Lecciones del pasado para construir un país de futuro.

Vannebar Bush.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el presidente Roosevelt dio luz verde a la creación de una oficina de investigación científica y tecnológica encargada de desarrollar soluciones que permitiera inclinar la balanza de la guerra hacia el lado de los Aliados. Puso en la dirección a un científico, Vannevar Bush, e hizo que la oficina dependiera directamente de presidencia, sin intermediarios. A pesar de las reticencias de los militares y de las críticas hacia los «investigadores de laboratorio», bajo la dirección de Bush se desarrolló el radar y proyectos como Manhattan, que, sin duda alguna, tuvieron un papel determinante en el desenlace de la guerra. Al finalizar esta y fallecer el presidente Roosevelt, Vannevar Bush escribió un informe para el nuevo presidente, Truman, explicando la importancia que tenía la ciencia y la tecnología en tiempos de paz para apoyar el crecimiento económico y para incrementar el bienestar de su país.

El informe de Vannevar se tituló «Science: the endless frontier» y aunque lo escribió también un mes de julio, pero de hace 74 años, muchos de sus consejos siguen siendo muy valiosos hoy, que estamos a las puertas de ver una Estrategia Española de Ciencia, Tecnología e Innovación 2021-2027. ¿Qué podemos aprender del pasado para construir el futuro de España?

Science can be effective in the national welfare only as a member of a team, whether the conditions be peace or war. But without scientific progress, no amount of achievement in other directions can ensure our health, prosperity and security as a nation in the modern world.

España es uno de los países europeos que más ha reducido su inversión en I+D en los últimos años, y por si fuera poco, de cada 2 euros presupuestados, 1 no se ejecuta. Hacer trampas con esto igual nos deja las cifras del déficit preciosas, pero en breve nos va a llevar a la precariedad y a la ruina. Si no asumimos esto, todo lo demás es papel mojado. La única forma de generar conocimiento que luego pueda ser la base de productos innovadores con la marca España es apostar por la I+D en serio, de forma continuada y sin hacernos trampas al solitario. Sin ciencia no hay futuro. Ninguno. Nunca.

In 1939 millions of people were employed in industries which did not even exist at the close of the last war (…). New manufacturing industries can be started and many older industries strengthened and expanded if we continue to apply new knowledge to practical purposes.

Las empresas no asumen el conocimiento por ciencia infusa. Necesitan capacidad de absorción y un entorno favorable donde puedan probar, equivocarse y volver a intentarlo sin que se les caiga el mundo encima. Cuando uno está pensando en pagar a tiempo las nóminas y las facturas de los proveedores, no tiene el cuerpo para experimentos. El esfuerzo empresarial en I+D en España cae sin parar desde el año 2008, con una inversión que no llega ni a la mitad de la media de UE-28 y un nivel de ejecución también muy por debajo de la media. Y además, las que se baten el cobre son las pequeñas, las que más arriesgan y las que más tienen que perder.

Para involucrar a las empresas españolas con la I+D es imprescindible activar políticas de demanda desde lo público. Instrumentos como la compra pública de soluciones innovadoras y cambios en el marco regulatorio que aseguren la protección de la propiedad, la agilidad de los trámites y la flexibilidad en la operativa de las PYMEs son algunas opciones que permitirán tener una demanda más receptiva al conocimiento científico-tecnológico y más dispuesta a seguir dejándose la piel para hacer país.

Government initiative and support for the development of newly discovered therapeutic materials and methods can reduce the time required to bring the benefits to the public.

Bush conocía muy bien el concepto de misión. Manhattan es una de las primeras misiones tal y como las conocemos hoy. España necesita definir respuestas a los grandes retos sociales que tendrá que enfrentar en los próximos años: envejecimiento, inmigración, cambio climático, protección del ecosistema marino, desigualdades sociales…y estas respuestas serán complejas, multidisciplinares y con multitud de agentes implicados. Las misiones son una oportunidad para España. Dotar de direccionalidad a la política de ciencia, tecnología e innovación permitirá además solucionar algunas de las debilidades estructurales del sistema de innovación español, creando espacios donde las empresas tengan que colaborar y donde los agentes del sistema de innovación trabajen conjuntamente.

The training of a scientists is a long and expensive process (…). There are talented individuals in every part of the population but with a few exceptions, those without the means of buying higher education go without it.

