El camino hacia el futuro de las empresas vascas

La palabra crisis en japonés está formada por dos caracteres: peligro y oportunidad. También Albert Einstein habló de ella como una oportunidad para los países y las personas: «No podemos pretender que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mayor bendición que puede sucederle a los países, porque trae el progreso, la creatividad nace de la angustia como el día de la noche oscura. Es de la crisis que nacen los descubrimientos y las grandes estrategias».
La economía vasca parte de una situación de ventaja relativa en relación a su entorno. Así, el País Vasco es la segunda comunidad autónoma de España en gasto en I+D sobre el Producto Interior Bruto (1,96% según datos publicados recientemente por el Instituto Nacional de Estadística). Nuestras empresas son las que muestran un compromiso mayor con la I+D ejecutando el 81% de este gasto, frente a una media europea que se sitúa alrededor del 65%. El País Vasco cuenta, asimismo, con 16.700 personas vinculadas al sistema de I+D+i – el 7% del total del Estado-, la mayoría en empresas y centros tecnológicos. Además, el 35% de las sociedades de 10 ó más empleados han realizado algún tipo de actividad innovadora en los últimos años.
Sin embargo, la realidad también apunta a que tenemos un tejido productivo en el que el 65% de las ventas netas de la industria proceden de sectores de nivel tecnológico bajo o medio bajo, donde además desarrollan su actividad casi el 70% de las personas empleadas en el sector industrial. ¿Cómo impulsar un tejido empresarial competitivo en un entorno que cada vez es más exigente?
Tecnología. El tejido empresarial vasco necesita de un sistema tecnológico que conozca perfectamente las necesidades de las empresas y que además sea lo bastante potente como para responderlas de forma rápida y eficiente. A día de hoy Euskadi cuenta con una red de 19 centros tecnológicos creados para generar tecnología y transferirla al tejido empresarial. En este sentido, la mejor estrategia sin duda pasa por aunar las capacidades existentes, coordinarlas y potenciar todas las sinergias posibles situando la oferta tecnológica vasa a la altura de las mejores del mundo.
Ciencia. El sistema científico vasco tiene que trabajar en estrecha relación con las empresas, aportando un conocimiento esencial sin el cual éstas no podrían adelantarse a las necesidades del futuro. Además de la universidad, Euskadi cuenta con una red de Centros de Investigación Cooperativa que trabaja para crear capacidades que nos permitan ser competitivos en sectores en los que hoy no estamos o estamos de una forma inicial: nanotecnología, energías de futuro, microtecnología, biotecnología, biomateriales o fabricación de alto rendimiento. Tenemos que ser capaces de poner en valor este trabajo y convertirlo en nuevas empresas y en resultados que tengan un impacto real sobre la economía vasca.
Tracción. Hay siete empresas vascas entre las europeas con mayores inversiones en I+D, y todas ellas operan en sectores estratégicos sobre los que deberíamos pivotar el tejido empresarial vasco, tales como energía (Iberdrola y Gamesa), electrónica (Fagor), transporte y aeronáutica (ITP, CAF, Cie Automotive) y biotecnología (Faes Farma). Un reto decisivo hacia el futuro es aprovechar el potencial de esas empresas tractoras para desarrollar un tejido empresarial diversificado en sectores innovadores y con un importante componente tecnológico.
Cooperación. La competitividad de un sistema depende en gran medida de la capacidad que los agentes tengan para interactuar entre ellos. Los datos apuntan a que en los últimos años casi un 10% de las empresas vascas han firmado algún acuerdo de colaboración, una tendencia que parece ir creciendo en el tiempo. Cooperar con otros agentes aporta a las empresas vascas más recursos, mayor masa crítica para acceder a nuevas oportunidades, la posibilidad de acceder a economías de escala que le faciliten la reducción de costes y en definitiva, una mejora sustancial de sus niveles de productividad.
Proyección Internacional. La proyección internacional de nuestro sistema científico tecnológico y de nuestras empresas es la clave para estar entre los que definen el entorno en el que jugamos. La proyección al exterior va a suponer un potencial importante de innovación y de desarrollo para el tejido empresarial vasco. No es una casualidad que las empresas más abiertas sean las que mejor compiten en un entorno internacional, entre otras cosas porque ello les da acceso a muchas más oportunidades así como al conocimiento y la tecnología desarrollados fuera de nuestras fronteras.
Hablar de la crisis como una oportunidad no es óbice para mantener una visión realista de la situación y entender que si no buscamos rápidamente nuevas y eficaces respuestas, las viejas preguntas terminarán por hacernos perder el tren de la competitividad. Siempre, pero ahora más que nunca, tenemos de tener muy claro hacia dónde vamos y cómo generar las capacidades necesarias para que todo nuestro tejido productivo, con las empresas vascas a la cabeza, pueda llegar hasta allí.

