Las políticas de innovación y el big data: los pros y los contras de las POLI-TICS

Acabo de publicar en colaboración un capítulo de libro analizando los pros y los contras de aplicar técnicas de big data para aprovechar la gran cantidad de datos disponible a nivel público, de manera que la toma de decisiones sea más acertada y facilite lograr los objetivos propuestos inicialmente.

Las políticas de innovación son el conjunto de medidas e instrumentos que convierten la innovación en riqueza, competitividad y bienestar para los territorios y para las personas que habitan en ellos. Y uno de los principales problemas a los que se enfrentan en la actualidad es que el cambio tecnológico y social es continuo y va a una velocidad cada vez mayor, lo que hace que las metodologías tradicionales de hacer política (analizar, diseñar, evaluar, aprender) no terminen de encajar, y surjan desajustes entre lo que se quiere conseguir y el mecanismo que se diseña para ello. Aunque el análisis de grandes cantidades de datos (big data) ha resultado ser una herramienta útil para salvar obstáculos similares en el sector privado, y existen grandes cantidades de datos públicos disponibles que apuntan a la viabilidad de la aplicación de estas técnicas, hay todavía algunas barreras que necesitan ser resueltas antes de que aplicar big data a la toma de decisiones en lo público sea lo más óptimo.

Big Data Analysis Value Chain from Data Acquisition to Policy Decision. Fuente: Arrilucea et al (2021)

OPORTUNIDADES

La introducción de técnicas de big data abre la puerta a un montón de oportunidades para la realización de las políticas públicas: por ejemplo, la fiabilidad que suelen ofrecer estas técnicas cuando se aplican a grandes cantidades de datos, que en el caso de lo público, son de fácil acceso; la capacidad de incorporar heterogeneidad en el comportamiento de individuos o empresas a la hora de analizar diferencias en sus tomas de decisiones; la oportunidad de trabajar con observaciones que están sujetos a modelos de dependencia complejos; la posibilidad de incorporar impactos sociales y otros factores intangibles como variables del modelo, y la oportunidad de combinar los resultados de análisis numéricos con otros cualitativos como, por ejemplo, la opinión de expertos. De hecho, existen numerosos ejemplos de aplicación de técnicas de big data en políticas sociales (Predpol), políticas económicas (Billion Prices Project, InflacionVerdadera.com), o política sanitaria (Flowminder project).

Synergies and relations between big data value chain and public policy actions. Fuente: Arrilucea et al (2021)

RETOS

No es lo mismo tomar decisiones en la esfera de lo privado que hacerlo en lo público: cambian los tiempos, los objetivos, los agentes involucrados y hasta el mismo proceso de toma de decisiones. A la hora de aplicar técnicas de big data en el diseño y la implantación de políticas públicas surgen algunas cuestiones que pueden clasificarse en dos tipos: aquellas que afectan a las fuentes de información, datos y modelos, y las que están relacionadas con el ciclo de las políticas públicas.

En el primer grupo, la primera cuestión es mejorar la calidad y el acceso a los datos públicos. La información que existe ahora está sobre todo ligada a los procedimientos públicos, dejando fuera variables importantes que no son cuantitativamente medibles como el comportamiento de las personas ante determinadas situaciones, los valores, o la influencia de la cultura local sobre las decisiones. Tampoco es fácil inferir de datos públicos cuál podría ser el impacto de una medida o una tecnología que se implanta por primera vez; manejar esta incertidumbre supone un reto para la implantación de técnicas de big data en lo público. Por otro lado, aunque la información existente fuera de calidad y con un grado razonable de certidumbre, todavía quedaría el reto de garantizar la privacidad de los datos y la seguridad de la información que se está manejando.

Respecto a los retos relacionados con el propio ciclo de las políticas públicas, el principal reto es cambiar el proceso, de manera que el flujo continuo de información pueda ser convertido en un input valioso para la toma de decisiones. El ciclo actual de las políticas públicas está pensado para reaccionar en el medio largo plazo, lo que puede entrar en conflicto con la entrada de información de manera continua y con la necesidad de tomar decisiones de manera más ágil, esto implica una necesidad clara de reducir las rigideces y los tiempos de los procesos de la administración pública, y de manera directa, pone de relevancia la importancia de que los responsables de tomar decisiones entiendan las herramientas y las técnicas vinculadas al big data, una oportunidad para formar perfiles que puedan desenvolverse en ambos ámbitos (tecnología y política) con facilidad. También es relevante tener en cuenta que la gestión de lo público implica tener en cuenta una diversidad de agentes directa o indirectamente involucrados en los temas a tratar, lo que obliga a gestionar el análisis de grandes datos desde un punto de vista inclusivo, y además tener en cuenta que las decisiones de los agentes, sean del grupo que sea, no son siempre racionales y pueden estar influidos por prejuicios, sesgos culturales o valores diversos. El estudio del comportamiento es fundamental para poder realizar una toma de decisiones desde lo público sobre la base de grandes cantidades de datos.