Un tercio de los trabajadores y trabajadoras en España tienen un nivel educativo bajo, y existen más personas con educación superior que puestos de trabajo que requieran de esas capacidades. Ambas ineficiencias apuntan a una polarización peligrosa del mercado laboral que, además, no será capaz de cubrir las necesidades reales ni de la oferta científica ni de la demanda empresarial. Para identificar las necesidades educativas – tecnológicas y no tecnológicas- y formar a los perfiles necesarios será necesario un trabajo en colaboración entre el sistema educativo, la formación profesional, la formación universitaria, los agentes de la oferta tecnológica y la empresa. Y esto, que parece tan obvio, implica un ejercicio de colaboración y de generosidad política importante y necesaria.

Después del repaso que nos ha dado el Índice Europeo de Innovación, tenemos una nueva oportunidad de oro para establecer una dirección clara, y seguirla. Y es que a veces, para encontrar respuestas a las preguntas del futuro, es bueno tener en cuenta las lecciones que aprendimos ayer.

Del índice regional de innovación a los proyectos de país.

– ¿Podrías decirme, por favor, qué camino tengo que seguir para salir de aquí?

– Eso depende del sitio a dónde quieras llegar -dijo el gato.

– No me importa el sitio -contestó Alicia.

– Entonces no importa mucho el camino que tomes -respondió el gato.

-…siempre que llegue a alguna parte -añadió Alicia a modo de explicación.

– Siempre llegarás a alguna parte si caminas lo suficiente.

(Alicia en el país de las maravillas. L. Carrol. 1865)

Los índices europeo y regional de innovación acaban de ver la luz. Estos indicadores son importantes porque sabemos que casi dos tercios del crecimiento económico de Europa en los últimos años pueden explicarse gracias a la innovación. Los resultados apuntan a que Europa mejora de manera visible su perfil innovador, hasta el punto de dejar atrás a los poderosos Estados Unidos, aunque sigue perdiendo posiciones frente a otros gigantes domo Japón, Corea del sur y China. Bajando la lupa hasta el nivel regional, el podium está en manos de Suiza, con dos de sus regiones -Zürich y Ticino- a la cabeza del ranking de innovación. En este punto encontramos la primera evidencia: Europa se mueve, y se mueve rápido; de las 238 regiones estudiadas, 159 han mejorado su perfil innovador en los últimos 10 años.

El País Vasco ha mejorado su perfil innovador un 8.8% desde los resultados de 2011, pero a pesar de todo, ha dejado de estar en grupo de las regiones fuertemente innovadoras para pasar al grupo de las moderadas. Aunque muchas y muchos ya lo estábamos avanzado desde que en la edición de 2017 nuestro país se situara en la frontera de las regiones por encima del 90% de la media europea (91.4%) , no por esperado deja de ser menos decepcionante. El 79.8% de esta edición no deja lugar a dudas: hemos abandonado las posiciones de cabeza en el índice para unirnos al pelotón.

Regional Innovation Scoreboard 2019. Source: European Commission.

¿Qué ha pasado?

El País Vasco cae de la posición 110 a la 132, arrastrado por las caídas en los indicadores de patentes, colaboración entre PYMEs innovadoras, productos y procesos innovadores, publicaciones público-privadas, inversión en I+D (privada y pública) y en el número de PYMEs innovadoras.

En relación a Europa tenemos debilidades claras en aplicación de diseños, patentes y marcas y en la generación de innovación en cualquiera de sus modalidades (proceso, producto, mercado y organización), así como en el número de PYMEs que innovan y en la inversión pública en I+D. Respecto a la edición anterior del indicador (RIS2017) hemos perdido posiciones en cuanto a publicaciones citadas, PYMEs innovadoras y colaboración entre PYMEs.

Estamos, eso sí, entre las mejores 40 regiones en cuanto a la cantidad de población con educación terciaria, en educación continua a lo largo de la vida y en venta de innovación como porcentaje del volumen de negocio de las PYMEs.

Perfil del País Vasco en relación a Europa (azul) y a España (naranja) en el RIS2019 y en el RIS2017. Fuente: Comisión Europea.

¿Es el índice regional de innovación el faro que debemos seguir?

