato animal es incompatible con la preocupación por todos estos problemas? ¿o es que el hecho de que existan tantas injusticias legitima el maltrato animal?
Posicionarse contra el maltrato animal no es una postura para defender perritos y gatitos, es una actitud de repulsa hacia las personas violentas con otro ser vivo, sea de la raza que sea.

Si es un problema mental o un problema de educación ¿Endurecer las penas es la solución?

Sinceramente, no lo sé. Creo que lo ideal sería establecer las bases para ir creando poco a poco una sociedad más culta, más empática, más solidaria, más instruida. En todo caso, cada vez que me planteo esta pregunta recuerdo una anécdota de cuando era pequeña y estudiaba en el Colegio del Sagrado Corazón, en pleno centro de Vitoria. Todos los días cuando volvía a casa pasaba por la calle Manuel Iradier delante de una pared en donde habían pintado un mural enorme, precioso: una ventana abierta con un sol luminoso y una pregunta: «Si nunca has estado en la cárcel, ¿por qué crees que son necesarias?». Alguien había escrito la respuesta con un spray negro: «porque hay mucho hijo de puta suelto».
Dos últimas cosas para terminar. Este es el enlace a la iniciativa noalmaltratoanimal.org, que contiene también las ciudades, lugares y horas de manifestación previstas para el día 25 de marzo en todo el país. La segunda es este video, para demostrar que entre todos podemos construir otra sociedad.

Las bacterias también emprenden

Esa señora tan estilizada y delgadita que aparece en la foto adjunta se llama Lactobacillus Bifidus, es una bacteria y viene de buena familia, concretamente de la familia de los Lactobacilos.
«Me suena su nombre, pero no le pongo cara»
Pues aunque no le pongamos cara, lo cierto es que esta señora tiene una estrecha relación con nosotros: vive en nuestra vía-gastrointestinal y nos ayuda a sintetizar enzimas y vitaminas, y también con la digestión de la lactosa. Eso sí, a esta señora le gusta la buena vida y los entornos limpios, tranquilos y nuevos, lo que significa que a medida que nos hacemos mayores, los problemas empiezan a estresarnos y nuestra alimentación empeora (lo que viene a ocurrir más o menos cuando salimos de casa de mamá) esta señora nos abandona y empiezan los problemas.
¿Y de qué me suena su nombre?
Gracias al poder de la publicidad todo el mundo ha oído hablar de los Bífidus o de alguno de sus primos. Puede que mucha gente no sepa que son bacterias ni sepa para qué valen, pero todo el mundo sabe que los Bífidus son esos bichitos pequeños que ponen en los yogures. Esos bichitos son lo que diferencia a un yogur vulgar y corriente de lo que llamamos un alimento funcional. Los alimentos funcionales son esos que, además de sus propiedades nutritivas normales, nos aportan beneficios adicionales añadiendo, aumentando la concentración, limitando o eliminando algún ingrediente, como la bacteria que ilustra este artículo.
Además del yogur con bífidus tenemos también otros alimentos dentro de esta categoría de alimentos funcionales como la leche con ácidos grasos omega-3, los yogures con calcio, la leche fermentada con baterías probióticas, los zumos con vitaminas, los cereales con fibra añadida, el pan con ácido fólico, los huevos con omega-3, la margarina con fitosteroles o la sal enriquecida con yodo.
La estrategia
