Beneficios de un sistema sanitario bien gestionado

Decía la canción que el que tuviera las tres cosas importantes de la vida -salud, dinero y amor- podía darle gracias a Dios. Dejando los amores aparte, es indiscutible que un sistema sanitario eficiente es bueno para nuestra salud y es bueno para nuestra economía. Es un servicio imprescindible para los ciudadanos y además es un sector tractor y una oportunidad de diversificación para el tejido empresarial en su conjunto. Todos los temas relacionados con la sanidad son y serán claves en el futuro. Con una esperanza de vida que crece al ritmo de un año cada cuatro años y la continua reducción de la tasa de natalidad, el peso de las personas de más edad en la pirámide de población cada vez está siendo mayor. Esto conformará una demanda de servicios que dará lugar a un nuevo tejido económico en el que la salud y los temas asociados a ella -alimentación, tecnologías asistivas, servicios asistenciales, biomedicina- serán prioritarios.
Y la mejora del tejido económico no es ni el único ni el menor de los beneficios de esta apuesta: invertir en salud es invertir en calidad de vida, y por lo tanto invertir en las personas, que son precisamente la fuerza productiva de toda economía. En un momento de crisis como el actual parece imposible gastar al ritmo al que la sanidad lo ha hecho hasta ahora. El propio consejero Bengoa acaba de plantear, en la presentación del Plan de Mejora y Contención del Gasto, que incrementar el presupuesto de salud al ritmo en que viene creciendo estos últimos años implicaría usar el 50% del presupuesto del País Vasco en 15 ó 17 años. Algo a todas luces inviable.
Por razones económicas y por razones de eficiencia, la lógica impulsa a optimizar el rendimiento de cada euro que se invierta en sanidad. El propio plan define unas medidas determinadas, entre las que destacan algunas como el incremento del uso de genéricos, conciertos con empresas privadas, alternativas a la hospitalización, telemedicina, reordenación de laboratorios de análisis clínicos y en general, mejoras de la gestión. Dejando aparte algunas de las polémicas que ha suscitado este plan entre empresas del sector farmacéutico y otros grupos de interés, el enfoque del actual Departamento de Sanidad parece a todas luces el más correcto.
Existen numerosos ejemplos a nivel internacional de optimización de la gestión sanitaria que han generado no sólo una reducción de los costes sino también, y lo que es más importante, una mejora sustancial del servicio ofrecido a los pacientes. Algunas de las claves de éxito observadas en estas iniciativas y que pueden servir como marco de reflexión para el caso vasco son:
Visión sistémica, que permita planificar las intervenciones en el sistema sanitario en todos los niveles de actuación. Los cambios introducidos en el nivel micro tienen que ser coherentes con los avances del conjunto del sistema sanitario. Es fundamental que todas las acciones vayan orientadas en la misma dirección hacia objetivos comunes.
Especialización temática de las diferentes instituciones, organismos, laboratorios, etcétera, lo que implica un aprovechamiento más eficaz de las economías de escala, reduciendo las ineficiencias lógicas de mantener equipos diferentes con recursos materiales, infraestructuras y personas diferentes realizando tareas similares en varios centros de trabajo.
Enfoque integrado del tratamiento de la salud, demostrando una alta capacidad de abordar el conjunto de las problemáticas y cuestiones relacionadas con la salud y la economía desde una perspectiva multinivel, transversal e interdisciplinar.
Administración pública proactiva, que demuestre una alta capacidad de liderazgo y gestión eficaz, con un plan de inversión focalizado en la gestión de la calidad y de la innovación del servicio, donde el paciente se configura como el elemento central de la estrategia.
Autonomía financiera, para que en la medida de lo posible se diversifiquen las fuentes de financiación públicas y privadas dedicando así recursos adicionales al desarrollo de nuevas soluciones.
Redes y alianzas, que refuercen los puntos débiles del sistema vasco con conocimiento, tecnología y personal especializado. Este enfoque colaborativo es común en la mayor parte de los sistemas sanitarios mundiales más avanzados. Un ejemplo muy interesante es la iniciativa transfronteriza Innovation4Care, que ha unido a socios privados y públicos de Suecia, Dinamarca y Noruega, desde la atención sanitaria a la industria, la tecnología y la ciencia para crear una de las comunidades sanitarias más potentes del mundo gracias a la colaboración de todos los agentes.
Control continuado de la estrategia, de las medidas y de las acciones tomadas, de forma que se pueda contrastar la adecuación de las mismas a los objetivos propuestos incluso ante cambios del entorno económico y sanitario. La eficiencia pasa, sin duda, por introducir en el sistema mecanismos que permitan evaluar sus prestaciones de forma adecuada.
Otro punto en común que tienen casi todas las iniciativas exitosas de innovación en la gestión sanitaria es la predisposición al cambio y al intercambio. Cambio de actitud hacia una visión más abierta y cambio desde modelos de gestión obsoletos que responden a necesidades del pasado hacia modelos en sintonía con el nuevo entorno, creativos y colaboradores. E intercambio de conocimientos, tecnología y personas que permitan aumentar las capacidades de nuestro sistema sanitario y responder a las nuevas demandas de la economía y del mercado satisfactoriamente, en especial en un contexto económico adverso como el que nos está tocando vivir.
Artículo publicado en El Correo el día 21 de junio de 2010

