Entrevista: qué tiene que ver la tecnología con un reparto justo de la riqueza

Los responsables del Observatorio ToShare de la UPV/EHU me han hecho una entrevista para entender mejor por qué un centro tecnológico se compromete con el reparto justo de la riqueza.

1. ¿Por qué Tecnalia participa en un observatorio sobre el reparto justo de la riqueza?

Tecnalia es el centro tecnológico privado más grande de España, por número de empleados y por facturación, y uno de los más importantes a nivel europeo. Desde sus inicios, a mediados del siglo pasado, la mayoría de los centros que posteriormente se fueron incorporando bajo la marca Tecnalia nacieron por iniciativa de la industria vasca. Tecnalia no se puede entender desligada de la industria que, por otra parte, ha sido históricamente la principal fuente de riqueza y de prosperidad en este país.

Las tecnologías que Tecnalia desarrolla y transfiere al tejido productivo -nanotecnología, renovables, tecnologías de fabricación avanzada, ciberseguridad, biotecnología, etc- están estrechamente ligadas a la industria y a la estrategia de especialización inteligente de Euskadi, y también son la base de soluciones que buscan dar respuesta a los grandes objetivos de desarrollo sostenible como el envejecimiento saludable, el cambio climático o la búsqueda de un modelo energético más sostenible.

Sin embargo, la tecnología, la estrategia y la industria no funcionan si no existe demanda. No se puede transformar el mundo sin las personas, no se puede innovar si la sociedad nos da la espalda. Solo a través de un compromiso social completo, se puede conseguir un tejido productivo sólido, que demande tecnología puntera y que cree riqueza y crecimiento económico. Y no hay compromiso social si no existe justicia social, por eso Tecnalia participa en ToShare y está comprometida con un reparto justo de la riqueza.

2. ¿Por qué la acumulación de riqueza y la consiguiente desigualdad que genera son un problema?

La desigualdad social trae consigo una batería de problemas de sobra conocidos: pobreza, problemas de salud, infelicidad, mayores tasas de delincuencia, menor esperanza de vida…

rompe el sentimiento de comunidad, la sensación de pertenecer a un mismo territorio y de compartir una historia y una cultura. Si el problema que más te preocupa es que la wifi te llegue a todas las habitaciones de tu enorme mansión de la playa, y el problema que más me preocupa a mí es cómo voy a poner un plato de comida en la mesa de mis hijos esta noche, difícilmente nos vamos a poner de acuerdo sobre lo que es importante para el país y hacia dónde tenemos que dirigir nuestros esfuerzos.

El descontento derivado de la desigualdad se refleja en algunos aspectos que no nos son ajenos ahora mismo, como la desinformación y los bulos, los discursos populistas que se nutren del enfrentamiento, del conflicto social y de señalar culpables: el inmigrante, el que recibe ayudas sociales, el que tiene aún menos que nosotros. La desigualdad nos lleva a una lucha de pobres contra pobres y a tomar las decisiones desde el miedo, que es el peor estado de ánimo para tomar decisiones.

Más allá de las consideraciones éticas y morales, la desigualdad es un problema porque sin justicia social no hay cohesión ni sentimiento de país, y sin cohesión es imposible la prosperidad y el crecimiento económico.

3. ¿Cuáles son las soluciones planteadas?

Lo primero es reconocer que cuando hablamos de desigualdad social no estamos hablando de fantasmas, de cosas que les ocurren a otros. Aunque somos una de las regiones de Europa mejor posicionadas en términos de igualdad social, el reciente informe de ISEAK “Pobreza y desigualdad en Euskadi” revela un incremento de la desigualdad desde la crisis de 2008 hasta hoy, que la crisis del Covid-19 no ha hecho sino agudizar.

La única forma de librarnos de esto es creando empleo, pero no cualquier tipo de empleo. Existe mucha pobreza con empleo precario, con trabajos inestables que tienen remuneraciones que no permiten vivir con dignidad. Lo que necesitamos es crear empleo de alto valor añadido, con sueldos altos y estable. Y este tipo de empleo se da en la industria y en los servicios intensivos en conocimiento (como las ingenierías, servicios de telecomunicaciones o consultoría).

