El roce hace el cariño

“Con todo lo que conocen de las empresas y todos los proyectos que hacen con nosotros, que nos marquen el camino de por dónde avanzar”. “Que nos demuestren que no estamos solos y que no es un tema de pasta”. “Que sean referentes en I+D no sólo en Euskadi, sino también fuera de aquí”. “Que si te metes con ellos en este lío de investigar, sea para llegar a algún lado”. “Que demuestren que tienen conocimiento y que nos lo trasladen, ¿no son ellos los expertos?”.
Estas son algunas frases que reflejan lo que las empresas vascas esperan de nosotros, los agentes de la oferta científica y tecnológica. ¿No sois vosotros los expertos? – nos dicen – pues ya estáis arreando. Os queremos pendientes de nuestras necesidades, que nos convenzáis, que nos llevéis de la mano, que seáis los mejores en lo nuestro. Bueno y bonito. Y mejor si es además es barato. La ecuación es complicada. Sobre todo cuando eres un agente privado sin ánimo de lucro pero también, como dice un amigo mío, sin ánimo de quiebra. No es fácil contratar a los mejores, asegurarse de que siguen siendo los mejores en un entorno cambiante, estar cerca de las empresas y además ser capaz de encontrar caladeros que financien todo esto, de manera que a ellas y a nosotros no nos cueste un ojo de la cara innovar.
Que exista la tecnología no es en absoluto una condición suficiente para que las empresas la absorban. La transferencia es una actividad clave y crítica para el funcionamiento de los sistemas de innovación y, en concreto, para la consecución de mejores resultados en las empresas. Hay muchas maneras de entender la transferencia de tecnología. Dependiendo de las capacidades de absorción y de aprendizaje, y de las condiciones del entorno, cada agente entiende la transferencia a su manera: los gobiernos necesitan entender los costes y beneficios asociados; las empresas, cómo usarla para responder a las necesidades potenciales de sus clientes a través de productos listos para el mercado. En cualquier caso, la diversidad de percepciones y la variedad de procesos que existen para apropiarse del conocimiento y convertirlo en valor es, en última instancia, lo que complica la transferencia.
En general, por trasferencia de tecnología se entiende el proceso de aprendizaje que implica un intercambio de conocimiento, de experiencia y de equipos entre los distintos agentes del sistema de innovación a nivel local, regional, nacional e internacional. Implica entender cómo aplicar y replicar la tecnología, y cómo adaptarla al entorno específico. Aunque tradicionalmente el enfoque ha estado centrado en los mecanismos de transferencia de tecnología, en Europa esta idea ha evolucionado hacia la transferencia de conocimiento y cómo facilitar una comunicación más integral entre la ciencia y la industria. Es precisamente en este camino donde se encuentra uno de los escollos más complicados de la transferencia: el salto desde la ciencia a la aplicación comercializable.
Según el grupo de expertos de alto nivel creado por la Comisión Europea para el apoyo de la transferencia de las tecnologías facilitadoras esenciales (HLG KET), la clave para salvar este salto está en facilitar la interacción entre los diferentes agentes de la cadena de valor o del sistema de innovación. Esta interacción se contempla dentro de la cadena que abarca desde la investigación básica hasta el producto, y requiere de una serie de mecanismos e intermediarios que faciliten el proceso y salven los bloqueos existentes. ¿Esto en qué se traduce? En primer lugar se traduce en que cada uno de nosotros asumamos cuáles son nuestras debilidades y hagamos algo para combatirlas. Sabemos que a veces la oferta tecnológica no tiene las herramientas adecuadas para conectar con la empresa, que a menudo su conocimiento se centra en áreas muy concretas y que no sabe muy bien cómo aplicarlo a la realidad de la empresa; sabemos también que muchas veces la oferta tecnológica no se ajusta a los procesos, los tiempos y los procedimientos de las empresas.
Aunque este último párrafo suena deprimente, en realidad existen soluciones a esta falta de conexión que dificulta la transferencia entre la oferta y la demanda:
• Soluciones integradoras. El roce hace el cariño. La Secretaria de Estado de I+D, Carmen Vela, afirmaba recientemente “Necesitamos que nuestros investigadores trabajen en las empresas privadas”. ¿Qué tal si integramos tecnólogos y científicos en las empresas para que mejoren su conocimiento mutuo y detecten oportunidades de colaboración juntos? BMW en Alemania tiene una iniciativa muy interesante integrando estudiantes de doctorado dentro de la empresa, y hay centros tecnológicos en el mundo como SP (Suecia) que incluso ha creado una oficina exclusivamente para atender a las empresas pequeñas. ¿Qué tal si compartimos programas de formación para que hablemos todos el mismo idioma y no tengamos que sufrir la incómoda sensación de que no nos estamos entendiendo? ¿Y si compartimos espacios? El fenómeno Cambridge es un caso de estudio a nivel mundial en cuanto a resultados derivados de la interacción en un mismo espacio de agentes de la oferta científica-tecnológica con empresas.
• Soluciones políticas, como crear las condiciones que faciliten la compra pública y privada innovadora, programas de incremento del nivel de innovación (itinerarios de innovación personalizados), soluciones “a la carta” o acreditaciones de empresas innovadoras que les permita acceder a una batería de ventajas previamente acordadas.
O tal vez la solución sea una combinación de varias de estas medidas. En todo caso, se trata de que el puente entre la oferta y la demanda deje de ser un lugar de paso y se convierta en un espacio común, donde tanto unos como otros seamos capaces de ver los retos y las oportunidades, y de encontrar juntos la mejor respuesta.
*Artículo publicado originalmente en Inspiring Blog de TECNALIA

