El camino más rápido hacia el futuro

Adivinanza: es como los buenos perfumes: elegante, discreto y silencioso, y como los mejores aromas, también viene en frasco pequeñito. Es amigo del medio ambiente y dentro de unos años se moverá por nuestras ciudades dejando un rastro de progreso y de aire limpio. Y no solo eso, la introducción de este pequeño trozo de futuro en nuestras vidas implica una oportunidad de oro para la industria en su conjunto y una ocasión inigualable para que nuestro Gobierno ejerza su capacidad de liderazgo impulsando el desarrollo y la implantación masiva del coche eléctrico en nuestro país.
Como todas las novedades, el coche eléctrico despierta entusiasmo y también suspicacias. Vale, es ecológico, sostenible y soluciona el problema de la dependencia de los combustibles fósiles, pero ¿qué ganamos nosotros como país apostando por el coche eléctrico?
Desde el punto de vista de la economía de un país, existe un importante consenso en afirmar que el desarrollo y la implantación del coche eléctrico suponen una oportunidad muy valiosa para la creación de valor añadido en el tejido productivo y en la economía en su conjunto. La explicación es muy sencilla: el impacto económico del vehículo eléctrico no se limita al ahorro energético, sino que la penetración a gran escala del mismo implica el desarrollo de industrias que generan tecnologías asociadas a la producción de vehículos, la fabricación de baterías, el reciclaje, el desarrollo de infraestructuras de soporte y un crecimiento considerable de la actividad de investigación y desarrollo en varios campos. Además el crecimiento de la actividad industrial está estrechamente ligado al empleo de calidad y a la generación de riqueza, creando un impacto real y considerable sobre la economía del territorio donde se implante.
Sin embargo el vehículo eléctrico no supone una oportunidad únicamente para la automoción y la energía. De una u otra manera, esta elección hacia la movilidad sostenible beneficia a otros sectores estratégicos para el futuro de este país, tales como la nanotecnología o la biotecnología, así como otros más transversales como materiales o TICs.
Oportunidades para el sector energético:
Si hay un sector en el que la entrada del coche eléctrico supone un universo de nuevas oportunidades, ese es el sector energético vasco. Desde el punto de vista de la investigación y el desarrollo, y a modo de ejemplo, existe una clara necesidad de impulsar las tecnologías necesarias para la producción de hidrógeno y pilas de combustible. Por otro lado, el impacto de la integración de los vehículos eléctricos en las redes de distribución actuales implicará la necesidad de adaptar estas redes desde los puntos de carga hasta los sistemas de control, hecho que, sin duda, tendrá un impacto importante en las necesidades de gestión y de control de calidad de la red eléctrica. Además, tanto la reducción de costes, como el aumento de la durabilidad de las baterías como la optimización de la eficiencia del coche eléctrico pasan hoy en día por la necesidad de disponer de un sistema de almacenamiento de energía adecuado. Existen, por tanto, oportunidades claras en la investigación para la obtención de sistemas de baterías seguras y asequibles con prestaciones óptimas o para la modernización de los sistemas de redes y componentes entre otras.
Desde el punto de vista de la eficiencia energética, la actividad de I+D orientada a la mejora de redes inteligentes lleva inherente la generación de una ventaja comparativa de gran importancia para el País Vasco: una investigación del Gobierno de los EEUU demuestra que el 73% de los vehículos ligeros domésticos podrían ser reemplazados por vehículos eléctricos sin necesidad de capacidades adicionales cuando el vehículo eléctrico se complemente con una red inteligente que gestione óptimamente el flujo de electricidad disponible. Los vehículos eléctricos pueden cargarse de energía generada a través de fuentes renovables en horarios de demanda baja y servir como sistemas de almacenaje que distribuyen energía cuando es necesaria en horas de mayor demanda. Así, un sistema eléctrico puede tomar ventaja de la electricidad infrautilizada reduciendo el consumo de combustibles fósiles y facilitando nuevos recursos para el desarrollo de las energías renovables.