Actualmente la aplicación en lo público del análisis de grandes datos tiene un fuerte potencial, pero quedan flecos por resolver y no todas las soluciones son extrapolables de las experiencias del sector privado. Sin embargo, sacar todo el potencial de la información disponible es una oportunidad para orientar las políticas públicas hacia la búsqueda de soluciones ágiles y efectivas a los problemas de los territorios y de la ciudadanía, una oportunidad para resolver los grandes retos y resituarnos en la senda adecuada de competitividad y de bienestar social.

Arrilucea, E; Bilbao, M; Herrera, J; Del Ser, J (2021) «Innovation Policies and Big Data: opportunities and challenges» in Prospectives for digital Social Innovation to Reshape the European Welfare Systems. Davide et al (Eds.) IOS Press doi:10.3233/STPC200010

Las mujeres en Bizkaia: cómo somos, cómo se nos ve.

Acaba de salir publicado el libro «Emakumeak Bizkaian: nolakoak gara, nola ikusten gaituzte. Las mujeres en Bizkaia; cómo somos, cómo se nos ve«. Este libro es el resultado de las jornadas que organizamos desde la Comisión de Bizkaia de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País en febrero de 2020, y para las que contamos con una variedad de expertas y expertos que compartieron y debatieron su visión del papel de la mujer de Bizkaia en aspectos como el deporte, las redes sociales, la gestión creativa o los retos sociales.

Fue precisamente este último bloque «La mujer frente a los retos sociales» el que tuve la suerte de coordinar, diseñando el enfoque, definiendo el marco de debate y eligiendo personalmente a las personas expertas que me acompañaron en la mesa. Abusando de su confianza y de la amistad que nos une , arrastré conmigo a la mesa a mi compañera de Tecnalia, Ana Ayerbe, a la Directora de Identidad Digital de la Universidad de Deusto, Lorena Fernández, al Decano de la Facultad de Ciencias Económica y Empresariales de Sarriko – Universidad del País Vasco, Jon Barrutia, y a la directora de la Agencia Vasca de Innovación, Leire Bilbao.

Como hice en la primera edición de estas jornadas en 2019, en esta también aproveché para convertir mi presentación de la mesa en una pequeña ponencia, para compartir con mis compañeros de mesa y con todos y todas las asistentes, algunos datos que me parecían interesantes, relevantes y hasta divertidos, para entender el papel de las mujeres frente al cambio tecnológico, digital y social en el que estamos inmersos. Dejo aquí mi reflexión, contenida en el libro y que también puede consultarse en esta dirección.

SIN VOTO, SIN FUERZA Y SIN FORMACIÓN

En siglo XVIII los hermanos Elhuyar lograron aislar el Wolframio en Bergara (País Vasco) en lo que constituye, probablemente, uno de los descubrimientos científicos más interesantes de la ciencia vasca.
Hoy en día el Wolframio está considerado por la Comisión Europea como una materia prima crítica y es un mineral estratégico a nivel mundial. Está presente en blindajes, en municiones, en las cabezas de los cohetes y en los teléfonos móviles, y su precio se dispara día a día. Sin embargo, el aislamiento del Wolframio nunca fue un objetivo en sí mismo. El rey Carlos III estaba ansioso por conocer la técnica que usaban los escoceses para fabricar los mejores cañones del mundo y, como no podía acceder a ese conocimiento de manera directa, ideó una misión de espionaje digna de una película de James Bond en la que involucró al Secretario de la Marina, Pedro Gonzalez de Castejón, al capitán de navío José Vicente de Mazarredo y a la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País. Como resultado de todo el conocimiento que los hermanos Elhuyar adquirieron para poder acometer con éxito la misión, aislaron el wolframio, en Bergara, en septiembre de 1783.