¿Necesitas un centro tecnológico?

A todos nos gustan las cosas nuevas. Romper las burbujitas de aire, abrir las cajas, el olorcito a nuevo. Es tan humano como respirar. Sin embargo, antes de lanzarte a construir centros tecnológicos como faraón con pirámide, sería conveniente que conocieras y trataras de evitar algunos de los errores más comunes:
Primer error: no sabes qué es un centro tecnológico
Si huele como un pato, anda como un pato y parece un pato, no le des más vueltas: es un pato. 
Un centro tecnológico tiene dos grandes misiones en la vida: generar conocimiento aplicado y transferirlo al ecosistema. Investigación aplicada y desarrollo tecnológico. Puede hacer otro tipo de actividades, pero su actividad principal tiene que ser un mix entre estas dos. Organizar eventos y dar cursillos para usar mejor el powerpoint son dos actividades muy sanas, pero si son su actividad principal, definitivamente eso no es un centro tecnológico. 
Segundo error: no tienes estrategia
Un centro tecnológico es un instrumento de despliegue e implantación de una estrategia. O dicho de otra forma: si no hay estrategia, no tiene sentido que haya un centro. Así que antes de que empieces a elegir el color de las paredes sería bueno que tuvieras muy claro para qué quieres este centro. 
¿Qué te puede pasar si no tienes una estrategia y a pesar de todo te lanzas a la aventura de montarte un centro? Pues te van a pasar varias cosas: por ejemplo, que no vas a saber a qué retos tiene que dar respuesta el centro, y que cuando finalmente lo decidas, tampoco serás capaz de definir qué líneas de investigación son las más interesantes ni qué actividades necesitas desarrollar. Seguramente acabarás definiendo una pseudo-estrategia chapucera con cientos de entrevistas a empresas hechas a salto de mata para ver qué quieren  y entonces tratarás de contentarlas y terminarás atragantándote con el “café para todas”. Hazme caso: primero estrategia, luego centro.
…o tu estrategia cambia más que un camaleón en una piscina de bolas
La estrategia de tu territorio tiene que ser lo bastante flexible como para poder adaptarse a los cambios del entorno y lo bastante estable como para que tus centros tecnológicos (y el resto de agentes) tengan tiempo de verlas venir. Cuando sepas qué quieres de los centros, díselo, ponles objetivos y dales tiempo para que puedan adaptarse. Entre otras cosas porque los cambios en nuestro mundo suelen ser caros: implican tener que comprar cosas tan exóticas como un microscopio HR-TEM que vale una riñonada y que será de mucha utilidad si mantienes tu apuesta por la nanotecnología pero que terminará convirtiéndose en el paragüero más caro del mundo si de repente te da por apostar por la enología. Las apuestas (y por ende los programas de investigación y las líneas de financiación) tienen que ser claras, conocidas y estables.
Tercer error: no tienes un ecosistema…
¿Recordáis la definición de centro del primer error? “Un centro tecnológico tiene dos grandes misiones en la vida: generar conocimiento aplicado y transferirlo al ecosistema” Si no tienes ecosistema, no tienes a quién transferir  y tu centro se va a morir de inanición. Esto, que parece una perogrullada es uno de los errores más comunes. Hace varios años tuve una conversación muy divertida con un técnico que vino a visitarnos para poner en marcha un centro tecnológico:
  • NOSOTROS: la idea es definir este centro de manera que sea ágil y operativo impulsando la competitividad de tus empresas de agro
  • ÉL: no, pero si yo no tengo empresas de agro
  • NOSOTROS: y exactamente ¿para qué quieres un centro tecnológico?
  • ÉL: para que los agricultores se pongan de acuerdo y compren máquinas juntos
Moraleja: no te pongas a construir un centro si lo puedes resolver organizando una barbacoa.
…o tu ecosistema es hostil.
Si no puedes hacer investigación en las áreas A, B y C porque ya hay otro centro que lo está haciendo. Si no puedes investigar en las áreas X, Y y Z porque la universidad te va a sacar los ojos. Si no puedes hacer servicios en las áreas V y W porque las ingenierías y las consultoras van a ir en masa a la puerta de tu centro a partirte la cara por pisarles el mercado. Si no puedes, tal vez deberías plantearte que a lo mejor no necesitas un centro tecnológico, sino más coordinación y más elementos que hagan que la información fluya entre los agentes que ya están activos en el sistema.
Insisto: no te pongas a construir un centro si lo puedes resolver organizando una barbacoa.
Y por último, un consejo para los gestores públicos: si ya tienes centros tecnológicos, sé cariñoso con ellos. Son criaturas maravillosas que pueden hacer mucho por tu territorio, por tus empresas y por ti. Son casi la única oportunidad que tienes para que tus empresas vendan productos tecnológicos de esos que hacen que la gente pierda la cabeza y suelte trece mil euros por un miserable reloj de plástico. Y que se creen muchas empresas que vendan cosas indecentemente caras y tecnológicamente impresionantes. Y que alguien contrate en tu territorio a ese chico tan majo que tiene dos doctorados en ingeniería, que te ha costado varios miles de euros formar y que, de la que te descuides, se pilla un avión y se planta en cualquier otro lugar del mundo donde sí que existan centros tecnológicos donde pueda hacer I+D a gusto. Dale una pensada.
 