Oportunidades para el sector de la automoción
La mayor parte de las oportunidades para el sector de la automoción se derivan del desarrollo de coches con combustibles alternativos, de la exploración de nuevos mercados, del diseño de vehículos con bajo consumo de combustible y del desarrollo de nuevas tecnologías. Muchas de las competencias que requiere la construcción de vehículos eléctricos no pueden cubrirse con los procesos tradicionales de la automoción, lo que requiere de una profunda reflexión acerca de los sistemas de diseño de vehículos para adquirir competencias nuevas.
En este sentido, existe una oportunidad clara en la I+D en automoción para conseguir una reducción de costes en el powertrain eléctrico y una mejora de su eficiencia. También para la obtención de soluciones eficientes para los componentes auxiliares de los vehículos (calefacción, sistema de refrigeración, dirección, sistema de frenado) y para la mejora de la arquitectura de los sistemas en general.
Oportunidades para el sector de las nanotecnologías.
La apuesta de futuro por el coche eléctrico abre un horizonte de oportunidades para el sector de las nanotecnologías en el lanzamiento de nuevas líneas de investigación en nanoestructuras que permitan entre otras aplicaciones el desarrollo de baterías, condensadores, conductores, conmutadores y otros dispositivos de acumulación y almacenamiento con comportamientos más eficientes que los actuales.
Oportunidades para el sector de la electrónica aplicada al transporte y las TICs.
El sector de la electrónica avanzada aporta a los modelos de transporte fundamentados en vehículos eléctricos una ventaja comparativa importante desde el punto de vista de mayor eficiencia, mejora en la gestión de la complejidad de los nuevos vehículos y las infraestructuras necesarias para su implantación, y también en la reducción de costes. Un ejemplo de oportunidad puede venir de la mano de la investigación y el desarrollo de la electrónica de potencia para los vehículos eléctricos, con aplicación en el desarrollo de fuentes de alimentación y en el control de los motores eléctricos.
Por su parte, las tecnologías de la información y la comunicación ya están jugando un importante papel en el desarrollo del coche eléctrico a través de las aportaciones a la tecnología de baterías realizadas desde el desarrollo de la telefonía móvil y los ordenadores portátiles. Aprovechando el carácter transversal de estas tecnologías, surgen oportunidades interesantes en la aplicación de las mismas, por ejemplo para optimizar la gestión del tráfico y la intermodalidad entre los diferentes tipos de transporte, para gestionar y controlar la carga de la batería o para desarrollar sistemas de a bordo y sistemas de comunicación vehículo- red que permitan localizar puntos de carga u ofrezcan información al conductor sobre el estado de la batería.
El desarrollo y la aplicación de sistemas inteligentes en general tienen una gran importancia en la implantación del coche eléctrico aportando ventajas diferenciales desde varios puntos de vista; el roadmap europeo para la electrificación de la movilidad urbana y el transporte identifica como prioridades de actuación de los sistemas inteligentes la actividad de I+D en sistemas de almacenamiento de energía, integración de sistemas, integración de redes, seguridad, sistemas de transporte y tecnología drivetrain. En general, los sistemas inteligentes aportan a los vehículos eléctricos mejoras en la seguridad, proveen a los motores eléctricos de controles adaptados y de convertidores electrónicos de potencia y mejoran la transmisión de energía entre baterías, pilas de combustible, motores y redes
Oportunidades para el tejido empresarial y la creación de redes de colaboración
La integración del coche eléctrico en la realidad de este país abre una batería de oportunidades interesantes en general para el conjunto del entramado empresarial. Estén o no estén directamente relacionadas con el desarrollo y la implantación del coche eléctrico, el uso de este medio de transporte en la actividad de las propias empresas permitirá reducir los costes de transporte de las mercancías derivados de la sustitución de combustibles tradicionales por la electricidad. En el caso de las empresas de servicios, por ejemplo, se abre un importante nicho de negocio en la oferta de vehículos eléctricos a sus clientes reforzando la dimensión de responsabilidad social corporativa de estas empresas y su compromiso con el medio ambiente y la eficiencia energética.