Esta anécdota histórica no es un hecho aislado. Si no fuera por hombres de estado o de negocios que buscaban ganar guerras o tener más poder, ni Colón hubiera descubierto América en el siglo XV, ni Elcano hubiera dado la vuelta al mundo en el siglo XVI, ni Neil Amstrong hubiera puesto el pie sobre la Luna en el siglo XX. No veréis grandes avances en la psicología infantil o en el cuidado de la salud prenatal de las mujeres durante la Edad Media, simplemente porque esta disciplina no ayudaba a ampliar fronteras, ganar guerras o conseguir poder. Y con las mujeres pasaba lo mismo: no tenían voto, no tenían fuerza física y, de manera general, no tenían formación. En lo que al poder se refiere, las mujeres no existían.

Podría pensarse que esta situación iba a revertirse con la llegada de la industrialización y con el nacimiento de nuevos puestos de trabajo que no eran tan dependientes de la fuerza física, pero no fue así. La entrada de la tecnología y los desarrollos derivados del conocimiento supusieron una verdadera revolución para el tejido productivo vasco de finales del siglo XIX. En Bizkaia vieron la luz descubrimientos tan relevantes como los altos hornos de Martín-Siemens, el convertidor Bessemer para la producción de acero, o las máquinas de coser Singer que cambiaron radicalmente el sistema productivo conocido hasta la fecha.

También se desarrollaron nuevas infraestructuras, como el nuevo puerto exterior de Bilbao (1877) de la mano de Evaristo de Churruca y Brunet, que supuso un factor de crecimiento fundamental para la industria minera y los astilleros, o nuevas infraestructuras de educación como la Escuela de Artes y Oficios de Achuri (1879), donde las mujeres podían matricularse en dibujo y adorno, y cortes de vestidos, pero no en los estudios de geometría, construcción o electricidad, que estaban en exclusiva reservados a los varones. Además, todo este progreso no podría entenderse sin las nuevas formas de financiación, que añadieron capital local al que venía de Inglaterra, Francia, Bélgica y Alemania y que contaron con el apoyo del Banco de Bilbao, que había sido creado en 1857, y el Banco de Vizcaya, que tuvo un papel fundamental en la fundación de Hidroeléctrica Ibérica en 1901. Igualmente importante fue el primer Concierto Económico de 1878 (Real Decreto, 1978), que permitió a las diputaciones autonomía fiscal fundamental para el crecimiento industrial de la época.

Sin embargo, desde el punto de vista social, y en lo que respecta a las mujeres, las cosas no cambiaron significativamente: en 1886, las mujeres vascas tenían un promedio de 4 hijos, pero el 40% de los niños morían antes de cumplir los 15 años. La esperanza de vida de las mujeres apenas rozaba los 35 años y la principal causa de muerte entre ellas era la proliferación de enfermedades infecciosas o parasitarias.
Por otro lado, aunque en general los salarios de los trabajadores no cualificados estaban en el nivel de subsistencia, las mujeres ganaban la mitad que los varones y el trabajo infantil no era del todo desconocido (Ruzafa, 1998). Es representativo un anuncio de la época, encontrado en el Noticiero Bilbaíno, en su edición del sábado, 25 de agosto de 1888, donde se anunciaba el Taller de Maquinaria de los Hijos de Roldán, situado en Campo Volantín, Bilbao y textualmente decía: “Estas máquinas tienen todos los soportes de bronce y varias piezas de acero: basta un hombre para cargar, una mujer o un chico hábil para cortar, y dos o tres niños para conducirlo al secadero”.

LAS PRIMERAS SEÑALES DE CAMBIO

No fue hasta principios del siglo XX, que empezaron a soplar aires de cambio sobre la posición de las mujeres en la sociedad y en el mercado laboral. Así, en 1910, a través de Real Orden, Alfonso XIII derogó la orden de 1888 que limitaba la matriculación de mujeres considerándolas como alumnas de enseñanza privada y obligando a consultar sus solicitudes para que fueran resueltas de manera individual y de acuerdo con las circunstancias de la demandante (Real Orden, 1910).

Aunque la primera mujer que se matriculó en una universidad española – la universidad de Barcelona- fue María Elena Maseras Ribera, en 1872, antes de la Real Orden de 1910, las mujeres solo podían acceder a los estudios superiores bajo ciertas condiciones, con un permiso especial del Consejo de Ministros y, una vez en el aula, debían atenerse a unas normas únicas para ellas como la obligación de sentarse lejos de sus compañeros varones o de ser escoltadas de un aula a otra para evitar que pudieran caminar solas por el recinto de las facultades.