La industria no solo es el sector que paga mejores salarios (en Euskadi el salario medio es seis mil euros más alto que el de los servicios), sino que además es el que tiene mayores niveles de productividad, y el que tiene una relación más estrecha no solo con el resto de sectores, sino también y sobre todo, con la ciencia y la tecnología, lo que lo convierte en el sector con mayores probabilidades de explotar el conocimiento y convertirlo en soluciones para los retos globales: vacunas, pueblos y calles seguras, alimentos saludables, fuentes de energía sostenibles,

Los empleos estables y los salarios altos, unidos a una fiscalidad justa y a una gestión pública responsable y transparente, son la vía para garantizar servicios públicos universales y de calidad, lo que nos permite cerrar el círculo del bienestar porque garantizamos que haya igualdad de oportunidades para todos, y no solo para los que pueden pagar. Con una industria intensiva en innovación no solo estamos proporcionando estabilidad a las personas vinculadas a este sector, sino también a las que trabajan en el resto de los sectores, incluyendo la ciencia, y a través de la fiscalidad, al conjunto de la sociedad.

Hablamos de fiscalidad, de transparencia, de gestión eficiente, de involucración de la ciudadanía en las decisiones, de investigación responsable. En Tecnalia somos muy conscientes de que la tecnología no es suficiente para cambiar las cosas, por eso nos centramos en la búsqueda de soluciones, y lo hacemos en una estrecha colaboración con otros agentes que consideramos esenciales para que estas soluciones lleguen a la ciudadanía: las universidades, las empresas y el sector público son nuestros aliados naturales en el compromiso de hacer de Euskadi una potencia industrial, pero también y sobre todo el mejor sitio para trabajar y para tener un proyecto de vida digno y satisfactorio para todos y para todas.

Cuando la pasión se acaba

En el parking del BEC he perdido las llaves del coche. He perdido el resguardo de pago. Y hasta he perdido el coche (como penitencia por no acordarme del color de las columnas de la plaza donde había aparcado, me tiré una hora y media pateándome el parking entero con mis tacones de diez centímetros). Solo me faltaba perderme yo. Y hoy ya lo he conseguido: he salido del piso -1 y siguiendo las indicaciones de salida he llegado al parking -2 donde no había coches, no había luces y solo faltaba que me saltaran media docena de vampiros encima del capó. Y para compensar que ya estaba empezando a agobiarme un poquito con tanta oscuridad y tanta vuelta en círculo, me ha dado por reírme sola dentro del coche. Espero que al menos tuvieran las cámaras apagadas...

Si os estáis preguntando qué hacía yo hoy en el parking del BEC -además del ridículo- os diré que he tenido el placer de escuchar a la Doctora Shirley Kutner, fundadora de la iniciativa BioJerusalem para el desarrollo de la industria bio en Israel. En una presentación de algo más de una hora, la doctora Kutner ha desgranado de forma muy amena unos cuantos ejemplos de emprendimiento; de ideas que surgieron para mejorar el mundo y que finalmente consiguieron llegar a buen puerto. Nos ha hablado de Gavriel Iddan y su cápsula PillCam, gracias a la cual se ha mejorado el diagnóstico de dolencias gastrointestinales y la detección de cánceres y otras patologías. Nos ha hablado de Amit Goffer y su invento Rewalk: un exoesqueleto que permite que personas con movilidad reducida puedan volver a caminar (e incluso a terminar maratones en un ejemplo maravilloso de lo que puede conseguir la voluntad y la perseverancia). Y en esta línea Kutner también nos ha contado el inspirador relato de la misión lanzada por Yariv Bash, Yonatan Winetraub y Kfir Damari para poner su Beresheet en órbita y hacerlo aterrizar en la Luna.

La doctora Kutner nos ha hablado de pasión, de voluntad y de esfuerzo. Nos ha hablado de personas que han luchado durante años para encontrar la solución a problemas que afectan a la calidad de vida de otras miles de personas por todo el mundo. Nos ha hablado de creer en uno mismo y de perseguir los sueños. Nos ha hablado de cómo la tecnología está detrás de muchas de estas soluciones, y se convierte en el vehículo para crear un mundo mejor. “Los emprendedores no lo hacen solo por el dinero -nos ha dicho- lo hacen porque de verdad quieren ayudar a la gente”. Ha sido inspiradora, pero se le ha olvidado hablarnos de algo fundamental: la pasión sola no vale. No es suficiente.