El camino hacia el futuro de las empresas vascas

La palabra crisis en japonés está formada por dos caracteres: peligro y oportunidad. También Albert Einstein habló de ella como una oportunidad para los países y las personas: «No podemos pretender que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mayor bendición que puede sucederle a los países, porque trae el progreso, la creatividad nace de la angustia como el día de la noche oscura. Es de la crisis que nacen los descubrimientos y las grandes estrategias».
La economía vasca parte de una situación de ventaja relativa en relación a su entorno. Así, el País Vasco es la segunda comunidad autónoma de España en gasto en I+D sobre el Producto Interior Bruto (1,96% según datos publicados recientemente por el Instituto Nacional de Estadística). Nuestras empresas son las que muestran un compromiso mayor con la I+D ejecutando el 81% de este gasto, frente a una media europea que se sitúa alrededor del 65%. El País Vasco cuenta, asimismo, con 16.700 personas vinculadas al sistema de I+D+i – el 7% del total del Estado-, la mayoría en empresas y centros tecnológicos. Además, el 35% de las sociedades de 10 ó más empleados han realizado algún tipo de actividad innovadora en los últimos años.
Sin embargo, la realidad también apunta a que tenemos un tejido productivo en el que el 65% de las ventas netas de la industria proceden de sectores de nivel tecnológico bajo o medio bajo, donde además desarrollan su actividad casi el 70% de las personas empleadas en el sector industrial. ¿Cómo impulsar un tejido empresarial competitivo en un entorno que cada vez es más exigente?
Tecnología. El tejido empresarial vasco necesita de un sistema tecnológico que conozca perfectamente las necesidades de las empresas y que además sea lo bastante potente como para responderlas de forma rápida y eficiente. A día de hoy Euskadi cuenta con una red de 19 centros tecnológicos creados para generar tecnología y transferirla al tejido empresarial. En este sentido, la mejor estrategia sin duda pasa por aunar las capacidades existentes, coordinarlas y potenciar todas las sinergias posibles situando la oferta tecnológica vasa a la altura de las mejores del mundo.
Ciencia. El sistema científico vasco tiene que trabajar en estrecha relación con las empresas, aportando un conocimiento esencial sin el cual éstas no podrían adelantarse a las necesidades del futuro. Además de la universidad, Euskadi cuenta con una red de Centros de Investigación Cooperativa que trabaja para crear capacidades que nos permitan ser competitivos en sectores en los que hoy no estamos o estamos de una forma inicial: nanotecnología, energías de futuro, microtecnología, biotecnología, biomateriales o fabricación de alto rendimiento. Tenemos que ser capaces de poner en valor este trabajo y convertirlo en nuevas empresas y en resultados que tengan un impacto real sobre la economía vasca.
Tracción. Hay siete empresas vascas entre las europeas con mayores inversiones en I+D, y todas ellas operan en sectores estratégicos sobre los que deberíamos pivotar el tejido empresarial vasco, tales como energía (Iberdrola y Gamesa), electrónica (Fagor), transporte y aeronáutica (ITP, CAF, Cie Automotive) y biotecnología (Faes Farma). Un reto decisivo hacia el futuro es aprovechar el potencial de esas empresas tractoras para desarrollar un tejido empresarial diversificado en sectores innovadores y con un importante componente tecnológico.
Cooperación. La competitividad de un sistema depende en gran medida de la capacidad que los agentes tengan para interactuar entre ellos. Los datos apuntan a que en los últimos años casi un 10% de las empresas vascas han firmado algún acuerdo de colaboración, una tendencia que parece ir creciendo en el tiempo. Cooperar con otros agentes aporta a las empresas vascas más recursos, mayor masa crítica para acceder a nuevas oportunidades, la posibilidad de acceder a economías de escala que le faciliten la reducción de costes y en definitiva, una mejora sustancial de sus niveles de productividad.
Proyección Internacional. La proyección internacional de nuestro sistema científico tecnológico y de nuestras empresas es la clave para estar entre los que definen el entorno en el que jugamos. La proyección al exterior va a suponer un potencial importante de innovación y de desarrollo para el tejido empresarial vasco. No es una casualidad que las empresas más abiertas sean las que mejor compiten en un entorno internacional, entre otras cosas porque ello les da acceso a muchas más oportunidades así como al conocimiento y la tecnología desarrollados fuera de nuestras fronteras.
Hablar de la crisis como una oportunidad no es óbice para mantener una visión realista de la situación y entender que si no buscamos rápidamente nuevas y eficaces respuestas, las viejas preguntas terminarán por hacernos perder el tren de la competitividad. Siempre, pero ahora más que nunca, tenemos de tener muy claro hacia dónde vamos y cómo generar las capacidades necesarias para que todo nuestro tejido productivo, con las empresas vascas a la cabeza, pueda llegar hasta allí.