Por otro lado, la construcción de una oferta articulada que permita la integración efectiva del coche eléctrico abre una importante oportunidad de creación de redes de colaboración público privadas. En el caso del coche eléctrico esta oportunidad puede concretarse en acuerdos entre fabricantes de vehículos, proveedores y centros de investigación; en el caso del sector energético en acuerdos entre productores, distribuidores y comercializadores. En todo caso existen múltiples ejemplos de colaboración exitosa para el desarrollo y la implantación del coche eléctrico como es el caso de Renault, Nissan y el Proyecto norteamericano Better Place para la producción a gran escala de vehículos eléctricos.
Oportunidades para la creación de nuevos perfiles de empleo
La investigación en los componentes del vehículo eléctrico, y en la optimización de la infraestructura y los sistemas (incluyendo baterías, puntos de carga, estaciones de cambio de batería, tecnologías de redes, etc), los ensayos a gran escala y en general la actividad de generación de conocimiento y de propiedad intelectual y la transferencia de la misma al tejido productivo, derivarán en la creación de nuevos perfiles de empleo de calidad en gestión, ingeniería y construcción que contribuirán a la atracción y a la retención de talento con el consiguiente impacto económico y social sobre el país.
El éxito del desarrollo y la implantación del vehículo eléctrico en un país implican la necesidad de una estrategia coordinada de actuación entre al menos tres grandes grupos de interés: la industria del automóvil para el desarrollo de vehículos eficientes; la industria energética incluyendo generación, distribución y comercialización, y también las capacidades necesarias para la creación de la infraestructura que posibilite la implantación del vehículo eléctrica, y la administración pública como impulsora del desarrollo y la implantación de los vehículos eléctricos de forma masiva.
En este sentido, ya existen importantes precedentes que ilustran la importancia de la administración pública en el éxito de la implantación del vehículo eléctrico como el caso del Gobierno de Dinamarca que con la introducción del vehículo eléctrico ha solucionado su problema de aprovechamiento de la energía eólica cargando las baterías de los coches en horas de producción alta y baja demanda o la iniciativa del Gobierno de Israel para el impulso del coche eléctrico promoviendo la cooperación entre grandes multinacionales de automoción y empresas y laboratorios del país.
Existe una clara oportunidad de la mano de la administración pública para apoyar la entrada masiva del coche eléctrico en el mercado a través de múltiples acciones como facilitar la compra de vehículos eléctricos a través de incentivos fiscales y subvenciones, apoyar y coordinar la creación de consorcios público-privados con empresas, centros de investigación y otros agentes para la generación, desarrollo e implantación en el mercado de las nuevas tecnologías necesarias para hacer del coche eléctrico una realidad, definir acciones e instrumentos programáticos que prioricen la investigación y, en general, las acciones encaminadas a la realización de proyectos orientados al desarrollo e implantación del vehículo eléctrico, concienciar a la sociedad de las ventajas de este medio de transporte, así como sus beneficios individuales y sociales e implicarla en su compromiso con el medio ambiente y actuar como prescriptora en el uso del vehículo eléctrico a través de la compra del mismo para usos públicos y/u oficiales.
En todo caso parece claro que apostar por el coche eléctrico no es únicamente apostar por una realidad más sostenible y más limpia, sobre todo es una oportunidad que no podemos dejar pasar para contribuir a crear un nuevo modelo productivo, con sectores de mayor nivel tecnológico, con empleos de calidad, y en definitiva, con un importante impacto sobre nuestra economía. Nunca mejor dicho, nuestro transporte hacia el futuro.

La oportunidad de crear un nuevo sistema vasco de ciencia y tecnología

Si hay algo cierto en el contexto globalizado en el que vivimos es que crisis y oportunidad son dos caras de la misma moneda. Y el País Vasco no es ajeno a esta realidad; como en el resto del mundo, la evolución de nuestra economía viene de la mano de un cambio tecnológico veloz y de una eliminación de las distancias y las barreras físicas que configuran un nuevo tablero de juego que exige de los agentes públicos y privados una importante capacidad de reacción, de flexibilidad y de adaptación a la nueva realidad.