 

La Red Vasca del futuro

¿Sabéis en qué se parecen una Panthera Leo Atrox y un Megatherium
Los dos están especialmente dotados para la vida salvaje. El Megatherium es un perezoso que puede alcanzar los seis metros de altura, lo que le permite alcanzar ramitas y comida a los que otros animales no pueden acceder. La Panthera Leo Atrox por su parte, es probablemente el felino con el cerebro más grande, algo que le permite desarrollar complejas tácticas de caza en manada. Pero también tienen otra cosa en común: los dos se han extinguido. Y es que a veces ser el más alto, el más guapo o el más fuerte no es suficiente para garantizar la supervivencia. Hace falta algo más. 
Ya lo dijo Charles Darwin: “no es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que responde mejor al cambio”. Pero la verdad es que nosotros, como el Megatherium y la Panthera no somos animales especialmente amantes de los cambios. Y la mala noticia es que vivimos  en una época en la que el cambio parece ser la única constante.
Mirad a vuestro alrededor: de la noche a la mañana el mundo se ha llenado de máquinas inteligentes y de abuelitos hiperactivos. Las primeras invaden nuestras empresas, nuestros hogares, nuestros medios de transporte, nuestras formas de comunicarnos; los segundos vienen cargados de demandas nuevas y de nuevas oportunidades. Cada vez vivimos más y queremos vivir lo mejor posible. Pero además nos invaden los datos, millones de datos chivatos que revelan qué comemos, qué compramos, a dónde viajamos, a quién queremos, qué odiamos, por dónde nos movemos, cómo nos movemos. Ahora nos felicitamos el cumpleaños por Whatsapp, decidimos nuestro hotel con Tripadvisor, compramos la ropa en Zalando y conversamos por Skype con personas que viven a miles de kilómetros. Internet of things, big data, social media, son palabras que forman parte de nuestra vida, que cambian nuestra forma de aportar valor, de organizarnos, de colaborar. Decir que las cosas han cambiado es quedarse corto. En los últimos veinte años el mundo se ha vuelto del revés.
Ahora os hago otra pregunta: ¿Y nosotros?, ¿cómo hemos cambiado nosotros en este tiempo? Las universidades, los centros tecnológicos, los centros de investigación ¿nos hemos vuelto de revés?, ¿alguien nos reconocería si nos mirara desde 1990? 
Que levante la mano el agente del sistema de ciencia y tecnología que use big data para la toma de decisiones estratégicas. Que levante la mano el agente del sistema que haya cambiado radicalmente su modelo de organización. Que levante la mano el agente que tenga más del 70% de sus empleados trabajando fuera del espacio físico de su edificio. Que levante la mano el agente que analice su proyección exterior y la opinión que sobre él tienen sus clientes en las redes sociales. Que levante la mano el agente dentro del cual se oyen simultáneamente y en la misma proporción al menos cuatro idiomas distintos.
Para ser sinceros, no hemos cambiado tanto. Además, en los últimos tiempos la falta de flexibilidad, la parálisis ante el cambio nos ha llevado a enredarnos en debates frustrantes: ¿tenemos que apostar por la ciencia básica o por la investigación aplicada?, ¿los agentes tecnológicos tienen que hacer asesoría tecnológica?, ¿los centros de investigación tienen que desarrollar capacidades para la explotación de resultados? Y a menudo hemos cometido el peor de los errores: tratar de justificar nuestra existencia poniendo en duda la necesidad de que los demás existan.