Y esto no termina aquí. Según el informe de la OPTI: «Oportunidades Tecnológicas e Industriales para el Desarrollo de la Economía Española 2010», las tendencias de futuro del sector agroalimentario en España se focalizan en cuatro grandes grupos: tecnologías de conservación y envasado, biotecnología aplicada a la cadena alimentaria, tecnologías para la trazabilidad, seguridad y gestión de la cadena de suministro y alimentación personalizada. 
También el Plan Estratégico de la Industria y Calidad Alimentaria del País Vasco 2008-2011 contempla los alimentos funcionales y los nutracéuticos como una de las tendencias que van a marcar – que están marcando de hecho – la investigación alimentaria y el desarrollo de nuevas tecnologías y procesos de producción. Y se propone como acción estratégica el apoyo a los centros tecnológicos para el desarrollo de programas de investigación orientados a la creación de alimentos de futuro.
Las empresas del sector
En España hay 25.164 empresas de alimentación (CNAE 10) de las que 954 están ubicadas en el País Vasco. 49 empresas del país tienen 500 o más empleados (14 de ellas tienen más de 1.000). En total hay 330.942 personas empleadas en estas empresas.
Los últimos datos de 2008 de INE apuntan a que estas empresas han invertido 228 M€ en I+D con 1.235 investigadores. También sabemos que el 24% de las empresas de alimentación, bebidas y tabaco han realizado actividades innovadoras, lo que demuestra una intensidad de innovación mayor que la media del resto de empresas (17.8%).
Especialmente relevante es el impacto de la introducción de productos nuevos o significativamente mejorados. Según datos de la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas, el porcentaje de la cifra de negocios de las empresas de este sector derivados de la introducción de productos nuevos o mejorados es del 14,22%, por encima de la media de empresas (12.69%).
De las 1.000 empresas europeas con mayor inversión en I+D, 40 pertenecen al sector alimentario y únicamente 2 de ellas (Ebro-Puleva y Pescanova)son españolas.
Los resultados
A día de hoy, y según los datos de la Oficina Española de Patentes y Marcas, entre 2005 y marzo de 2010 se han publicado 1.434 patentes en el mundo, relacionadas con alimentos funcionales, 36 de ellas de propiedad española. Destacan especialmente la Universidad de Tecnología Kuban State de Rusia con 68 patentes y algunas empresas conocidas como Suntory Ltd, Kaneka Corporation, nestle, Unilever o Coca-Cola. En España se llevan la palma en patentes la Universidad de Málaga, el CSIC y la Corporación Alimentaria Peñasanta S.A.
Los alimentos funcionales como oportunidad empresarial para el tejido industrial vasco
Aunque el País Vasco no dispone de un gran tejido industrial en este sector (únicamente hay una empresa de más de 1.000 empleados y 3 de más de 500), sí que existe una apuesta específica por los alimentos funcionales y capacidades muy interesantes de investigación y desarrollo tecnológico (en este sentido merece la pena destacar el trabajo de algunos centros tecnológicos como Leia o Azti).
La demanda creciente de estos alimentos por parte del mercado, la importancia creciente de la salud como apuesta estratégica de futuro y las capacidades tecnológicas, científicas y empresariales que se han ido desarrollando estos últimos años en alimentación y en salud apuntan a una oportunidad de desarrollo empresarial muy atractiva en el área de la alimentación funcional que no deberíamos dejar pasar de largo. De la mano de los bifidus hacia una nueva generación de empresas.