Un entorno global es, desde todos los puntos de vista, un entorno repleto de oportunidades que, en su mayor parte están implícitas en la incorporación de innovación, tecnología y conocimiento a la cadena de valor productiva, así como en el aprovechamiento de las grandes tendencias de mercado a medio y largo plazo que permitan la obtención de ventajas diferenciales. Tenemos, por tanto, que ser muy conscientes de que nuestra ventaja competitiva ha de residir fundamentalmente en la capacidad degenerar valor añadido liderando procesos globales de innovación, creando nuevos productos y servicios para el mercado y generando conocimiento y tecnología que se configuren como factores impulsores del cambio. Parece lógico por tanto pensar que esta adaptación tenga que pasar forzosamente por la adaptación del sistema de ciencia, tecnología e innovación a esta nueva realidad.
Esta adaptación implica el compromiso de todos los agentes para favorecer un espacio competitivo a través de un modelo integrado de actuación que responda a los objetivos de transición hacia un modelo productivo, basado en actividades innovadoras y con impacto real sobre el conjunto de la actividad económica. El objetivo de impulsar la competitividad de nuestra economía precisa de una estrategia centrada en la creación de las condiciones y las capacidades que refuercen al conjunto del sistema y que den pie al surgimiento de un nuevo paradigma de crecimiento y de creación de valor.
La nueva filosofía de actuación por tanto debería apoyarse en un vector clave: la internacionalización del sistema productivo y, en especial, del sistema de ciencia, tecnología e innovación, tanto en su vertiente de proyección exterior como en la de atracción del conocimiento desarrollado en otros lugares, o sobre la necesidad de optimizar sus actuaciones a través de la identificación y puesta en marcha de las sinergias y acciones de cooperación que tengan un efecto multiplicador en la creación de valor.
La experiencia nos dice que los países más abiertos y mejor conectados son precisamente los que mejor afrontan las crisis y mejor aprovechan las oportunidades. En este sentido, la proyección exterior supone un potencial importante de innovación y desarrollo para la práctica totalidad del tejido productivo del país. Así, para poder aprovechar todo el potencial de la internacionalización, es necesario contar con un sistema de innovación ágil y con capacidad de respuesta, una orientación clara que tenga como principal aliado al mercado y, sobre todo, una actitud abierta a los procesos cooperativos entre los diferentes agentes públicos y privados.
La capacidad de innovar depende en gran medida de la habilidad que los agentes tengan para interactuar entre ellos. Y esta interacción es clave para la creación de entornos innovadores en los que los resultados de la actividad científica y tecnológica se conviertan en valor real para la economía. En este sentido, la apuesta por un tejido científico, tecnológico y empresarial bien articulado que trabaje en colaboración consolida por un lado la apuesta por un nuevo tejido industrial diversificado en sectores de futuro y por otro, la oportunidad de llevar hasta el mercado el resultado de la investigación realizada dentro y fuera de nuestras fronteras.
El salto cualitativo que precisamos hacia un renovado sistema de ciencia, tecnología e innovación sólo será posible a través de la innovación, que en última instancia es la forma de convertir los retos en oportunidades de futuro: convertir el reto de un cambio de ciclo en la oportunidad de generar más conocimiento y aumentar el potencial de creación de riqueza; convertir el reto de la competencia creciente en la oportunidad de crear nuevas redes de colaboración y acceder a nuevos mercados y nuevas tecnologías y, en definitiva, convertir el reto de la deslocalización en la oportunidad de catalizar la necesidad de cambiar y de focalizarse en las actividades que generen mayor valor añadido para el tejido productivo de este país.

De cómo incordiar innovando



Lunes, País Vasco; Martes, Avignon (Francia); Miércoles, Verona (Italia); Jueves, Fazana (Croacia); Viernes por la noche: mi Visa bloqueada.

Son las once de la noche. Estoy en un restaurante a dos mil kilómetros de mi casa, sin hablar una palabra de Croata y delante de un camarero que me devuelve la tarjeta porque no funciona y me mira de forma sospechosa. Mientras le pongo cara de buena, la persona al otro lado del teléfono me responde impasible que mi tarjeta registra movimientos en varios países diferentes en pocos días y que la han bloqueado por mi seguridad. Así, sin más. Porque ellos lo valen…
Hemos pasado de la producción de productos y servicios para un consumo de masas, a un mercado «a la carta», en un intento de personalizar la relación con el cliente para poder cubrir sus necesidades específicas. Dicho de otra manera: antes se producían bienes y servicios para el consumo de masas y ahora se crean necesidades que los clientes no tenían y se le ofrecen soluciones personalizadas para cubrir esas necesidades que realmente no tienen pero que creen que sí (seamos sinceros, ¿de verdad necesitamos un ipod con radio incorporada y además un teléfono móvil con la misma radio y que encima saca fotos y además una cámara de fotos digital que saca las mismas fotos que el móvil, quién a su vez nos permite escuchar la misma radio que el ipod?…¿de verdad?)