El núcleo del sistema vasco de ciencia y tecnología lo formamos los agentes de la Red Vasca de Ciencia, Tecnología e Innovación (RVCTI). Somos la oferta de investigación y conocimiento avanzado que busca responder a las necesidades de las empresas y de la sociedad y, en este sentido, tenemos una triple responsabilidad: entender sus necesidades, contestar a sus preguntas y plantearnos nuevas preguntas que nadie nos ha hecho y que abren caminos aún no explorados. Y la verdad es que no podemos hacer nada de esto con propiedad si no somos, nosotros mismos, los principales adalides del cambio.  
Desde hace varios años estamos manejando el concepto de “personas en forma de T” para referirnos a los profesionales que combinan su conocimiento especializado (barra vertical) con capacidades transversales que facilitan la innovación y la conversión de esas capacidades en resultados. Se trata de combinar en un mismo perfil competencias técnicas, relacionales y emocionales. 
Siguiendo la analogía, los incentivos actuales focalizan de una manera muy clara a la Red hacia la especialización en una serie de competencias técnicas alineadas con las apuestas de la Estrategia de Especialización Inteligente (fabricación avanzada, energía, biociencias y salud). Por otro lado, también se refleja un intento claro de mejorar las competencias relacionales de la red actual a través de la medida de indicadores de transferencia al mercado, colaboración entre agentes y colaboración internacional. En otras palabras, se nos pide que crezcamos para llegar a las ramitas más altas y que tengamos el cerebro más grande para optimizar nuestras capacidades de caza. Pero la evolución nos ha demostrado que con esto no es suficiente.
¿Qué pasa con las competencias emocionales? A un profesional del futuro le pedimos que sea empático, que sepa trabajar en distintos entornos culturales, que visualice los resultados, que sepa colaborar, que tenga habilidades para resolver conflictos de forma satisfactoria. 
Este es por tanto el siguiente paso: que la Red desarrolle las competencias emocionales que le permitan pilotar al tejido empresarial y a la sociedad vasca a las más altas cotas de competitividad. ¿Cómo definiremos la fina línea entre ciencia básica e investigación precompetitiva?, ¿y ente la precompetitiva y la aplicada?, ¿cómo solventaremos los solapes naturales entre los agentes?, ¿cómo reaccionaremos a medida que los incentivos actuales se vayan quedando obsoletos ante los nuevos cambios?, ¿cómo fusionaremos actividades que van naturalmente juntas pero que ahora las hacen agentes distintos? Con flexibilidad, con organizaciones ágiles capaces de responder rápidamente a los estímulos del entorno,  con una cultura que no penalice los fracasos, con nuevos incentivos de imagen, de posicionamiento y de reconocimiento exterior, con capacidad de convertirnos en laboratorios vivos de tecnología e innovaciones. Entendiendo que juntos, ganamos todos. Con audacia. Con una Red técnicamente excelente, emocionalmente inteligente y perfectamente integrada. 

 

Ilustración:Pablo Bernasconi

Hacia una nueva era de la manufactura: del MADE IN al MAKING IN

Tras unas décadas marcadas por la deslocalización de las actividades productivas de los países industrializados hacia ubicaciones en países en vías de desarrollo más competitivos en costes, cada vez es más común observar movimientos en sentido contrario, es decir, empresas que cierran sus plantas de producción en terceros países para volver a abrirlas en su país de origen.
 