Los que nunca tuvimos sitio cerca de la ventana

Dentro de unas semanas tengo una cena de antiguos compañeros de trabajo que hemos titulado «cena de los que nunca tuvieron sitio cerca de la ventana».
Hace unos cuantos años todos nosotros trabajábamos en una organización dedicada al negocio de la consultoría que tenía un curioso sistema de reparto del espacio: cuanto más importante era el cargo de un empleado, más lejos estaba de la puerta y más cerca de la ventana. La actividad de consultoría tiene una rotación considerable, por lo que era muy habitual que entrara o saliera alguien de la empresa y provocara un movimiento migratorio de compañeros de un lado a otro del pasillo cargando cajas de documentos, ordenadores y sillas hacia su nueva ubicación.
La situación de hecho era bastante ridícula y hasta había quien aseguraba que en el despacho del director general (última planta, exactamente igual a como el que describen Jabi Salcedo y Koldo Saratxaga en su libro «El éxito fue la confianza«) se desataba una alarma sonora y luminosa como la de un parque de bomberos cada vez que algún técnico de los pisos de abajo se sentaba demasiado cerca de la ventana, de forma que él pudiera bajar y solucionar rápidamente aquel asunto tan grave.
El tiempo que nos quedaba libre cuando no estábamos migrando lo dedicábamos a hacer proyectos. Eso sí, respetando escrupulosamente el reparto de información jerárquica. Como en el cuento «La fábula del elefante blanco» el gerente veía el elefante completo (casi siempre), el consultor senior veía la cabeza del elefante, el consultor veía la trompa y los técnicos con suerte veíamos los tres pelos de la nariz de lo que no sabíamos si era un elefante o un oso hormiguero. Y con esa información teníamos que trabajar. Y encima aprender.
El reparto de los equipos también era jerárquico: las personas de los niveles más bajos se llevaban los ordenadores más viejos, lo que daba lugar a una curiosa paradoja porque en consultoría son precisamente los técnicos quienes pasan más tiempo delante de los ordenadores y por lo tanto quieres tienen necesidad de mejores equipos para hacer su trabajo. Así que ahí estábamos nosotros: escribiendo junto a la puerta maravillosos productos sobre innovación abierta y la importancia de las personas en las organizaciones y sacándole todo el jugo posible a los tres pelos de la nariz del bicho (que no sabíamos qué era) mientras reiniciábamos el ordenador cada diez minutos para ver si así aguantaba un rato más sin colgarse.
Poco a poco los ordenadores fueron mejorando, la información sobre los proyectos dejó de ser (casi) un secreto de Estado, y cuando finalmente conseguí un sitio cerca de la ventana, me fui de allí.
El proyecto en el que aterricé y del que formo parte ahora es básicamente un grupo de personas. Todas compartimos el mismo espacio físico, sin paredes, ni estanterías, ni cristaleras ni macetas enormes para marcar las diferencias entre nosotros. Y hace unos años, cuando cambiamos de oficina, cada persona eligió su sitio por orden de llegada a la empresa. Quien había llegado primero, eligió primero, independientemente de la edad, la experiencia o el cargo.
Como en todas las empresas, nosotros también tenemos reliquias informáticas y telefónicas que la gente va dejando por las estanterías, pero cada persona que llega nueva tiene como mínimo un equipo en condiciones y el mismo modelo de teléfono móvil que el socio fundador de la empresa (que no es lo mismo que tener el mismo móvil que el socio fundador pero diez años después de que éste lo haya jubilado…). También tenemos unos sofás verdes estupendos en medio de la oficina, que invitan a sentarse con un café y hablar tranquilamente de cualquier tema y en cualquier momento.
Cuando empezamos un proyecto nuevo, alrededor de la mesa nos sentamos las personas que podemos aportar algo. Y sobre la mesa ponemos al elefante para que todo el mundo pueda verlo bien. Digamos que algunos ya tienen muchos elefantes a sus espaldas y otros todavía están decidiendo si un elefante es un marsupial o un paquidermo. Pero verlo, lo vemos todos. Y todos aprendemos. Del Modelo Viejo al Nuevo Modelo.
Hace unos meses un cliente nos pidió que le ayudáramos a diseñar un espacio que permitiera que todas las personas de su organización pudieran participar y opinar y tomar parte en las decisiones de la empresa. Cuando les presentamos algunas ideas que les permitirían crear espacios abiertos de intercambio de información y otras iniciativas, uno de los mandos intermedios nos preguntó: «pero ¿qué me estáis diciendo? ¿que yo no voy a poder controlar la información que recibe mi gente?». Estaba tan horrorizado y tan ofendido que casi despertaba simpatía y todo.
Cuento esto porque, en contra de lo que pueda parecer, el cambio de un modelo a otro no es nada sencillo para las personas que nos hemos criado profesionalmente en el Viejo Modelo de Relaciones.
A menudo es necesario luchar contra los prejuicios, contra la necesidad de tener jerarquía, contra la necesidad de guardarnos alguna información para sentir que tenemos el control, porque para ser sinceros es aterrador encontrar que tienes en tus manos la libertad de equivocarte, que no existe nadie por encima de ti para solucionarte los problemas ni para corregir tus errores, que no eres la que más sabes sobre casi nada. Es una oportunidad para desarrollarse, pero da mucho miedo. Sin embargo la realidad confirma que los equipos en los que la información fluye funcionan, que las personas que sienten que son depositarias de la confianza de la gente, responden. Y que sobre todo cuando vienen mal dadas, sentirte respaldada por un equipo en el que confías es la única manera de superar las situaciones adversas con éxito.
A día de hoy, de mi experiencia he sacado dos grandes lecciones.
La primera lección es que no importa lo buena que seas o lo bien que sepas hacer tu trabajo porque la verdad inmutable es que si tu equipo dispone de toda la información, de la confianza y de la certeza de que son los responsables de las decisiones que se tomen, el resultado del trabajo de tu equipo contigo, siempre llegará más lejos que el resultado de tu trabajo sola.
Y finalmente os revelaré un gran secreto y la segunda gran lección que he aprendido: el sitio de la ventana es el peor sitio de la oficina; en invierno te mueres de frío y en verano te asas viva. Hacedme caso y no lo elijáis nunca 🙂

