El día de ser un tipo responsable. Cuando ser un malote sale caro.

Cuando pienso en un malote me viene a la mente un tipo de higiene dudosa, vaqueros apretados, malos hábitos y una moto. No me preguntéis por qué. Debe ser alguna herencia de pasar tantos años en un colegio de monjas. El caso es que en 2018, cuando el presidente Trump empezó a tontear con los aranceles al acero y al aluminio, Europa decidió responder gravando algunos productos de esos que el imaginario común europeo identifica con el malote medio estadounidense: las Harley Davidson, el Bourbon y los Levi’s. Así que de la noche a la mañana, y sin verlo venir, nuestro malote europeo de vida disoluta pasó a tener la cuenta corriente en números rojos.

Imagen generada con ChatGPT

El tema podría tener su gracia si no fuera porque la historia se repite y, si no reaccionamos rápido, el tipo de arriba no va a ser el único en teñir de rojo sus cuentas. Hoy nos desayunamos con la noticia de que el gobierno de los Estados Unidos desempolva la vieja arma arancelaria y la lanza contra sus principales socios comerciales, incluida la vieja Europa, en un ejercicio de victimismo «nuestro país ha sido saqueado y violado» y de nacionalismo de barra de bar «hoy es el día de la liberación» que nos deja atónitos y despierta al adormecido fantasma de la recesión económica. Nadie está a salvo.

¿Qué va a pasar si los aranceles se hacen efectivos?

Las consecuencias indirectas de estos aranceles son todavía una incógnita, pero sí que sabemos que para España un arancel de los Estados Unidos al acero y al aluminio va a ser un golpe significativo, teniendo en cuenta que somos uno de los principales países exportadores. Por otro lado, si, como se espera, Europa reacciona con contramedidas, dependiendo de dónde se coloquen los aranceles de respuesta algunos sectores, como el ganadero, podrían ver cómo sus importaciones de cereales americanos se encarecen y, con ello, el pienso de los animales y el precio de los productos finales. También existe la opción de responder con otros instrumentos como limitar la entrada de empresas financieras estadounidenses en los mercados europeos o limitar el acceso de cualquier empresa estadounidense a los contratos públicos de Europa.

En cualquier caso, ya sea reduciendo márgenes o bien trasladando el incremento de precios al consumidor final, el impacto sobre la industria europea y española puede ser significativo, especialmente en las zonas donde la industria tiene un peso mayor sobre el total de la economía, como es el caso del País Vasco.

¿Qué podemos hacer los centros tecnológicos para ayudar?

Ya hemos hablado de que el papel de los centros tecnológicos va mucho más allá de generar tecnología. Desde los centros tecnológicos en Europa y en España podemos contribuir de varias maneras:

  1. Asesorando al gobierno en la creación y puesta en marcha de instrumentos fiscales financieros y normativos. En una primera fase, el gobierno puede proteger a las empresas que exportan producto a los Estados Unidos poniendo en marcha diferentes mecanismos que les permitan paliar el impacto, como reducciones fiscales o subvenciones para la diversificación o para el incremento de valor tecnológico de sus productos, lo que probablemente necesitaría de una nueva reflexión sobre los límites que Europa impone a las ayudas de estado para las empresas.
  2. Asesorando a las empresas en la búsqueda de nuevos mercados. En estos días ya se ha mencionado la oportunidad que puede suponer para Europa la exploración de nuevos mercados con los que realizar transacciones comerciales de productos y servicios. El mismo presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, mencionaba hoy mismo a México, India o el bloque Mercosur como posibles aliados a explorar, pero también son interesantes otros países como Canadá o los asiáticos. También existe un campo importante para asesorar a las empresas sobre los requisitos normativos si deciden entrar en nuevos mercados. Tenemos ejemplos exitosos de empresas, como Siemens, que han hecho del problema una oportunidad y han diversificado su mercado como respuesta a la crisis con un resultado exitoso.
  3. Generando soluciones tecnológicas diferenciales e innovadoras. Haciendo lo que mejor sabemos hacer: generar productos cuyo valor no reside en el precio sino en su utilidad y en los problemas que resuelve.

Cualquiera de las opciones anteriores, especialmente la de generar productos y servicios diferenciales, refuerza la necesidad de que Europa y España apuesten de manera firme por la I+D+i como herramienta de negociación. Es precisamente en estos momentos cuando resulta más claro que la única forma en la que podemos ser relevantes en el escenario internacional es teniendo la sartén por el mango en cuanto a desarrollos tecnológicos y productos innovadores.

Las experiencias anteriores de guerras comerciales nos enseñan que estas suelen empezar con pérdidas para todas las partes que, de forma temporal, algunos terceros pueden verse beneficiados y que, en general, es importante tener alianzas potentes y mantener abiertas vías de negociación o acuerdos que permitan aliviar la situación y reaccionar en caso de efectos negativos imprevistos. Pero sobre todo, es un doloroso recordatorio de que, si no tenemos una industria potente y no tenemos soberanía tecnológica (ambas van de la mano) cualquier «elefante» nos puede destrozar la cacharrería en cualquier momento y venir a recordarnos que nuestro estado de bienestar no es, ni de lejos, una realidad inalterable que podamos dar por segura.

Deja un comentario