Es el caso, por ejemplo, de Estados Unidos, que está viviendo un proceso de vuelta de algunas de sus empresas provocado sobre todo por el incremento de los costes laborales en los países emergentes, el incremento de los costes del transporte y de los combustibles, la caída de los precios del gas natural dentro del país y la necesidad de llegar antes a los clientes y responder a sus necesidades de una forma más ágil y personalizada. Empresas como Caterpillar, Ford, Apple o Whirlpool entre otras empiezan a hacer movimientos de vuelta de su producción a los Estados Unidos. Estos movimientos cuentan con el apoyo de la administración Obama que entre otras medidas se ha planteado premiar con reducciones de impuestos a las empresas que lleven de vuelta al país sus centros de producción, invertir más de 2 mil millones de dólares en I+D en fabricación avanzada y alrededor de mil millones más en crear una red nacional que dé soporte a esta actividad.  
 
La vuelta de los centros de producción a sus países de origen está impulsada también por el cambio de paradigma que resitúa a los países en nuevas posiciones dentro del escenario global. Países como China están cambiando su modelo productivo y dentro de las medidas que están tomando se encuentra por ejemplo la eliminación de subsidios a las empresas extranjeras y las ventajas fiscales para la atracción de inversiones (la inversión extranjera cayó en China un 3,7% durante el año 2012).
 
Que la actividad de manufactura regrese a sus países de origen no es una tendencia despreciable. En 2012, el sector en Europa supuso un volumen de negocio de 7 mil billones de euros y un empleo estimado directo de 30 millones de personas, que se triplicaba al tener en cuenta también los indirectos generados. Además los bienes de manufactura suponen el 80% de las exportaciones totales y el 80% del gasto en I+D también procede de este sector.
La razón principal que subyace a estos movimientos de los centros de producción de un país a otro no es otra que un cambio radical en el concepto de manufactura. De ser una actividad compuesta sobre todo por acciones de bajo valor añadido donde primaba la competitividad derivada de los factores, la manufactura está pasando a ser una actividad singular dentro de la producción, donde el conocimiento y la innovación están tomando cada vez mayor protagonismo. Ya se apunta a que algunos de los principales drivers de la fabricación del futuro van a ser la escasez de materias primas, la disponibilidad de grandes datos y la personalización de los productos.
 
Respecto a este último, se espera que la personalizaciónimplique una demanda conjunta de productos y servicios que obligue a los productores a trabajar en estrecha colaboración con los proveedores de servicios y que, adicionalmente, suponga una oportunidad para el desarrollo de nuevas tecnologías de producción como la robótica y la fabricación aditiva (ver cuadro). Esta personalización se refleja también a nivel geográfico: en la medida en que se demanden productos con características diferentes de unas regiones a otras que, además estarán sujetos a diferentes normativas y políticas de precios, se requerirá de una personalización en masa que abre una oportunidad al tratamiento de grandes datos (big data). En la medida en que la fabricación sea capaz de obtener y manejar grandes cantidades de datos mediante herramientas apropiadas, contará con una fuente muy valiosa de información para entender y optimizar sus cadenas de valor.
La irrupción del concepto Fabricación Aditiva (Additive Manufacturing), que manipula material a escala micrométrica y lo deposita capa a capa hasta dar forma a un objeto sólido previamente diseñado, permite a las empresas la personalización de sus productos, evitando la necesidad de aprovechar economías de escala en la producción de sus productos, de forma que supone el mismo coste para un productor producir la primera unidad que producir cualquier otra. Pero también aporta otras ventajas añadidas sobre la forma tradicional de producción como la posibilidad de hacer una réplica exacta del modelo buscado desde la primera aproximación, la posibilidad de integrar distintas geometrías y materiales en un mismo objeto (por ejemplo aleaciones de titanio, aluminio, níquel y cromo en una sola pieza de manera que una parte pueda estar optimizada para la fuerza y otra para resistir temperaturas altas) y en general, nuevas funcionalidades a costes más bajos que en el proceso tradicional.    
La vuelta de la fabricación a los países de origen no significa solamente un movimiento físico de los centros de producción de un lugar a otro. Implica también y sobre todo un nuevo concepto de fabricación más productiva y con un impacto menor sobre el entorno físico (residuos, ruido, contaminación) que se fundamente sobre nuevas tecnologías de fabricación sostenibles, tecnologías de la información y la comunicación y tecnologías de fabricación de alto rendimiento. Se espera que los centros de fabricación se organicen alrededor de procesos eficientes energéticamente, usen materiales sostenibles y se fundamenten sobre modelos de negocio completamente innovadores como los basados en la simbiosis industrial.
De la misma manera, nuevas formas de fabricación implican nuevos perfiles de trabajadores, nuevas capacidades y probablemente nuevos modelos de relaciones laborales que tienen en la innovación no tecnológica un campo abonado para su desarrollo y en la colaboración empresa-universidad-educación, su mejor aliado. Esta puede ser probablemente la respuesta a las voces críticas con este movimiento de vuelta a casa de la producción (por poner un ejemplo, la Oficina de Estadística Laboral de Estados Unidos acaba de publicar los datos de la industria de confección y el número de personas empleadas en marzo de 2014 es menos de la mitad del que era hace diez años, incluso tiene un 6% de caída frene a los datos de 2013, lo que contradice claramente la teoría de la vuelta a casa de este tipo de puestos de trabajo). Incluso dejando aparte industrias concretas y centrando el argumento en la generalidad, parece que el escepticismo está justificado: los datos de la iniciativa industrial norteamericana Reshoring Iniciative (Bringing Maufacturing Back Home) apuntan a que desde 2010 el número de empleos que se han relocalizado en Estados Unidos apenas alcanza los 50 mil.
 