Con este hito fundamental, se salvaba en parte el segundo escollo, el de la falta de formación que, junto a la falta de fuerza física, tan necesaria para la mayor parte de los trabajos, constituían dos de las tres mayores barreras para la introducción de la mujer en la sociedad y en la economía de una forma efectiva. ¿Qué puede decirse de la tercera barrera, la fata de representación política y del derecho al sufragio?

El movimiento sufragista a favor del voto femenino tiene sus raíces a mediados del siglo XIX donde ya se pueden ver algunas aproximaciones para permitir el voto de las mujeres y su candidatura para cargos políticos. En Europa, el primer país que permitió votar a las mujeres fue Finlandia, en 1907. En España, el sufragio femenino fue aprobado por las Cortes Españolas en 1931. Es muy conocido el discurso de la diputada Clara Campoamor recogido en (Cortes Constituyentes de la República Española, 1931): “…es un problema de ética, de pura ética reconocer a la mujer, ser humano, todos sus derechos, porque ya desde Fitche, en 1796, se ha aceptado, en principio también, el postulado de que solo aquel que no considere a la mujer un ser humano es capaz de afirmar que todos los derechos del hombre y del ciudadano no deben ser los mismos para la mujer que para el hombre. Y en el Parlamento francés, en 1848, Víctor Cousideraut se levantó para decir que una Constitución que concede el voto al mendigo, al doméstico y al analfabeto -que en España existe- no puede negársele a la mujer”.

LOS RETOS SOCIALES HOY

Hoy, principios del siglo XXI, las mujeres tienen voto, tienen acceso a la formación y vivimos en un mundo donde la fuerza física ya no es determinante para la supervivencia. Nos enfrentamos a desafíos que trascienden las fronteras de los países y el conocimiento aislado de cualquier materia: la pobreza, el hambre, salud universal, educación para todos, ciudades más sostenibles, protección de ecosistemas terrestres y marinos, paz, justicia y, por supuesto, igualdad de género. Naciones Unidas ha definido estos retos en 17 categorías que suponen una guía para resolver la mayor parte de los problemas que afectan a los países en la actualidad (Naciones Unidas, s.f.).

Estos retos lo son también para el País Vasco: reducir la emisión de gases de efecto invernadero, reducir el desempleo juvenil, incrementar el número de empresas innovadoras, incrementar nuestras fuentes de energía renovables, dar soluciones de autonomía y dependencia a las personas que lo necesitan, crear un país donde todos y todas seamos tratados igual y tengamos las mismas oportunidades.

Lo complejo de estos retos es que necesitan respuestas complejas, que tiene que venir de la mano de todos los agentes (agencias públicas, universidad, centros tecnológicos, empresas), y construirse sobre el pilar de las fortalezas que nos caracterizan. La cura del cáncer no va a venir solo de los investigadores; (¿imagináis que fuera posible sin un sistema empresarial que pueda explotar los resultados, sin sistemas de seguridad social que garanticen el acceso de todos los pacientes, sin programas de apoyo terapéutico a los supervivientes, sin psicólogos, sin psiquiatras, sin economistas, sin expertos en fiscalidad?). Ningún país, y mucho menos un país de nuestro tamaño puede permitirse ignorar recursos. Y, desde luego, no puede permitirse ignorar al 50% de la población.

Para solucionar los retos sociales solo hay que cumplir tres sencillas premisas: hay que saber, hay que poder y hay que querer. Y si esto os parece una perogrullada, dejadme que os recuerde la respuesta del gran maestro Paco de Lucía cuando le preguntaron cómo se llega a ser un genio de la música: “cualquiera puede ser un virtuoso de la guitarra -dijo- no tiene ningún misterio. Lo único que tiene que hacer es ensayar doce horas al día, todos los días durante los próximos cuarenta años”.

Entrevista: qué tiene que ver la tecnología con un reparto justo de la riqueza

Los responsables del Observatorio ToShare de la UPV/EHU me han hecho una entrevista para entender mejor por qué un centro tecnológico se compromete con el reparto justo de la riqueza.

1. ¿Por qué Tecnalia participa en un observatorio sobre el reparto justo de la riqueza?

Tecnalia es el centro tecnológico privado más grande de España, por número de empleados y por facturación, y uno de los más importantes a nivel europeo. Desde sus inicios, a mediados del siglo pasado, la mayoría de los centros que posteriormente se fueron incorporando bajo la marca Tecnalia nacieron por iniciativa de la industria vasca. Tecnalia no se puede entender desligada de la industria que, por otra parte, ha sido históricamente la principal fuente de riqueza y de prosperidad en este país.