Aunque los resultados acaban de salir, ya he comenzado a leer los «ya os lo dije» y los «esto se veía venir«. Pero es importante que antes de hablar, pensemos. Hay muchos y conocidos puntos de mejora en el perfil innovador del País Vasco, por lo tanto, está claro que tenemos margen de mejora y una responsabilidad con la ciudadanía actual y la futura. Sin embargo, los índices de innovación no tiene por qué marcar nuestra ruta. Si invirtiéramos un esfuerzo importante en formar a más personas, o incrementáramos de manera sustancial la inversión en I+D pública, mejoraríamos seguro nuestra posición dentro del ranking. Pero, ¿esto garantiza mejores resultados? No. No los garantiza en absoluto. Un incremento en los recursos no garantiza que mejoremos la productividad del sistema y que obtengamos más riqueza y más bienestar. Necesitamos mejorar nuestro nivel de eficiencia y de productividad; necesitamos mejorar el proceso de convertir los recursos en resultados, y esto no tiene un reflejo inmediato en el índice de innovación. Si convertimos el indicador en un objetivo final nos estamos equivocando. Los indicadores NO son objetivos finales. Son una señal de que caminamos, pero no son una garantía de que hemos elegido el buen camino.

Y ahora, ¿qué hacemos?

Lo que tenemos que hacer es elegir el camino. Como ya he comentado en ocasiones anteriores, definir una política de innovación orientada a los resultados y a la especialización inteligente es necesario pero no es suficiente. Es necesario definir una política orientada a impacto. Los grandes proyectos de país, liderados entre el gobierno y el sector empresarial serán los que nos impulsen en el camino de la competitividad. Los grandes proyectos de país serán los que nos lleven a una mayor colaboración entre empresas, a ser un país de producto propio, a salir de la carrera de ratas de los indicadores aislados.

Hace unos años, cuando los datos del informe PISA nos sacaron los colores, un amigo cercano que conoce muy bien el sistema vasco de innovación me dijo una frase que está resultando ser peligrosamente cercana a la verdad: «lo que nos ha pasado con la educación nos pasará en breve con la innovación. Es el resultado de querer vivir de las rentas«. Yo no me atrevo a decir que vivimos de las rentas porque eso sería despreciar el trabajo y el esfuerzo de las miles de personas que se esfuerzan día a día para construir país desde las empresas y desde el gobierno, pero sí que creo (y lo he dicho) que nos estamos durmiendo en los laureles, que estamos olvidando lo que fuimos y la responsabilidad que tenemos con el futuro. Como le pasa al Conejo Banco del cuento de Carrol, para mantener nuestras posiciones de bienestar y de calidad de vida, toca correr.

Construyendo el futuro de Euskadi: de las auzolanak a las misiones

En Amézaga de Zuya (Álava), los vecinos se reúnen al menos una vez al año para trabajar en tareas que tienen que ver con el pueblo: se desbrozan algunas zonas, se monta una parrilla detrás del txoko, se pintan paredes, se habilitan zonas de juego para niños y niñas.

A cambio de este esfuerzo no hay ningún tipo de compensación, más allá de disfrutar de la cercanía de los demás y de reforzar el orgullo de pertenecer al pueblo. En casa le llamamos a eso ir a la vereda. Es una tradición tan profundamente arraigada en la sociedad rural vasca que hasta tiene una palabra propia en euskera: auzolan (trabajo vecinal). 

Con los países pasa un poco como con los hijos, que a veces estás tan ocupada dándoles lo que tú no tuviste, que se te olvida darles todo lo bueno que tuviste. Estamos tan ocupados pensando en todo lo que tenemos que cambiar, que se nos olvida lo que tenemos que conservar. La sociedad vasca es una sociedad que lleva la colaboración en su ADN. No solo los auzolanak, también el modelo cooperativista es una parte importante de nuestra historia, y la política de clústers, que se implantó hace más de treinta años y sigue siendo un caso de éxito que se estudia en las mejores universidades del mundo.

Somos un país que sabe jugar en equipo, y estamos de suerte porque la colaboración es uno de los factores claves de éxito del futuro. Cuando Einstein presentó su teoría de la relatividad en 1916, la ciencia se hacía en grupos pequeños y poco conectados. La primera fotografía de un agujero negro tomada en el 2019, y que vino a confirmar esa teoría, se logró con el trabajo conjunto de investigadores de más de cuarenta países.

La ciencia y la tecnología ya no son actividades aislada. Europa lo sabe y por eso, ha apostado por una política orientada a misiones. Y eso es algo que, a nosotros en Euskadi, nos abre una ventana enorme de oportunidades. ¿Por qué? Porque llevar a Euskadi a un modelo energético sostenible, desarrollar soluciones para la movilidad eléctrica, mejorar la calidad de vida de la ciudadanía vasca, digitalizar nuestras empresas, o cambiar el modelo de utilización de los materiales en nuestros procesos productivos nos hará más innovadores, nos llevará a crear nuevas empresas con nuevos modelos de negocio, nos ayudará a crear nuevos y mejores trabajos, nos posicionará como proveedores globales de soluciones tecnológicas. En definitiva, nos hará más fuertes, nos hará mejores.