La oportunidad de crear un nuevo sistema vasco de ciencia y tecnología

Si hay algo cierto en el contexto globalizado en el que vivimos es que crisis y oportunidad son dos caras de la misma moneda. Y el País Vasco no es ajeno a esta realidad; como en el resto del mundo, la evolución de nuestra economía viene de la mano de un cambio tecnológico veloz y de una eliminación de las distancias y las barreras físicas que configuran un nuevo tablero de juego que exige de los agentes públicos y privados una importante capacidad de reacción, de flexibilidad y de adaptación a la nueva realidad.
Un entorno global es, desde todos los puntos de vista, un entorno repleto de oportunidades que, en su mayor parte están implícitas en la incorporación de innovación, tecnología y conocimiento a la cadena de valor productiva, así como en el aprovechamiento de las grandes tendencias de mercado a medio y largo plazo que permitan la obtención de ventajas diferenciales. Tenemos, por tanto, que ser muy conscientes de que nuestra ventaja competitiva ha de residir fundamentalmente en la capacidad degenerar valor añadido liderando procesos globales de innovación, creando nuevos productos y servicios para el mercado y generando conocimiento y tecnología que se configuren como factores impulsores del cambio. Parece lógico por tanto pensar que esta adaptación tenga que pasar forzosamente por la adaptación del sistema de ciencia, tecnología e innovación a esta nueva realidad.
Esta adaptación implica el compromiso de todos los agentes para favorecer un espacio competitivo a través de un modelo integrado de actuación que responda a los objetivos de transición hacia un modelo productivo, basado en actividades innovadoras y con impacto real sobre el conjunto de la actividad económica. El objetivo de impulsar la competitividad de nuestra economía precisa de una estrategia centrada en la creación de las condiciones y las capacidades que refuercen al conjunto del sistema y que den pie al surgimiento de un nuevo paradigma de crecimiento y de creación de valor.
La nueva filosofía de actuación por tanto debería apoyarse en un vector clave: la internacionalización del sistema productivo y, en especial, del sistema de ciencia, tecnología e innovación, tanto en su vertiente de proyección exterior como en la de atracción del conocimiento desarrollado en otros lugares, o sobre la necesidad de optimizar sus actuaciones a través de la identificación y puesta en marcha de las sinergias y acciones de cooperación que tengan un efecto multiplicador en la creación de valor.
La experiencia nos dice que los países más abiertos y mejor conectados son precisamente los que mejor afrontan las crisis y mejor aprovechan las oportunidades. En este sentido, la proyección exterior supone un potencial importante de innovación y desarrollo para la práctica totalidad del tejido productivo del país. Así, para poder aprovechar todo el potencial de la internacionalización, es necesario contar con un sistema de innovación ágil y con capacidad de respuesta, una orientación clara que tenga como principal aliado al mercado y, sobre todo, una actitud abierta a los procesos cooperativos entre los diferentes agentes públicos y privados.
La capacidad de innovar depende en gran medida de la habilidad que los agentes tengan para interactuar entre ellos. Y esta interacción es clave para la creación de entornos innovadores en los que los resultados de la actividad científica y tecnológica se conviertan en valor real para la economía. En este sentido, la apuesta por un tejido científico, tecnológico y empresarial bien articulado que trabaje en colaboración consolida por un lado la apuesta por un nuevo tejido industrial diversificado en sectores de futuro y por otro, la oportunidad de llevar hasta el mercado el resultado de la investigación realizada dentro y fuera de nuestras fronteras.
El salto cualitativo que precisamos hacia un renovado sistema de ciencia, tecnología e innovación sólo será posible a través de la innovación, que en última instancia es la forma de convertir los retos en oportunidades de futuro: convertir el reto de un cambio de ciclo en la oportunidad de generar más conocimiento y aumentar el potencial de creación de riqueza; convertir el reto de la competencia creciente en la oportunidad de crear nuevas redes de colaboración y acceder a nuevos mercados y nuevas tecnologías y, en definitiva, convertir el reto de la deslocalización en la oportunidad de catalizar la necesidad de cambiar y de focalizarse en las actividades que generen mayor valor añadido para el tejido productivo de este país.

Kiss crisis good bye

 
 

Durante la crisis de principios de los años 90 la venta de barras de labios creció un 10% y tras el 11-S este indicador prácticamente se duplicó. Se llama «efecto lipstick» y sostiene que a medida que se aproxima una crisis económica y aumenta la incertidumbre sobre el futuro, las ventas de barras de labios se disparan. En España el año pasado el consumo de barras de labios aumentó un 6% y marcas como L’Oreal o Maybelline New York crecieron por encima de la media del mercado. Está claro: la crisis se ha pintado la boquita de carmín y ha llegado a Euskadi-Made-In para contarlo. Y nosotros con estos pelos.