Las tecnologías que Tecnalia desarrolla y transfiere al tejido productivo -nanotecnología, renovables, tecnologías de fabricación avanzada, ciberseguridad, biotecnología, etc- están estrechamente ligadas a la industria y a la estrategia de especialización inteligente de Euskadi, y también son la base de soluciones que buscan dar respuesta a los grandes objetivos de desarrollo sostenible como el envejecimiento saludable, el cambio climático o la búsqueda de un modelo energético más sostenible.

Sin embargo, la tecnología, la estrategia y la industria no funcionan si no existe demanda. No se puede transformar el mundo sin las personas, no se puede innovar si la sociedad nos da la espalda. Solo a través de un compromiso social completo, se puede conseguir un tejido productivo sólido, que demande tecnología puntera y que cree riqueza y crecimiento económico. Y no hay compromiso social si no existe justicia social, por eso Tecnalia participa en ToShare y está comprometida con un reparto justo de la riqueza.

2. ¿Por qué la acumulación de riqueza y la consiguiente desigualdad que genera son un problema?

La desigualdad social trae consigo una batería de problemas de sobra conocidos: pobreza, problemas de salud, infelicidad, mayores tasas de delincuencia, menor esperanza de vida…

rompe el sentimiento de comunidad, la sensación de pertenecer a un mismo territorio y de compartir una historia y una cultura. Si el problema que más te preocupa es que la wifi te llegue a todas las habitaciones de tu enorme mansión de la playa, y el problema que más me preocupa a mí es cómo voy a poner un plato de comida en la mesa de mis hijos esta noche, difícilmente nos vamos a poner de acuerdo sobre lo que es importante para el país y hacia dónde tenemos que dirigir nuestros esfuerzos.

El descontento derivado de la desigualdad se refleja en algunos aspectos que no nos son ajenos ahora mismo, como la desinformación y los bulos, los discursos populistas que se nutren del enfrentamiento, del conflicto social y de señalar culpables: el inmigrante, el que recibe ayudas sociales, el que tiene aún menos que nosotros. La desigualdad nos lleva a una lucha de pobres contra pobres y a tomar las decisiones desde el miedo, que es el peor estado de ánimo para tomar decisiones.

Más allá de las consideraciones éticas y morales, la desigualdad es un problema porque sin justicia social no hay cohesión ni sentimiento de país, y sin cohesión es imposible la prosperidad y el crecimiento económico.

3. ¿Cuáles son las soluciones planteadas?

Lo primero es reconocer que cuando hablamos de desigualdad social no estamos hablando de fantasmas, de cosas que les ocurren a otros. Aunque somos una de las regiones de Europa mejor posicionadas en términos de igualdad social, el reciente informe de ISEAK “Pobreza y desigualdad en Euskadi” revela un incremento de la desigualdad desde la crisis de 2008 hasta hoy, que la crisis del Covid-19 no ha hecho sino agudizar.

La única forma de librarnos de esto es creando empleo, pero no cualquier tipo de empleo. Existe mucha pobreza con empleo precario, con trabajos inestables que tienen remuneraciones que no permiten vivir con dignidad. Lo que necesitamos es crear empleo de alto valor añadido, con sueldos altos y estable. Y este tipo de empleo se da en la industria y en los servicios intensivos en conocimiento (como las ingenierías, servicios de telecomunicaciones o consultoría).

La industria no solo es el sector que paga mejores salarios (en Euskadi el salario medio es seis mil euros más alto que el de los servicios), sino que además es el que tiene mayores niveles de productividad, y el que tiene una relación más estrecha no solo con el resto de sectores, sino también y sobre todo, con la ciencia y la tecnología, lo que lo convierte en el sector con mayores probabilidades de explotar el conocimiento y convertirlo en soluciones para los retos globales: vacunas, pueblos y calles seguras, alimentos saludables, fuentes de energía sostenibles,

Los empleos estables y los salarios altos, unidos a una fiscalidad justa y a una gestión pública responsable y transparente, son la vía para garantizar servicios públicos universales y de calidad, lo que nos permite cerrar el círculo del bienestar porque garantizamos que haya igualdad de oportunidades para todos, y no solo para los que pueden pagar. Con una industria intensiva en innovación no solo estamos proporcionando estabilidad a las personas vinculadas a este sector, sino también a las que trabajan en el resto de los sectores, incluyendo la ciencia, y a través de la fiscalidad, al conjunto de la sociedad.