Además, las misiones son el nuevo contrato social. En una época de efervescencia científica y de negacionismo científico, las personas se emocionan contemplando la primera foto de un agujero negro, pero acuden a las redes sociales en busca de terapias alternativas contra el cáncer y se niegan a vacunar a sus hijos. Es más importante que nunca que todos y todas entendamos que la respuesta a lo que nos preocupa está en la ciencia. Cuanto más apoyo reciba la ciencia por parte de la sociedad, más probabilidades tendremos de sostener nuestras apuestas en el tiempo y de encontrar soluciones a los retos globales.

A veces hacemos autocrítica y decimos que en este país somos muy conservadores, que no somos curiosos, que no nos gusta el riesgo. Pero no es verdad. Somos el país de Fausto y Juan José Elhuyar, de Joaquín María de Eguía, de Manuel Ignacio de Altuna, de Xabier María de Munibe. Somos el país de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, del Real Seminario de Bergara. Somos el país que a principios de los años 80, con una industria hundida y dos terceras partes de los trabajadores sin formación fue capaz de diseñar e implantar una reconversión industrial que nos ha llevado a ser un foco de alta innovación con uno de los ratios más altos de Europa en población con formación superior. Hemos sido curiosos. Y audaces. Y sabemos asumir riesgos inteligentes.

Asumir riesgos inteligentes no implica no equivocarse nunca. Nos vamos a equivocar. Siempre se pone la misión Apolo como un ejemplo de éxito, pero al pensar en ella todo el mundo tiene en mente el Apolo 11, que fue la misión tripulada que aterrizó con éxito en la Luna.

En realidad, la primera misión del proyecto fue un terrible fracaso, que terminó con la vida de toda la tripulación y con una cápsula calcinada que nunca llegó a despegar. Hicieron falta veinte meses de investigación para entender los errores cometidos, y más de dos años de trabajo exhaustivo hasta que llegó el éxito. Equivocarse no es fracasar; fracasar es conformarse, no hacer nada. Fracasar es pensar que ya estamos bien y que es mejor no tocar nada.

Dentro de unos años habrá en Euskadi varios premios Nobel, nuestros investigadores habrán contribuido a entender mejor el Alzheimer, la depresión y el cáncer. Dentro de unos años las empresas vascas serán un centro de peregrinación de empresarios de todo el mundo que vendrán a estudiar nuestro modelo de industria 4.0. Dentro de unos años, nuestros hijos trabajarán en las mejores universidades y centros de investigación del mundo… y al salir se tomarán una cerveza en Pozas, en la Virgen Blanca o en la Parte Vieja de Donosti.

Y será gracias a que hoy sabemos quiénes fuimos, y a que no tenemos miedo de imaginar todo lo que podremos ser.

Nota: este artículo fue inicialmente publicado en el blog de TECNALIA.

Asamblea General de Innobasque 2019

Esta semana he tenido el enorme placer de formar parte de la mesa redonda que la Agencia Vasca de Innovación – Innobasque ha organizado para celebrar su Asamblea General anual. He compartido reflexiones sobre el futuro de Euskadi en un contexto marcado por la dualidad China – EEUU, con el profesor Rafael Yuste, de la Universidad de Columbia, con Lourdes Moreno, CEO de Bolueta Engineering y con José María Luzarraga, confundador de la Team Academy de Grupo Mondragon.

He publicado un pequeño artículo en el blog de Tecnalia con algunas de las ideas que compartí durante el evento. Mientras tanto, os dejo un resumen:

Euskadi: demasiado grandes para ser pequeños.

«Si crees que eres demasiado pequeño para ser relevante es porque nunca has pasado la noche en la cama con un mosquito.»

Cuando le preguntas a una niña qué quiere ser de mayor, las respuestas suelen ser variadas, divertidas y sorprendentes: «quiero ser cuidadora de dragones, y voy a tener muchos», «voy a ser astronauta repartidor de pizzas a los alienígenas», «voy a ser bombero-policía-motorista». Las respuestas son de lo más variopintas, pero todas tienen algo en común: no hay ninguna respuesta del estilo «quiero vivir tumbado en el sofá sin que nadie sepa que existo». Cuando somos pequeños, nos imaginamos que de mayores seremos relevantes, seremos importantes, y haremos cosas que el resto de la gente (o en su caso, los alienígenas) apreciarán y valorarán.

