Hace casi exactamente 14 años escribí una guía para que los centros tecnológicos pudieran sobrevivir en aquella Gran Recesión que se llevó por delante parte de nuestra economía y muchos de nuestros principios de igualdad y de equidad social. Todavía faltaban más de 3 años de recesión (2014) y luego llegó la crisis de los refugiados (2015), TikTok (2016), el primer mandato de Trump (2017), el incendio de Notre Dame (2019), el Brexit (2020), una pandemia mundial (2020), el asalto al Capitolio (2021), ChatGPT (2022), la guerra de Ucrania (2022), la guerra de Israel (2023) y la vuelta de Trump a la Casa Blanca (2024).
Me da un poco de envidia la ligereza y la frescura con la que escribía entonces sin saber todo lo que nos iba a caer encima, pero me sienta bien ver que, 15 años después, las recomendaciones siguen siendo pertinentes. Los centros tecnológicos (RTOs) son mucho más que proveedores de tecnología, y sus capacidades los convierten en un agente principal para que las empresas puedan emprender las transiciones digital y verde. La Universidad de Deusto me acaba de ofrecer la oportunidad de publicar un artículo titulado «Más allá de la tecnología: el papel de los RTO en las grandes transiciones sociales«, donde he tratado de identificar cuáles son esas capacidades que podemos aportar y cómo podemos hacerlo.

¿Más que un proveedor de tecnología?
Como su nombre indica, una transición es el camino que lleva de un estado inicial a otro estado final deseado. Ni la transición verde, ni la digital ni la social suceden sin encontrarse con numerosas barreras en el camino: barreras tecnológicas, de conocimiento, de falta de infraestructuras, barreras políticas, de procedimientos y/o regulatorias, barreras económicas y de mercado y barreras vinculadas a la aceptación social.
La buena noticia es que los RTO pueden ayudar a derribar algunas de estas barreras, por ejemplo ayudando a que los agentes del ecosistema en general y las empresas en particular entiendan mejor las tecnologías y las oportunidades que estas tecnologías traen consigo. Esto se llama mejorar la capacidad de absorción, y se puede hacer transfiriendo conocimiento a través de la divulgación (como este artículo) o transfiriendo personas desde los centros al resto del ecosistema. Además, los RTO pueden ofrecer soluciones concretas a retos sociales combinando conocimiento que incluya varias tecnologías diferentes y conocimiento no tecnológico. También es importante el papel de los RTO como gestores de las infraestructuras tecnológicas necesarias para que las empresas industriales puedan testear, escalar y sacar al mercado soluciones complejas en entornos inciertos. Y, finalmente, no podemos olvidar el papel de los RTO como asesor de las políticas públicas en el desarrollo e implantación de soluciones necesarias para que las transiciones sucedan, en el diseño de soluciones a las necesidades de la ciudadanía, y también en el diseño de soluciones de evaluación y control de mecanismos de política pública para que las acciones que se tomen tengan impacto real.
Para desarrollar estos roles, los RTO cuentan con recursos y con capacidades específicas. Cuando hablamos de recursos pensamos en recursos físicos como infraestructuras tecnológicas, espacios de experimentación, OITBs, TEFs y similares, recursos financieros y recursos inmateriales como el conocimiento o la capacidad relacional. Cuando pensamos en capacidades, se trata por ejemplo de aquellas de naturaleza analítica, operativas o de coordinación.
El artículo ofrece también una relación entre las necesidades específicas de las transiciones y el papel que los RTO pueden jugar frente a ellas, y deja la puerta abierta a diseñar estrategias de actuación concretas que permitan amplificar el impacto de la actividad de los RTO en las transiciones medioambiental, digital y social.