La producción en masa personalizada (mass customization) ya viene dando guerra como concepto desde 1987, cuando fue acuñada por Stanley Davis en su trabajo «Future Perfect». En muchas ocasiones la producción personalizada es la respuesta de las empresas a la necesidad de buscar nuevos «océanos azules» en un intento de encontrar nuevos nichos de mercado que les permita librarse de las luchas encarnizadas con la competencia en el mismo nicho de mercado a costa de reducir los márgenes de beneficio al límite. La especialización se convierte en este caso en un arma de crecimiento y supervivencia, abandonando las economías de escala para adelantarse a las necesidades de los consumidores. Adaptarse o morir.
Hay varias ventajas obvias de este tipo de especialización personalizada. En primer lugar la posibilidad de diferenciarse a través de la individualidad: los productos creados para un consumidor específico no suelen entrar en guerras de precios y permiten márgenes comerciales más amplios que aquellos dirigidos a un público general. Además, el conocimiento directo de las necesidades del consumidor hace que el producto responda más eficientemente a lo que éste desea y reduce la posibilidad de que se acabe acumulando en stocks interminables con los costes directos e indirectos que conlleva el almacenamiento.
Probablemente una de las ventajas más obvias y también más importante es la fidelización del cliente, en tanto que una relación más personalizada implica un mayor conocimiento del cliente y una posibilidad más alta de que se quede con esa empresa y no tenga tentaciones de acudir a la competencia. En su lado más amable, esta relación «de aprendizaje mutuo» permite que el grado de satisfacción de la empresa y del cliente sea mayor y como ventaja colateral, abre la puerta a la posibilidad de ofrecer nuevos productos y servicios que tengan una alta probabilidad de adecuarse a los gustos de ese cliente, y por tanto una alta probabilidad de ser vendidos. Además, disminuyen los incentivos por parte del usuario de buscar un nuevo proveedor y tener que reiniciar el proceso de conocimiento mutuo. Es un proceso de optimización continuada. Innovación pura y dura.
Así que he descubierto que mi problema con mi banco no es en realidad un problema: es un proceso de optimización creativa y sistemática. Mi banco es un banco innovador que asume que dejarme sin fondos cuando viajo me hace feliz, asume que activarme una tarjeta que no he pedido y cobrarme una pasta por ella me hace feliz, asume que llamarme todos los días a media tarde para ofrecerme un crédito maravilloso que tampoco necesito me hace feliz. Mi banco me llama «Doña Eva» una media de siete veces por minuto cuando llamo por teléfono para quejarme de todas estas cosas y me dice que todo lo que hace, lo hace para darme un servicio mejor. Y yo tengo que morderme la lengua para no decirle: «Don Banco, por favor, deje de incordiar…digo…de innovar».

Kiss crisis good bye

 
 

Durante la crisis de principios de los años 90 la venta de barras de labios creció un 10% y tras el 11-S este indicador prácticamente se duplicó. Se llama «efecto lipstick» y sostiene que a medida que se aproxima una crisis económica y aumenta la incertidumbre sobre el futuro, las ventas de barras de labios se disparan. En España el año pasado el consumo de barras de labios aumentó un 6% y marcas como L’Oreal o Maybelline New York crecieron por encima de la media del mercado. Está claro: la crisis se ha pintado la boquita de carmín y ha llegado a Euskadi-Made-In para contarlo. Y nosotros con estos pelos.