Hoy había mucha gente compartiendo esta charla conmigo. A algunos de ellos los conozco bien: son brillantes, son valientes, se levantan cada mañana pensando en cómo usar su conocimiento para solucionar problemas importantes, entran en el trabajo cada día con una sonrisa y pelean para conseguir proyectos, para mejorar su conocimiento, para que su trabajo no se quede en un artículo de una revista científica que no va a leer nadie. Ni su conocimiento, ni su pasión, ni su capacidad de esforzarse tienen nada que envidiar a los fundadores de Rewalk, de SpacecIL o de PillCam. Pero ellos no salen en las noticias.

Pensaba en eso cuando daba vueltas como una boba por las oscuras tripas del BEC con mi coche. Pensaba en lo diferente que resulta tener una idea en un ecosistema como el israelí, donde existe una apuesta pública y privada por la I+D incontestable (con una inversión por encima del 4% del PIB), donde las empresas, la tecnología y la ciencia mantienen un diálogo constante y profundo que da como resultado grandes ideas en lo que un compañero mío denomina “zonas negras” (aquellas en las que convergen las tecnologías capacitadoras esenciales en una hibridación múltiple), donde existen infraestructuras de soporte que cuentan con los recursos materiales, humanos y financieros necesarios para convertir esas ideas en empresas rentables, donde las empresas tecnológicas son tales, y no empresas de servicios con un barniz tecnológico como apuntaba Xavier Ferrás en su reciente artículo “La burbuja Start-Up”. Es bueno ser un genio apasionado, pero es mucho más práctico serlo en el país adecuado y en el momento correcto.

Uno se harta de entrar por la puerta del trabajo todas las mañanas con una sonrisa ilusionada y salir cada día con cara de payaso. Un país no puede levantarse sobre las costillas de los soñadores. Hay que levantarlo entre todos, creando las condiciones de entorno que hagan posible que las ideas se conviertan en riqueza, apostando por políticas públicas de I+D creíbles, sólidas, ambiciosas y bien direccionadas. Hay que apostar por un sector público potente, emprendedor, que tenga la visión de futuro que el sector privado no tiene, que allane el camino para que este invierta, y que establezca los recursos que permitan redistribuir la riqueza en la sociedad de manera justa y equitativa .

La pasión se acaba. Eso lo sabe cualquiera que alguna vez se haya enamorado. Las relaciones largas pueden empezar con un ataque de pasión desenfrenada, pero no duran sin respeto, sin valores y sin proyectos de largo plazo. Seamos apasionados, pero no seamos ingenuos. Sin políticas públicas sólidas, nunca tendremos amor tecnológico verdadero.

Del índice regional de innovación a los proyectos de país.

– ¿Podrías decirme, por favor, qué camino tengo que seguir para salir de aquí?

– Eso depende del sitio a dónde quieras llegar -dijo el gato.

– No me importa el sitio -contestó Alicia.

– Entonces no importa mucho el camino que tomes -respondió el gato.

-…siempre que llegue a alguna parte -añadió Alicia a modo de explicación.

– Siempre llegarás a alguna parte si caminas lo suficiente.

(Alicia en el país de las maravillas. L. Carrol. 1865)

Los índices europeo y regional de innovación acaban de ver la luz. Estos indicadores son importantes porque sabemos que casi dos tercios del crecimiento económico de Europa en los últimos años pueden explicarse gracias a la innovación. Los resultados apuntan a que Europa mejora de manera visible su perfil innovador, hasta el punto de dejar atrás a los poderosos Estados Unidos, aunque sigue perdiendo posiciones frente a otros gigantes domo Japón, Corea del sur y China. Bajando la lupa hasta el nivel regional, el podium está en manos de Suiza, con dos de sus regiones -Zürich y Ticino- a la cabeza del ranking de innovación. En este punto encontramos la primera evidencia: Europa se mueve, y se mueve rápido; de las 238 regiones estudiadas, 159 han mejorado su perfil innovador en los últimos 10 años.