Así, parte de la explicación de esta aparente incongruencia puede radicar precisamente en los nuevos perfiles y capacidades que requiere la nueva fabricación: no se trata tanto de retornar al empleo masivo de mano de obra en ocasiones poco cualificada, sino de atraer a personas con formación específica para dar respuesta a esta nueva situación y a los requerimientos que conlleva.
 
Existe otro factor importante que no podemos olvidar a la hora de describir la nueva era de la fabricación avanzada: la demanda. Por un lado, es un hecho incuestionable que la demanda de bienes de consumo se incrementa continuamente alimentada por una clase media emergente de los países que están viviendo un rápido crecimiento de sus economías. Se estima que solamente desde 2013 en Asia y África ha podido surgir una demanda potencial de casi 2 mil millones de personas. Además, una parte muy importante de la población se está concentrando alrededor de áreas urbanas, muy cerca de los centros de producción de bienes. Por otro lado no solamente existe una demanda creciente, sino que además el comportamiento de los consumidores no para de evolucionar: existe una conciencia creciente de las personas acerca del impacto medioambiental o de las consideraciones éticas implícitas en la fabricación de los bienes que consumen.
Algunos de estos rasgos de la fabricación del futuro siguen siendo a la vez importantes barreras a salvar en cuanto que, por ejemplo, muchos gobiernos aún no hayan tomado medidas para que desde el sistema educativo pueda darse respuesta a esta demanda de conocimiento que se avecina o que todavía no exista una postura generalizada entre los productores hacia las inversiones que potencien la eficiencia energética, la innovación en procesos o el uso de nuevos materiales, probablemente en parte debido a la dificultad de las empresas para obtener financiación que soporte estos cambios necesarios   
 
 
 
 
Algunas fuentes consultadas:
  • European Commission. “Advancing Manufacturing- Advancing Europe- Report or the Task Force on Advanced Manufacturing for Clean Production”. SWD (2014) 120 final
  • Forbes. (www.forbes.com)
  • Reshoring Initiative – Binging Manufacturing Back Home (http://reshorenow.org/)
  • The Washington Post.  (http://www.washingtonpost.com/)
  • US Bureau of Labor Statistics. United States Department of Labor. (http://www.bls.gov/)

 

La industria que viene. Izan zirelako, gara; garelako, izango dira

El pasado

Porque fueron, somos. Porque somos, serán. Este proverbio me encanta. En los últimos meses me ha servido como hilo conductor para explicar  en Egipto, en Perú, en Ecuador y en Colombia entre otros lugares cómo ha ido evolucionando la industria vasca desde el siglo XVIII hasta hoy.
 
Confieso que siento un cosquilleo de orgullo mientras repaso la industria siderúrgica del XIX, las medidas que permitieron a Euskadi remontar la terrible crisis de los 80, la construcción de los parques tecnológicos vascos, el compromiso vasco por la innovación, el nacimiento de los grandes grupos empresariales, los clusters,  los Centros de Investigación Cooperativa, los BERCs, la fusión de Tecnalia y, en definitiva, todas esas piezas que poco a poco han ido construyendo lo que somos hoy. Casi como si fuera un poquito mío, aunque mientras se cocían muchas de estas grandes decisiones yo todavía llevaba dos coletas y todas las noches Casimiro me mandaba a la cama. (1)  Me gusta contar esta historia, es una historia bonita.
 