Aunque en 2008 la CAPV ha sido una de las dos únicas comunidades autónomas con crecimiento de la industria (la otra ha sido Navarra) y la fortaleza de nuestro tejido industrial nos ha dado un pequeño respiro frente al resto del país, casi nadie se cuestiona ya la realidad de la crisis. En el último trimestre del año pasado comenzaron los primeros indicios de destrucción de empleo en Euskadi y el PIB se contrajo casi un 1,1% respecto al trimestre anterior.  Las voces convencidas de que la crisis nunca iba a llegar aquí cada vez hablan más bajito, nos ha pillado tan descuidados que no sabemos muy bien ni cómo ha sido ni qué tipo de crisis estamos viviendo, ni cómo saldremos de ella. 
1. ¡Queremos hacerlo!…
Decía el Gran Maestro ruso Savielly Tartakower que táctica es saber qué hacer cuando hay algo que hacer y estrategia es saber qué hacer cuando no se puede hacer nada. Teniendo en cuenta la situación de los mercados financieros, el número de países que están en recesión (y los que se le añadirán durante este año),  y las noticias que invaden nuestros periódicos cada mañana anunciando nuevos expedientes de regulación, parece que existe un riesgo real de que las empresas vascas centren sus recursos y sus esfuerzos en solventar problemas de primera necesidad directamente relacionados con su actividad productiva, descuidando su compromiso con la actividad de I+D; existe un riesgo real por tanto de que el tejido empresarial vasco dé un paso atrás en relación a su actividad de I+D. O dicho de una forma más clara: es el momento de pensar en una buena estrategia.
Lo primero que necesita una estrategia es una razón de ser, un objetivo; y el objetivo en este caso es generar valor añadido de forma intensiva, que repercuta y active todas las dimensiones que conforman nuestra realidad (económica, empresarial, social, etc.) y que venga de la mano de todos los agentes que articulan el sistema científico tecnológico de este país. Queremos hacerlo.
2. ¡podemos hacerlo!…
En  los años 80, agotado el modelo de crecimiento vigente y con el país inmerso en una importante crisis económica y social, Euskadi afrontó su primera gran transformación con una estrategia industrial de largo alcance que apostó por asegurar un contexto macroeconómico estable, mejorar las capacidades microeconómicas y adquirir conocimiento como llave para el crecimiento económico y la competitividad del conjunto del país. ¿Resultado? El PIB creció por encima de la media del Estado, aumentaron los niveles de empleo y se creó una amplia red de estructuras tecnológicas, científicas y culturales que permitieron el surgimiento de un nuevo tejido empresarial más sólido y competitivo en una sociedad con mayores niveles de bienestar.
Ahora tenemos la misma capacidad de superación que teníamos entonces y además contamos con ventajas adicionales: tenemos un sistema de innovación perfectamente estructurado para generar conocimiento y capacidades, y para traducirlos en resultados reales. Recientemente se ha aprobado el traspaso de competencias de I+D+i a Euskadi, lo que significa que podemos asumir las funciones de ordenación, planificación, promoción y fomento de la I+D+I, además de elaborar, aprobar, ejecutar y controlar los programas de I+D+I y coordinar las actividades que se realicen en el ámbito territorial vasco. Esta transferencia supone una minoración del cupo que se traduce en un importante incremento presupuestario para dedicar a la I+D+i. Tenemos por tanto la capacidad, la competencia y los recursos. Podemos hacerlo.
3. ¡y vamos a hacerlo!
Si queremos hacerlo y además podemos, hagámoslo. Apostemos por las empresas vascas como elemento central del sistema y como tractor del cambio de todo el país. Expertos como Eli Opper, responsable de gestionar la política de I+D de Israel, aconsejan centrar los esfuerzos en unos pocos sectores clave, tal y como hemos hecho en Euskadi con nanociencias, biociencias, energía y electrónica para transporte inteligente. Sólo focalizando los esfuerzos y los recursos posibilitaremos que el sistema refuerce las capacidades tecnológicas, científicas y humanas en estas áreas y las empresas puedan diversificar su actividad hacia nichos más productivos.   
La I+D+i no es una moda. No es un gasto lujoso para los tiempos de bonanza. La I+D+i es la solución del problema. Si permitimos que las empresas abandonen la apuesta por la innovación para centrarse en técnicas de supervivencia a corto plazo, perderemos todo lo que hemos conseguido y pondremos en grave peligro al tejido empresarial de este país.