Hablamos de fiscalidad, de transparencia, de gestión eficiente, de involucración de la ciudadanía en las decisiones, de investigación responsable. En Tecnalia somos muy conscientes de que la tecnología no es suficiente para cambiar las cosas, por eso nos centramos en la búsqueda de soluciones, y lo hacemos en una estrecha colaboración con otros agentes que consideramos esenciales para que estas soluciones lleguen a la ciudadanía: las universidades, las empresas y el sector público son nuestros aliados naturales en el compromiso de hacer de Euskadi una potencia industrial, pero también y sobre todo el mejor sitio para trabajar y para tener un proyecto de vida digno y satisfactorio para todos y para todas.

Una política basada en misiones para salir de la crisis del Covid-19. El diablo en los detalles

La primera y única vez que he usado un Prius fue hace seis años. Era un coche de flota de Tecnalia y me hacía una muchísima ilusión conducir ese monísimo híbrido automático. No cabía en mí. La ilusión me duró exactamente el tiempo de sentarme al volante: no sabía encenderlo, no encontraba las luces, no entendía los mandos y no tenía tiempo para leerme el enorme manual de instrucciones de la guantera. Durante el viaje estuve a punto de romperme los dientes varias veces hasta acostumbrarme a no tener embrague. Pero la vergüenza suprema vino a la vuelta, cuando paré para echar gasolina (sí, el maldito necesita gasolina, como todo hijo de vecino) y pasé tanto tiempo dando vueltas que, al final, tuvo que venir el de la gasolinera muerto de risa para enseñarme cómo abrir el depósito. No he vuelto a reservar un Prius nunca más, y cada vez que veo uno por la calle se me ponen los pelos de punta.

Fuente:Piqsels

Desde hace varios meses, cuando hago una presentación sobre el concepto de políticas orientadas a misión (mission oriented policies) la subtitulo: “el diablo en los detalles”. Con las misiones pasa como con el Prius: son atractivas, sostenibles y glamourosas, pero no puedes conducirlas aplicando lo que has aprendido con tu viejo diésel. Las misiones están orientadas a dar soluciones a los grandes retos globales (Sustainable Development Goals); necesitan direccionalidad, intencionalidad y visión estratégica, y están estrechamente unidas a las Tecnologías Facilitadoras Esenciales (KETs) y a las Estrategias de Especialización Inteligente (Smart Specialisation Strategies-S3).

Las KETs son fundamentales para dar respuesta a los grandes retos globales porque nos permiten romper las fronteras actuales del conocimiento y facilitan la creación de nuevas soluciones. Las Estrategias de Especialización Inteligente por su parte, desvelan las fortalezas sobre las que podemos construir la respuesta y dotan a las regiones y a las ciudades de un papel relevante dentro de las políticas orientadas a misión. Las convierte en lugares que importan (places that matter), y constituyen en sí mismas un ejemplo interesante de lo que supone ser una política orientada a misión.

La implantación de las políticas orientadas a misión se encuentra siempre con dos barreras insalvables: la gobernanza y la participación social.  Ambas, como la muerte y hacienda, son inexorables. La única forma de desarrollar una misión es hacerlo a través de un sistema coordinado de gobernanza múltiple horizontal y vertical. Las misiones, por su propia naturaleza requieren de la participación de numerosos agentes, sectores y tecnologías. Esto implica la necesidad de coordinar diferentes ministerios, agencias públicas, agentes financieros y agentes privados. Para desarrollar una política industrial basada en misiones no vale con el ministerio de industria, es necesario también pensar en qué tipo de energía moverá la industria, qué impacto tendrá sobre el cambio climático, cómo serán los empleos, de dónde se recaudarán los impuestos, qué venderán las nuevas empresas, qué tipo de formación se demandará. Y esto hay que replicarlo a todos los niveles: local, regional, nacional, e incluso supranacional. Para un responsable público esto es una pesadilla. Lo único bueno que puede decirse es que no hay forma de ejecutar una política orientada a misión sin un sistema de gobernanza integrado. Siguiendo el símil anterior, la gobernanza es como la muerte: no hay forma de eludirla.