El presente
 
Hoy miramos alrededor y resulta que la situación de la industria vasca en 2013 no es una historia tan bonita. Los principales sectores, los que tienen más peso sobre el Producto Interior Bruto acaban de darnos un buen susto con unas tasas de crecimiento interanual del Índice de Producción Industrial que muestran unas caídas de hasta el 22% a noviembre de 2012.
 
Fuente: elaboración propia a partir de los datos de Eustat (2).
 
En general sufrimos una descapitalización del valor tecnológico alto en nuestra estructura industrial, tanto en términos de su peso sobre el VAB como en su compromiso de gasto en I+D. Necesitamos apostar por la industria de alto valor añadido y, en general, incrementar  el contenido tecnológico del conjunto:
                                        Fuente: elaboración propia a partir de los datos de Eustat (2).
 
 
Una consecuencia lógica de tener una estructura industrial que no despega en cuanto a contenido tecnológico alto es que nuestras exportaciones de nivel tecnológico alto tampoco despegan, lo que afecta directamente a nuestra competitividad. Lo que podéis ver en el siguiente gráfico es el peso porcentual por contenido tecnológico sobre el total de nuestras exportaciones:
 
Fuente: elaboración propia a partir de los datos de Eustat.
 
 
Y ligada muy estrechamente a estas debilidades surge la siguiente: necesitamos incrementar el número de empresas industriales de nivel tecnológico alto, en general, y especialmente en el caso de las PYMEs:
Fuente: elaboración propia a partir de los datos de Eustat.
 
 
 
El futuro
 
Lo malo de arrojar gráficos y datos de esta manera es que uno los ve y se le caen las orejitas hasta el suelo, como al Conejo de la Suerte. ¿Y ahora qué?.
Hay un par de claves que me parecen especialmente interesantes y que podrían servir para transformar nuestra industria vasca y ayudarla a avanzar.
 
CLAVE. Desarrollo Tecnológico.
 
Si cogemos algunos de los países más competitivos a nivel mundial y analizamos la distribución de su gasto en I+D+i, encontramos un interesante equilibrio que se decanta hacia las actividades de desarrollo tecnológico.
Fuente: elaboración propia a partir de los datos de OECD (3)
 
Esta relación país competitivo-foco en desarrollo tecnológico es bastante lógica. Las industrias competitivas son las que tienen una cuota de mercado por encima de la media, es decir, las que venden más, las que disponen de procesos y de productos más atractivos. Y los procesos y los productos atractivos e innovadores son normalmente resultado de desarrollos tecnológicos provenientes de actividades de investigación previas. Más desarrollo tecnológico, más resultados, más competitividad.
 
¿Cómo funciona este esquema en Euskadi?
Fuente: elaboración propia a partir de los datos de Eustat
 
Tanto en empresas, como en administración pública y enseñanza superior, el foco en Euskadi está centrado en la investigación aplicada. Curiosamente (o no tanto) si investigamos un poco más dentro del grupo de empresas, las manufactureras con nivel tecnológico elevado rompen esta dinámica y se acercan más al desarrollo tecnológico. El propio mercado las está llevando ahí. Se me ocurre que los demás (centros tecnológicos y universidades principalmente) deberíamos acompañarles aún más en esta tendencia y volcar nuestros esfuerzos en que el conocimiento y la tecnología se conviertan en resultados que se puedan comercializar, que se puedan exportar y que aporten valor añadido. 
 
Os recomiendo un artículo fabuloso de Stephan Theil (4) que habla de cómo Alemania ha desarrollado un eficiente sistema de transferencia de tecnología desde los laboratorios de investigación hasta las plantas de producción: “De la universidad a la industria, el éxito alemán”. Este artículo contiene afirmaciones tan interesantes como esta: “una de las razones principales del éxito alemán reside en que la nación ha sabido canalizar sus logros en investigación para escalar en la carrera tecnológica, centrándose en la obtención de productos y procesos difíciles de copiar o de abaratar con salarios bajos”.
 
CLAVE. Manufacturing.
 
Hay una frase muy graciosa que dice que cuando copias a uno es plagio y cuando copias a muchos es investigación.  Ver qué está pasando en las industrias de otros países, analizarlo y extrapolar las lecciones que se ajusten a nuestra realidad es una práctica interesante de la que podemos aprender mucho.
 