Natalia no pasea a su bebé los días en los que el detector de aire dice que la calidad es «mejorable». Le da miedo porque el niño es pequeño. Mi vecina María Luisa, sin embargo, es mayor, y lo que le da miedo es vivir sola. También viven solos en Euba, en una casa de acogida de la Diputación, los chavales que esperan el autobús todas las mañanas en Zornotza para ir a estudiar a Bilbao. No conozco sus nombres, pero tienen el mismo color que Ibrahim y Mikel, dos de los amigos de mi hijo mayor, que además tiene una amiga, Ane, que es una niña con pitilín. Es que los tiempos cambian, también en la empresa de Lourdes, que tiene que innovar continuamente para que los chinos no se la coman viva. Como hizo el cáncer con mi amiga Yoli hace unos meses, y para siempre.

Los agentes del sistema vasco de innovación estamos preparados para entrar todas las mañanas por la puerta del trabajo y sentarnos a pensar cómo ayudamos a las personas de arriba. Para que en Euskadi en el 2030 se reduzca la emisión de gases de efecto invernadero en un 50%. Y el desempleo juvenil hasta el 10%. Y para que el 50% de nuestras PYMEs sean innovadoras en producto. Y que también sea 50% el porcentaje de energía que usemos que provenga de fuentes renovables. Queremos luchar contra el cambio climático, queremos contribuir a curar enfermedades que se llevan cada año a miles de personas. Queremos dar soluciones de autonomía y dependencia a las personas que lo necesiten. Queremos crear un país donde todos seamos tratados igual y todos tengamos las mismas oportunidades. Queremos una misión.

Somos pequeños -me decís-, no podemos hacer todo eso nosotros solos.

De una situación en los años 80 con la industria hundida, con unas tasas de paro estratosféricas, con más del 30% de la población activa sin estudios o con estudios básicos, sin universidad, con un entorno social y político marcado por la violencia, hemos pasado a un escenario en el 2019 donde somos de una de las regiones de Europa de alta innovación y con mayor porcentaje de población con estudios superiores, con un peso de la industria sobre el VAB de casi el 22%, con una estabilidad social y política envidiables y con un sistema de innovación maduro, integrado, funcional y eficiente.

No fuimos demasiado pequeños para crear un sistema científico-tecnológico de la nada. No fuimos demasiado pequeños para reconvertir toda nuestra industria en los 80. No fuimos demasiado pequeños para ser excelentes en calidad. No fuimos demasiado pequeños para ser líderes en innovación. Nunca fuimos pequeños para exigir una sociedad donde se viva en paz. ¿Vamos a ser pequeños ahora, cuando es más importante que nunca decidir cómo hacer que la ciencia y la tecnología tengan impacto económico (sí) pero también social y medioambiental?

Suiza es el país más competitivo del mundo. Y también el más innovador. Tiene 8.4 millones de habitantes.

Israel es el país líder en el mundo en la creación e impulso de empresas innovadoras, y ostenta el ratio de inversión en I+D sobre PIB más alto del mundo. Tiene 8.6 millones de habitantes.

Dinamarca está reconocida como la economía digital más avanzada de Europa. Tiene 5.7 millones de habitantes

Nueva Zelanda acaba de anunciar sus primeros presupuestos basados en el bienestar. Está dispuesto a medir su éxito como país en la medida en que sus ciudadanos gocen de altos niveles de bienestar y calidad de vida. Tiene 4.7 millones de habitantes.

Estonia es la sociedad digital más avanzada de Europa. Su misión E-Estonia comenzó hace más de 20 años, y a día de hoy continúa con la totalidad de los servicios dirigidos a la ciudadanía completamente digitalizados (educación, salud, fiscalidad, finanzas, justicia…). Desde 2012 tiene implantado un sistema de ciberseguridad basado en blockchain, y es tan bueno que la OTAN ha establecido en Tallin su sede de protección. Estonia tiene 1.3 millones de habitantes.

Suiza, Dinamarca, Israel, Nueva Zelanda y Estonia son pequeños. Pero eso no les ha impedido ser ambiciosos, tener visión, ser líderes. No les ha impedido responder a los grandes retos y desarrollar soluciones que les han posicionado en el mapa global.

No hay nada en Euskadi que nos impida posicionarnos y buscar soluciones a nuestros retos. No hay nada que nos impida abrirnos y colaborar entre nosotros y fuera de nuestras fronteras, para desarrollar soluciones que solos no podemos hacer. Hasta los más pequeños tienen sueños y quieren ser relevantes. Nuestro problema no es la falta de tamaño. Hagamos que tampoco sea la falta de ambición.