El tema de la participación ciudadana se parece más a Hacienda. Que es inexorable, pero menos. Aunque la teoría nos dice que es imprescindible desarrollar las políticas orientadas a misión con la participación de la sociedad, son anecdóticos los casos en los que esto se hace de una forma rigurosa. En el estudio realizado hace dos años para la Comisión Europea, en el que participó el equipo de Políticas de Innovación de Tecnalia, analizamos cientos de casos de misiones sin apenas encontrar ejemplos de participación ciudadana. Participación ciudadana no es hacer encuestas preguntando a la gente qué opina sobre el cambio climático, ni tampoco hacer documentales o contar noticias en el telediario de la noche. El objetivo es buscar la involucración de la ciudadanía de una forma mucho más estrecha, que participen de forma activa en el ciclo de diseño e implantación de las políticas públicas. Y entonces surgen las preguntas inevitables ¿Qué es ciudadanía? ¿Cualquier persona puede opinar sobre cualquier tema? ¿Qué criterios debería cumplir un/a ciudadano/a para considerar que su opinión es válida? ¿Y quién decide esos criterios? Ya veis que el tema se complica.

¿Cuál es el riesgo? Que podemos hacer trampas y saltarnos este requisito. No sabemos cómo involucrar a la ciudadanía, así que metámonos las manos en el bolsillo y pasemos silbando y mirando al techo. Creemos un comité con expertos de la universidad, de las grandes empresas y del sector público, y que ellos decidan. Podemos diseñar misiones sin tener en cuenta a la ciudadanía, al fin y al cabo, lo llevamos haciendo toda la vida.

El problema es que cuando la ciencia le da la espalda a la sociedad, la sociedad hace lo mismo con la ciencia. La sociedad no se rasga las vestiduras si el Gobierno de España ejecuta menos de la mitad de lo presupuestado en I+D. La sociedad no se preocupa si Portugal nos adelanta por la derecha en innovación. A la sociedad le da igual si en los últimos años tenemos una brecha histórica de inversión en I+D respecto a la media de Europa (de China ya, ni hablamos). Cuando hablamos de hacer políticas de innovación transformadoras, la sociedad nos sacaría la lengua, si supiera qué son y si le importaran.  No podemos transformar la sociedad sin la sociedad. Y las consecuencias las volveremos a pagar: caídas del PIB del más del 10% y caídas del empleo por encima del 5% solo en este 2020. Es el precio que hay que pagar por construir nuestro bienestar sobre sectores vulnerables (construcción, turismo) y olvidarnos de las fortalezas (S3) y de las palancas de desarrollo competitivas (KETs). Es lo que pasa cuando vives en la era de los Prius, pero te empeñas en conducir como si llevaras un Seat Panda.

Pero todavía tenemos una oportunidad: la Investigación y la Innovación Responsables (Responsible Research and Innovation-RRI), que busca el maridaje de la innovación y de la sociedad a través de un compromiso social completo, de la integración de todos los colectivos, y del impulso a una sociedad educada y comprometida. Una sociedad formada e informada capaz de sostener y de demandar apuestas a largo plazo que configuren un tejido productivo sólido y resiliente ante las crisis.  La RRI es la pata que nos falta para que esta mesa de tres patas deje de cojear: Tecnologías Facilitadoras Esenciales (KETs), Políticas orientadas a Misiones (MOP), Estrategias de Especialización Inteligente (S3) e Investigación e Innovación Responsables (RRI).

Por muchas tecnologías que desarrollemos, por muchas estrategias y políticas que diseñemos, si no tenemos en cuenta a la sociedad como agente activo y comprometido, si no contamos con una sociedad formada y crítica, no llegaremos a ninguna parte. Crear una relación estrecha entre la innovación y la sociedad es la única manera de garantizar la supervivencia de las dos.

*Post publicado originalmente en TECNALIA.

Cuando la pasión se acaba

En el parking del BEC he perdido las llaves del coche. He perdido el resguardo de pago. Y hasta he perdido el coche (como penitencia por no acordarme del color de las columnas de la plaza donde había aparcado, me tiré una hora y media pateándome el parking entero con mis tacones de diez centímetros). Solo me faltaba perderme yo. Y hoy ya lo he conseguido: he salido del piso -1 y siguiendo las indicaciones de salida he llegado al parking -2 donde no había coches, no había luces y solo faltaba que me saltaran media docena de vampiros encima del capó. Y para compensar que ya estaba empezando a agobiarme un poquito con tanta oscuridad y tanta vuelta en círculo, me ha dado por reírme sola dentro del coche. Espero que al menos tuvieran las cámaras apagadas...