Es una buena idea, pero…

 

Estoy de acuerdo contigo, pero…», «me parece una idea muy buena, pero…», «parece un buen proyecto, sin embargo…».
¿Quién no ha escuchado alguna vez esas palabras y quién no ha sentido nunca instintos asesinos contra la persona que las está pronunciando?
La frase se puede empezar de muchas maneras pero la historia siempre es la misma. No importa lo buena que sea una idea o lo bien expuesta que esté o los beneficios innegables que tenga. Sea como sea si es una idea, es potencialmente arruinable. Y alguna Ley de Murphy desconocida garantiza que siempre encontrarás a alguien que con mejor o peor intención venga y te la arruine. O al menos lo intente.
Buscarle «peros» a las ideas nuevas parece que forma parte de la naturaleza humana. Algunas veces porque realmente la idea tiene demasiados» peros» como para que pueda convertirse en un proyecto con un mínimo de probabilidades de supervivencia. Otras veces por la sencilla razón de que destruir siempre es mucho más fácil que construir.
En la literatura existen montones de ejemplos de metodologías para facilitar la selección de una idea y la optimización de los resultados esperados de ella. Uno de los más conocidos (o por lo menos uno de los que más me gustan) es el árbol de prerrequisitos que Eliyahu Goldratt desarrolla en su famosa Teoría de las Limitaciones. Básicamente consiste en construir un árbol cuya copa sea el objetivo que tenemos en mente, y a medida que se va bajando, se identifican los objetivos intermedios que es necesario ir alcanzando en las fases previas, junto con los posibles obstáculos y las acciones necesarias para superarlos. Mario López de Ávila tiene unapresentación fabulosa que explica esta técnica de una forma muy clara.
Un artículo reciente publicado en McKinsey, «Strategic decisions: when can you trust your gut?» me ha permitido acceder a una metodología de Gary Klein que no conocía y que me ha parecido interesantísima: la metodología Premortem.
El nombre no es demasiado sugerente, lo sé. Apareció la primera vez en el artículo publicado por Harvard Business Review de 2007 «Performing a Porject Premortem«. La idea que subyace a todo esto es que normalmente la gente es reticente a plantear sus dudas sobre un tema durante el proceso de planificación, lo que puede llevar a que alguien tenga dudas razonables sobre alguno de los puntos del plan, pero no se atreva a trasladarlas por temor a parecer un aguafiestas (por temor a los instintos asesinos de los que hablaba al principio). Está basada en la idea del análisis post-mortem, pero al revés: es decir, en lugar de analizar qué es lo que ha causado la muerte, lo que hace esta metodología es imaginar que el paciente ya se ha muerto y tratar de adivinar las causas.
En el artículo se citan los principales hitos de su aplicación:
1. Se le da a los miembros del equipo toda la información sobre el proyecto
2. El líder informa a todos los miembros de que el proyecto ha sido un absoluto y rotundo fracaso
3. Cada miembro del equipo de forma individual escribe las razones por las que cree que el proyecto ha fallado (especialmente las que nunca hubiera dicho en una reunión normal por miedo a ser políticamente incorrecto)
4. El líder anima a los miembros a que lean en voz alta las razones de su lista hasta que se hayan escuchado todas
5. Teniendo en cuenta las razones que se hayan puesto en común, se buscan las medidas necesarias para reforzar el proyecto.
Aunque sobre el papel parezca sencillo, lo cierto es que este método ofrece beneficios sobre otros métodos similares: permite darle perspectiva a las personas que están demasiado involucradas con un proyecto como para ser objetivas, le da un giro positivo al hecho de descubrir debilidades que nadie más haya visto y en definitiva, permite adelantar futuros problemas que es posible que no se hayan tenido en cuenta por motivos de corrección política. Una idea fantástica para sacarle partido a los «dinamiteros» de las reuniones de trabajo.
Fuente de la imagen: Times