Por ejemplo, además de un eficaz sistema de transferencia a la industria, Alemania tiene una industria que pivota en gran medida sobre sectores industriales con nivel tecnológico alto (automoción, química, aparatos ópticos) todos ellos articulados en torno a empresas de buen tamaño orientadas al mercado global. Además, durante la época de vacas gordas aprovechó para invertir en equipamientos y tecnologías lo que le ha dotado de una capacidad de resistencia ante la crisis mayor que otros países, como España. Esta estructura le ha permitido entre otras cosas mantener una parte importante de su producción dentro del país y con ella, los puestos de trabajo asociados.
 
Alemania no es la única que se plantea conservar la producción dentro de su territorio. Estados Unidos está viviendo un importante “regreso a casa” provocado entre otras cosas por el incremento de los costes laborales en los países emergentes, el incremento de los costes del transporte y de los combustibles, la caída de los precios del gas natural en el país y la necesidad de llegar antes a sus clientes y responder a sus necesidades de una forma más ágil. La administración Obama se está planteando premiar a las empresas que traigan de vuelta al país sus centros de producción con descuentos de hasta el 20% en sus impuestos. Ayuda mucho también que países como China estén cambiando su modelo productivo y empiecen a eliminar los subsidios y las ventajas fiscales para atraer inversión extranjera (ésta ha caído el 3,7% en China durante el año 2012). Como muestra, un botón: Tim Cook, Ceo de Apple anunció hace unos meses que en breve trasladarán algunas líneas de producción de su Mac de nuevo a territorio norteamericano. (5) 
 
Es el momento de usar todo ese conocimiento y esa tecnología que llevamos años sembrando en Euskadi y ponerla al servicio de la industria vasca. Cada vez más se pone en marcha un proceso de intensificación del uso de los recursos basados en el conocimiento por parte del tejido productivo y de la transformación de su especialización. Este proceso se refleja en el aumento del porcentaje de trabajadores en ocupaciones altamente cualificadas. El último informe BBVA-IVIE (6) nos lo dice de forma clara: “el uso de los factores ligados al conocimiento está mejorando la productividad de las empresas en plena crisis
 
¿Por qué es importante reindustrializar Euskadi?
 
  • §  Porque los países con mayor nivel de desarrollo son precisamente aquellos que tienen una base industrial más sólida
  • §  Porque sin una base industrial fuerte muchos servicios no van a poder sobrevivir (servicios financieros y comerciales, servicios de transporte, servicios de consultoría, de ingeniería, de diseño…)
  • §  Porque el nuevo concepto de empresas industriales manufactureras empoderan a las PYMEs y pequeños emprendedores que pueden ofrecer valor añadido para abaratar el lanzamiento de nuevos productos (impresoras 3D, tecnologías de digitalización de manufacturas…).

Y para finalizar, si has llegado leyendo hasta aquí claramente te mereces un premio 🙂 En relación a este último punto, cada vez hay más comunidades que ofrecen en línea servicios de producción de este estilo en un movimiento que The Economist ha bautizado como Social Manufacturing. El artículo en el que acuñan este término revela una serie de claves para la reindustrialización de los países desarrollados que merece la pena tener en cuenta. Ahí va el premio: http://www.economist.com/node/21552901
Para saber más:
 
(1) Si quieres saber quién era Casimiro: http://www.youtube.com/watch?v=wbfQ71hMr_k
(2) Si quieres consultar las estadísticas de Eustat: http://www.eustat.es/idioma_c/indice.html#axzz2Ip061rOg
(3) Si quieres consultar las bases de datos de OECD: http://stats.oecd.org/
(4) Si quieres leer el artículo de Stephan Theil: “De la Universidad a la Industria: el éxito alemán”. Publicado en Investigación y Ciencia (Diciembre 2012), hay un avance aquí: http://www.investigacionyciencia.es/investigacion-y-ciencia/numeros/2012/12/de-la-universidad-a-la-industria-el-xito-alemn-10655
(5) Si quieres ver y escuchar la entrevista completa a Tim Cook, puedes hacerlo aquí: http://video.msnbc.msn.com/rock-center/50112247#50112247
(6) Si quieres consultar el informe BBVA – IVIE 2012 sobre Crecimiento y Competitividad puedes descargarlo de aquí: http://www.fbbva.es/TLFU/dat/Informe%202012_FBBVA_Ivie.pdf