El País Vasco ha mejorado su perfil innovador un 8.8% desde los resultados de 2011, pero a pesar de todo, ha dejado de estar en grupo de las regiones fuertemente innovadoras para pasar al grupo de las moderadas. Aunque muchas y muchos ya lo estábamos avanzado desde que en la edición de 2017 nuestro país se situara en la frontera de las regiones por encima del 90% de la media europea (91.4%) , no por esperado deja de ser menos decepcionante. El 79.8% de esta edición no deja lugar a dudas: hemos abandonado las posiciones de cabeza en el índice para unirnos al pelotón.

Regional Innovation Scoreboard 2019. Source: European Commission.

¿Qué ha pasado?

El País Vasco cae de la posición 110 a la 132, arrastrado por las caídas en los indicadores de patentes, colaboración entre PYMEs innovadoras, productos y procesos innovadores, publicaciones público-privadas, inversión en I+D (privada y pública) y en el número de PYMEs innovadoras.

En relación a Europa tenemos debilidades claras en aplicación de diseños, patentes y marcas y en la generación de innovación en cualquiera de sus modalidades (proceso, producto, mercado y organización), así como en el número de PYMEs que innovan y en la inversión pública en I+D. Respecto a la edición anterior del indicador (RIS2017) hemos perdido posiciones en cuanto a publicaciones citadas, PYMEs innovadoras y colaboración entre PYMEs.

Estamos, eso sí, entre las mejores 40 regiones en cuanto a la cantidad de población con educación terciaria, en educación continua a lo largo de la vida y en venta de innovación como porcentaje del volumen de negocio de las PYMEs.

Perfil del País Vasco en relación a Europa (azul) y a España (naranja) en el RIS2019 y en el RIS2017. Fuente: Comisión Europea.

¿Es el índice regional de innovación el faro que debemos seguir?

Aunque los resultados acaban de salir, ya he comenzado a leer los «ya os lo dije» y los «esto se veía venir«. Pero es importante que antes de hablar, pensemos. Hay muchos y conocidos puntos de mejora en el perfil innovador del País Vasco, por lo tanto, está claro que tenemos margen de mejora y una responsabilidad con la ciudadanía actual y la futura. Sin embargo, los índices de innovación no tiene por qué marcar nuestra ruta. Si invirtiéramos un esfuerzo importante en formar a más personas, o incrementáramos de manera sustancial la inversión en I+D pública, mejoraríamos seguro nuestra posición dentro del ranking. Pero, ¿esto garantiza mejores resultados? No. No los garantiza en absoluto. Un incremento en los recursos no garantiza que mejoremos la productividad del sistema y que obtengamos más riqueza y más bienestar. Necesitamos mejorar nuestro nivel de eficiencia y de productividad; necesitamos mejorar el proceso de convertir los recursos en resultados, y esto no tiene un reflejo inmediato en el índice de innovación. Si convertimos el indicador en un objetivo final nos estamos equivocando. Los indicadores NO son objetivos finales. Son una señal de que caminamos, pero no son una garantía de que hemos elegido el buen camino.

Y ahora, ¿qué hacemos?

Lo que tenemos que hacer es elegir el camino. Como ya he comentado en ocasiones anteriores, definir una política de innovación orientada a los resultados y a la especialización inteligente es necesario pero no es suficiente. Es necesario definir una política orientada a impacto. Los grandes proyectos de país, liderados entre el gobierno y el sector empresarial serán los que nos impulsen en el camino de la competitividad. Los grandes proyectos de país serán los que nos lleven a una mayor colaboración entre empresas, a ser un país de producto propio, a salir de la carrera de ratas de los indicadores aislados.

Hace unos años, cuando los datos del informe PISA nos sacaron los colores, un amigo cercano que conoce muy bien el sistema vasco de innovación me dijo una frase que está resultando ser peligrosamente cercana a la verdad: «lo que nos ha pasado con la educación nos pasará en breve con la innovación. Es el resultado de querer vivir de las rentas«. Yo no me atrevo a decir que vivimos de las rentas porque eso sería despreciar el trabajo y el esfuerzo de las miles de personas que se esfuerzan día a día para construir país desde las empresas y desde el gobierno, pero sí que creo (y lo he dicho) que nos estamos durmiendo en los laureles, que estamos olvidando lo que fuimos y la responsabilidad que tenemos con el futuro. Como le pasa al Conejo Banco del cuento de Carrol, para mantener nuestras posiciones de bienestar y de calidad de vida, toca correr.