Aunque en 2008 la CAPV ha sido una de las dos únicas comunidades autónomas con crecimiento de la industria (la otra ha sido Navarra) y la fortaleza de nuestro tejido industrial nos ha dado un pequeño respiro frente al resto del país, casi nadie se cuestiona ya la realidad de la crisis. En el último trimestre del año pasado comenzaron los primeros indicios de destrucción de empleo en Euskadi y el PIB se contrajo casi un 1,1% respecto al trimestre anterior.  Las voces convencidas de que la crisis nunca iba a llegar aquí cada vez hablan más bajito, nos ha pillado tan descuidados que no sabemos muy bien ni cómo ha sido ni qué tipo de crisis estamos viviendo, ni cómo saldremos de ella. 
1. ¡Queremos hacerlo!…
Decía el Gran Maestro ruso Savielly Tartakower que táctica es saber qué hacer cuando hay algo que hacer y estrategia es saber qué hacer cuando no se puede hacer nada. Teniendo en cuenta la situación de los mercados financieros, el número de países que están en recesión (y los que se le añadirán durante este año),  y las noticias que invaden nuestros periódicos cada mañana anunciando nuevos expedientes de regulación, parece que existe un riesgo real de que las empresas vascas centren sus recursos y sus esfuerzos en solventar problemas de primera necesidad directamente relacionados con su actividad productiva, descuidando su compromiso con la actividad de I+D; existe un riesgo real por tanto de que el tejido empresarial vasco dé un paso atrás en relación a su actividad de I+D. O dicho de una forma más clara: es el momento de pensar en una buena estrategia.
Lo primero que necesita una estrategia es una razón de ser, un objetivo; y el objetivo en este caso es generar valor añadido de forma intensiva, que repercuta y active todas las dimensiones que conforman nuestra realidad (económica, empresarial, social, etc.) y que venga de la mano de todos los agentes que articulan el sistema científico tecnológico de este país. Queremos hacerlo.
2. ¡podemos hacerlo!…
En  los años 80, agotado el modelo de crecimiento vigente y con el país inmerso en una importante crisis económica y social, Euskadi afrontó su primera gran transformación con una estrategia industrial de largo alcance que apostó por asegurar un contexto macroeconómico estable, mejorar las capacidades microeconómicas y adquirir conocimiento como llave para el crecimiento económico y la competitividad del conjunto del país. ¿Resultado? El PIB creció por encima de la media del Estado, aumentaron los niveles de empleo y se creó una amplia red de estructuras tecnológicas, científicas y culturales que permitieron el surgimiento de un nuevo tejido empresarial más sólido y competitivo en una sociedad con mayores niveles de bienestar.
Ahora tenemos la misma capacidad de superación que teníamos entonces y además contamos con ventajas adicionales: tenemos un sistema de innovación perfectamente estructurado para generar conocimiento y capacidades, y para traducirlos en resultados reales. Recientemente se ha aprobado el traspaso de competencias de I+D+i a Euskadi, lo que significa que podemos asumir las funciones de ordenación, planificación, promoción y fomento de la I+D+I, además de elaborar, aprobar, ejecutar y controlar los programas de I+D+I y coordinar las actividades que se realicen en el ámbito territorial vasco. Esta transferencia supone una minoración del cupo que se traduce en un importante incremento presupuestario para dedicar a la I+D+i. Tenemos por tanto la capacidad, la competencia y los recursos. Podemos hacerlo.
3. ¡y vamos a hacerlo!
Si queremos hacerlo y además podemos, hagámoslo. Apostemos por las empresas vascas como elemento central del sistema y como tractor del cambio de todo el país. Expertos como Eli Opper, responsable de gestionar la política de I+D de Israel, aconsejan centrar los esfuerzos en unos pocos sectores clave, tal y como hemos hecho en Euskadi con nanociencias, biociencias, energía y electrónica para transporte inteligente. Sólo focalizando los esfuerzos y los recursos posibilitaremos que el sistema refuerce las capacidades tecnológicas, científicas y humanas en estas áreas y las empresas puedan diversificar su actividad hacia nichos más productivos.   
La I+D+i no es una moda. No es un gasto lujoso para los tiempos de bonanza. La I+D+i es la solución del problema. Si permitimos que las empresas abandonen la apuesta por la innovación para centrarse en técnicas de supervivencia a corto plazo, perderemos todo lo que hemos conseguido y pondremos en grave peligro al tejido empresarial de este país.
Con una visión de futuro sólida y un compromiso firme por parte de todos, reforzaremos la apuesta por la innovación como instrumento de competitividad y borraremos por fin la fea sonrisa pintada de esta crisis.