Con una visión de futuro sólida y un compromiso firme por parte de todos, reforzaremos la apuesta por la innovación como instrumento de competitividad y borraremos por fin la fea sonrisa pintada de esta crisis.

Maquiavélicamente innovadora



Un oficial británico de la Royal Navy le dijo una vez al marino y corsario francés Barón Robert Surcouf: «En el fondo, lo que nos distingue a nosotros Británicos de ustedes los Franceses, es que nosotros nos batimos por el honor y ustedes se baten por el dinero…». «Es verdad, – le contestó él – cada uno lucha por lo que le falta»
Y es que, se luche por lo que se luche, lo importante de verdad es planificar la batalla. Evaluar bien todas las posibilidades. Y ganar. Ya lo decía Maquiavelo: «El príncipe de los aqueos, tenía entre otros méritos el de que, en los tiempos de paz, no pensaba sino en las cosas que incumben a la guerra, y cuando iba de paseo por la campaña con amigos, a menudo se detenía y discurría así: si el enemigo estuviese en aquella colina y nosotros aquí con nuestro ejército, ¿de quién sería la ventaja?, ¿cómo podríamos ir a su encuentro conservando el orden?. Si quisiéramos retirarnos ¿cómo deberíamos proceder?, ¿y cómo los perseguiríamos si los que se retirasen fuesen ellos?. Y les proponía mientras caminaba todos los casos que pueden presentársele a un ejército, escuchaba sus opiniones, emitía la suya y la justificaba. Y gracias a este continuo razonar, nunca, mientras guió sus ejércitos pudo surgir accidente alguno para el que no tuviese remedio previsto».
«Príncipe» es una obra sobre política y estrategia escrita por Nicolás Maquiavelo para Lorenzo de Medici, que fue publicada por primera vez en 1532. Aunque está pensada para ilustrar la forma de gobernar, mantener y fortalecer un Estado del siglo XVI, ofrece una serie de lecciones muy útiles para una empresa del siglo XXI. Y no deja de ser curioso que los consejos que sirven para ganar guerras, sirvan también para gestionar empresas.
Antes de empezar su actividad, una empresa innovadora necesita, sobre todas las cosas, una estrategia bien definida, resultado de un proceso de reflexión en profundidad, en la que clarifique cuáles son sus retos y cuáles sus metas y su proyección de futuro. Y tiene que tener claros estos conceptos de forma que todas sus decisiones estén dirigidas a lograr los objetivos para los que ha sido creada.
Uno de los elementos clave de la estructura estratégica de la empresa es el conjunto de valores que definen la filosofía de actuación de la misma. Una empresa no es más (ni menos) que el conjunto de las personas que trabajan en ella. Por lo tanto, sus valores corporativos tienen estar orientados a obtener el mayor rendimiento posible de las habilidades y capacidades de todas y cada una de ellas. Cuanto más motivadas estén las personas y más sientan como suyo el proyecto, mejor será el resultado de su actividad y mayor el beneficio de la empresa en su conjunto. «Nunca sucedió que un príncipe desarmase a sus súbditos; por el contrario, los armó cada vez que los encontró desarmados. De este modo las armas del pueblo se convirtieron en las del príncipe». Y pocas situaciones hay más motivadoras que aquéllas que nos permiten desarrollar nuestra creatividad y todo el potencial en lo que mejor sabemos hacer: «El príncipe dará seguridades a los ciudadanos para que puedan dedicarse tranquilamente a sus profesiones, al comercio, a la agricultura y a cualquier otra actividad».
Un valor imprescindible sin el cual no tiene sentido hablar de una empresa innovadora del siglo XXI es el aprendizaje. Importa la formación. Pero importa mucho más la capacidad de aprender, de captar el conocimiento que no tenemos y que permite que nuestra actividad sea aún más eficiente de lo que es: «Esta es la conducta que debe observar un príncipe prudente: no permanecer inactivo nunca en tiempos de paz, sino por el contrario hacer acopio de enseñanzas para valerse de ellas en la adversidad, a fin de que, si la fortuna cambia, lo halle preparado para resistirle».