Si os estáis preguntando qué hacía yo hoy en el parking del BEC -además del ridículo- os diré que he tenido el placer de escuchar a la Doctora Shirley Kutner, fundadora de la iniciativa BioJerusalem para el desarrollo de la industria bio en Israel. En una presentación de algo más de una hora, la doctora Kutner ha desgranado de forma muy amena unos cuantos ejemplos de emprendimiento; de ideas que surgieron para mejorar el mundo y que finalmente consiguieron llegar a buen puerto. Nos ha hablado de Gavriel Iddan y su cápsula PillCam, gracias a la cual se ha mejorado el diagnóstico de dolencias gastrointestinales y la detección de cánceres y otras patologías. Nos ha hablado de Amit Goffer y su invento Rewalk: un exoesqueleto que permite que personas con movilidad reducida puedan volver a caminar (e incluso a terminar maratones en un ejemplo maravilloso de lo que puede conseguir la voluntad y la perseverancia). Y en esta línea Kutner también nos ha contado el inspirador relato de la misión lanzada por Yariv Bash, Yonatan Winetraub y Kfir Damari para poner su Beresheet en órbita y hacerlo aterrizar en la Luna.

La doctora Kutner nos ha hablado de pasión, de voluntad y de esfuerzo. Nos ha hablado de personas que han luchado durante años para encontrar la solución a problemas que afectan a la calidad de vida de otras miles de personas por todo el mundo. Nos ha hablado de creer en uno mismo y de perseguir los sueños. Nos ha hablado de cómo la tecnología está detrás de muchas de estas soluciones, y se convierte en el vehículo para crear un mundo mejor. “Los emprendedores no lo hacen solo por el dinero -nos ha dicho- lo hacen porque de verdad quieren ayudar a la gente”. Ha sido inspiradora, pero se le ha olvidado hablarnos de algo fundamental: la pasión sola no vale. No es suficiente.

Hoy había mucha gente compartiendo esta charla conmigo. A algunos de ellos los conozco bien: son brillantes, son valientes, se levantan cada mañana pensando en cómo usar su conocimiento para solucionar problemas importantes, entran en el trabajo cada día con una sonrisa y pelean para conseguir proyectos, para mejorar su conocimiento, para que su trabajo no se quede en un artículo de una revista científica que no va a leer nadie. Ni su conocimiento, ni su pasión, ni su capacidad de esforzarse tienen nada que envidiar a los fundadores de Rewalk, de SpacecIL o de PillCam. Pero ellos no salen en las noticias.

Pensaba en eso cuando daba vueltas como una boba por las oscuras tripas del BEC con mi coche. Pensaba en lo diferente que resulta tener una idea en un ecosistema como el israelí, donde existe una apuesta pública y privada por la I+D incontestable (con una inversión por encima del 4% del PIB), donde las empresas, la tecnología y la ciencia mantienen un diálogo constante y profundo que da como resultado grandes ideas en lo que un compañero mío denomina “zonas negras” (aquellas en las que convergen las tecnologías capacitadoras esenciales en una hibridación múltiple), donde existen infraestructuras de soporte que cuentan con los recursos materiales, humanos y financieros necesarios para convertir esas ideas en empresas rentables, donde las empresas tecnológicas son tales, y no empresas de servicios con un barniz tecnológico como apuntaba Xavier Ferrás en su reciente artículo “La burbuja Start-Up”. Es bueno ser un genio apasionado, pero es mucho más práctico serlo en el país adecuado y en el momento correcto.

Uno se harta de entrar por la puerta del trabajo todas las mañanas con una sonrisa ilusionada y salir cada día con cara de payaso. Un país no puede levantarse sobre las costillas de los soñadores. Hay que levantarlo entre todos, creando las condiciones de entorno que hagan posible que las ideas se conviertan en riqueza, apostando por políticas públicas de I+D creíbles, sólidas, ambiciosas y bien direccionadas. Hay que apostar por un sector público potente, emprendedor, que tenga la visión de futuro que el sector privado no tiene, que allane el camino para que este invierta, y que establezca los recursos que permitan redistribuir la riqueza en la sociedad de manera justa y equitativa .

La pasión se acaba. Eso lo sabe cualquiera que alguna vez se haya enamorado. Las relaciones largas pueden empezar con un ataque de pasión desenfrenada, pero no duran sin respeto, sin valores y sin proyectos de largo plazo. Seamos apasionados, pero no seamos ingenuos. Sin políticas públicas sólidas, nunca tendremos amor tecnológico verdadero.