Fomentar el espíritu emprendedor y la innovación como valores en alza, más allá de que se hayan obtenido o no resultados positivos de la actividad emprendedora, tampoco es una idea que acabemos de inventarnos ahora. Maquiavelo define perfectamente los riesgos y dificultades de una actitud emprendedora. «Debe considerarse que no hay nada más difícil de emprender, ni más dudoso de hacer triunfar, ni más peligroso de manejar que el introducir nuevas leyes. El innovador se transforma en enemigo de todos los que se beneficiaban de las leyes antiguas, y no se granjea sino la amistad tibia de los que se beneficiarían con las nuevas, tibieza cuyo origen es por un lado el temor a los que tienen de su parte a la legislación antigua y por otro lado, la incredulidad de los hombres que nunca fían en las cosas nuevas hasta que ven sus frutos».
Sin embargo, a estas alturas todos tenemos asumido que para que una empresa sea innovadora no es suficiente con que integre en su filosofía los valores propios de la innovación; es necesario además que interiorice la acción de innovar dentro de su actividad, de forma que la innovación se convierta en un proceso sistemático dentro de la empresa. Uno de los elementos clave para que esto suceda es un sistema eficiente de vigilancia del entorno y de la propia situación interna de la empresa, que permita que la misma disponga de toda la información posible sobre sus propias necesidades y las tendencias que marcan la situación de su entorno. Porque únicamente anticipando los problemas es como la empresa tiene la oportunidad de capacitarse y prepararse para hacerles frente de forma eficaz. «Los males que nacen en el Estado cuando se los descubre a tiempo se los cura pronto; pero ya no tienen remedio cuando por no haberlos advertido, se los deja crecer hasta el punto de que todo el mundo los ve».
¿Y un instrumento eficaz de vigilancia? Pues en el siglo XVI Maquiavelo ya postulaba por el benchmarking. «El estudio presenta dos utilidades, primero se aprende a conocer la región donde se vive, después, en virtud del conocimiento de una comarca, se hace más fácil el conocimiento de otra donde sea necesario actuar porque las colinas, los valles, las llanuras, los ríos, tienen cierta similitud con los de las otras provincias, de manera que el conocimiento de los terrenos de una provincia sirve para el de las otras».
Si hay algo que define a una empresa innovadora del siglo XXI y la distingue de otras empresas es la forma en la que gestiona el conocimiento. No se puede hablar de conocimiento sin hablar de personas, porque es en ellas donde el conocimiento reside. Y el conocimiento se genera de dos formas: mediante la experiencia y a través de la nueva información. Una comunicación eficiente y fluida es por tanto un elemento imprescindible en la gestión de las nuevas empresas. «La primera opinión que se tiene del juicio de un príncipe se funda en los hombres que lo rodean y debe interrogarlos sobre todos los tópicos, escuchar sus opiniones. Y con estos consejeros comportarse de tal manera que nadie ignore que será tanto más estimado cuanto más libremente hable».
Sin embargo la información, el conocimiento no viven sólo dentro de nuestra empresa. Están ahí, a nuestro alrededor, en los agentes con los que nos cruzamos en el día a día o, peor aún, en los agentes con los que no tenemos oportunidad de conectar. Por eso las alianzas, la colaboración, son un elemento imprescindible para mejorar nuestra competitividad y reforzar nuestra posición en el mercado. «Un príncipe debe temer que lo ataquen las potencias extranjeras. De éstas se defenderá con buenas armas y buenas alianzas, y siempre tendrá buenas alianzas el que tenga buenas armas».
Las claves del presente están en el pasado, o ya no hay nada nuevo bajo el cielo. En todo caso casi todos los elementos mencionados en los manuales de gestión y recogidos en este artículo son un asunto de sentido común. Aunque a menudo este sea el menos común de los sentidos y, por lo tanto, nunca venga de más una repasadita.
¿Y si a pesar de todo lo anterior, nuestro proyecto empresarial no termina de despegar?. Pues ahora sí, un último y maquiavélico consejo:
«…quien engañe, encontrara siempre quien se deje engañar, todos verán lo que aparenta y pocos lo que es, y estos pocos no se atreverán a ponerse en contra de la mayoría…»